- ¿Ha surgido en algún momento una preocupación en torno al gasto corriente que tendrá Tabakalera?
- Es obvio que sí. El alcalde ha liderado también una reflexión interna y discreta entre las instituciones para que repensemos y profundicemos en lo que a futuro va a ser un centro de primer orden para la creación, bien liderado y dirigido por Joxean Muñoz, pero que tiene muchos metros, que va a consumir mucho gasto público y que hay que hacerlo de forma racional. A diferencia de otros proyectos, Tabakalera ha merecido mucho debate, mucha reflexión y mucha polémica, pero al final se ha visto que no ha sido en vano porque da lugar a un proyecto bien contrastado, por cierto, a diferencia de lo sucedido con otros proyectos como el Guggeneheim de Urdaibai, un artefacto artificial, con poco aterrizaje en el tejido cultural del País y con unos costes desorbitados. Aún así, para que Tabakalera sea sostenible en el tiempo tiene que haber una toma en consideración muy seria sobre los costes que va a acarrear. Y en eso estamos porque no queremos pillarnos los dedos y somos muy conscientes de que estas apuestas hay que hacerlas desde la responsabilidad.
- En cualquier caso, siempre se ha contemplado la posibilidad de que Tabakalera genere también sus propios ingresos.
- Sí, ante todo, debe ser un centro para la creación enfocado a alimentar la industria cultural vasca. No tiene ningún sentido que ese proceso de creación esté desligado de la industria. No se trata del arte por el arte, sino de la cultura con mensaje y con algún propósito. Ese cometido tiene que estar dirigido y en permanente conexión con la industria.
- ¿Contempla la posibilidad de que la obra no concluya para 2013, tal y como está previsto?
- Los proyectos culturales son de tal ambición que deberíamos entender que, en un momento determinado, puedan tener algún vaivén. La obra va a comenzar este año pero es compleja y el proyecto de contenidos también lo es porque hay que hacer confluir determinados servicios. Además está por medio el debate sobre las bibliotecas en la ciudad, la mediateca, el Koldo Mitxelena... Hay todo un trabajo silencioso de las instituciones para que el resultado sea ordenado, bien planificado y pensado, que no solamente redunde en una Tabakalera con unos servicios y una visión clara de públicos y creadores, sino que todo lo que toque quede en un papel razonable, bien sea el KM, la Unidad de Cine de Donostia Kultura o la red de bibliotecas municipales. No me pongo en esa tesitura, pero es verdad que los proyectos son de una complejidad extrema y, por lo tanto, un año arriba, un año abajo no deben suponer un drama.