El embalse de Urkulu lleva treinta años saciando la sed de agua, de ocio y de naturaleza de los debagoiendarras. La 'fuente' de la que beben cien mil habitantes del valle del Deba comenzó a manar en 1980 suministrando «agua bruta clorada» a Aretxabaleta.
José Antonio Rojo, jefe de organización de Aguas de Gipuzkoa para el Alto Deba, estaba ya en su puesto cuando el lehendakari Garaikoetxea inauguró el 'pantano' atxabaltarra treinta años atrás.
Obviamente, la calidad del agua de Urkulu ha experimentado una mejoría sustancial durante sus tres décadas de vida.
Muy lejos quedan los tiempos en que no había forma de evitar que la turbidez llegara hasta los grifos domésticos, y el barro y otras partículas como el manganeso arruinaban coladas y estropeaban lavadoras para desesperación de amos y amas de casa. «Pero al menos había agua corriente en casa también durante el verano» recalcaba Rojo. Porque, más o menos turbia, el agua era un bien sometido a restricciones durante el estío, cuando se secaban los manantiales de toda la vida. Encima, estos se estaban quedando pequeños para satisfacer la creciente demanda de unas poblaciones en plena expansión demográfica por efecto del desarrollo industrial y la inmigración de los años 60 y 70.
Es en este contexto donde nace el proyecto del embalsar agua de la regata de Urkulu, que procedente de Andarto-txiki, desciende por el desfiladero que discurre por entre los montes Kurtzebarri y Orkatzategi.
El Ministerio de Obras Públicas aprobaba el 26 de agosto de 1975 la adjudicación de la construcción de la presa de Urkulu por 238.831.326 pesetas (1,44 millones de euros al cambio).
Al cabo de tres años de obras, el llenado del embalse -iniciado en 1978 y culminado en 1980- brindaba por primera vez la estampa de un 'lago alpino' rodeado de cumbres rocosas y bordeado por una campiña salpicada por las anteiglesias de Arientza, Korueta, Azatza o Larrino.
A los ojos de aquellos atxabaltarras de hace 30 años, aunque para disgusto de los baserritarras que perdieron sus caseríos bajo el agua, se extendía una lámina de 80 hectáreas y con una profundidad máxima de 48 metros.
En total, diez millones de metros cúbicos de agua apresada para dar de beber al Alto Deba. Un dique con una longitud en su coronamiento es de 198 metros y que se eleva 48 metros sobre el cauce del río, contiene todo este volumen de agua interrumpiendo su salida natural hacia Zubillaga (Oñati).
El embalse que actualmente abastece de agua a todas las localidades desde Eskoriatza hasta Eibar se ha consolidado además como uno de los principales activos turístico-naturalísticos de la comarca.
La carretera de 6,8 kilómetros que circunda al 'pantano' se ha convertido en un itinerario tan concurrido como didáctico para observar la riqueza faunística y ornitológica que se ha desarrollado al amparo de este humedal construido por el hombre.
Planta potabilizadora
José Antonio Rojo es el jefe de organización de la planta potabilizadora que garantiza la calidad y la cantidad del suministro de agua del que dependen 100.000 personas. Él controla el 'grifo' del que bebe prácticamente todo el valle del Deba (Eskoriatza, Aretxabaleta, Arrasate, Oñati, Bergara, Elgeta, Soraluze y Eibar). Cinco operarios a las órdenes de Rojo se encargan de mantener en funcionamiento durante 24 horas al día y 7 días a la semana la Estación de Tratamiento de Agua Potable de Urkulu. Es el lugar en el que se potabiliza el agua procedente del embalse antes de que «50 kilómetros de conducciones la distribuyan a los respectivos depósitos municipales». La red de tuberías de abastecimiento de agua se multiplica a partir de ahí de forma exponencial para llegar a todos los barrios y calles de cada localidad, en un trama subterránea de dimensiones difíciles de calcular.
Su tarea es hacer llegar a cada municipio los ocho millones de metros cúbicos que se consumen anualmente en el valle. Para ello dispone de una capacidad de tratamiento de hasta 500 litros por segundo. Este volumen es posible gracias a las obras de ampliación realizadas en 1995, que permitieron duplicar la capacidad máxima limitada hasta entonces a 250 litros por segundo.
240 litros/segundo
Rojo explicaba que la «potabilización media durante 2009 se situó en 240 litros por segundo».
Las estadísticas manejadas por el responsable de Urkulu arrojan un consumo de 200 a 230 litros por persona y año durante el pasado ejercicio.
Rojo advertía que estos datos no son totalmente reales «porque incluyen también el consumo industrial». Pero en cualquier caso, revelan curiosidades como la de que los eskoitzarras son los que más agua consumen, con un registro medio de 350 litros por persona y año. En el otro extremo se sitúan los plaentxiarras, los más austeros con un consumo cifrado en 150 litros por habitante.
Estos consumos comprenden, además de los usos domésticos e ndustriales, la limpieza viaria y riego de jardinería.
Desde 1983
La planta potabilizadora de la cual es responsable José Antonio Rojo no inició su labor hasta pasados tres años desde la inauguración del embalse. Durante este periodo y hasta la puesta en marcha de la estación piloto en 1983, los atxabaltarras siguieron consumiendo «agua bruta clorada» con su turbidez y componentes. «La única decantación era la que se producía de forma natural durante el tiempo que el agua permanecía embalsada».
Coincidiendo con la entrada en servicio de la potabilizadora piloto se incorporó a la red de abastecimiento la vecina Arrasate. Tres años más tarde y con la progresiva incorporación de las restantes localidades de la comarca, se inauguraba la actual estación depuradora.
Un laberinto de estanques y piscinas situado a los pies del dique y guardado por estrictas medidas de seguridad -una barrera perimetral de infrarrojos, entre otras- para proteger la 'fuente' de la que bebe casi todo el valle.
La planta potabilizadora de Urkulu tiene el cometido de eliminar el barro, la arena, los restos vegetales, metales, microorganismos (bacterias, virus...) que pueden contener las aguas embalsadas. Y todo ellos a un ritmo de más de doscientos litros por segundo.
Analíticas diarias así como la toma de muestras varias veces a la semana tanto en la planta como en los municipios, velan por la seguridad y calidad del agua que el Consorcio de Aguas de Gipuzkoa gestiona en el embalse de Urkulu. El director de explotación del consorcio, Josetxo Saizar, explicaba que es responsabilidad de esta empresa pública asegurar el abastecimiento de «agua en cantidad y calidad» a sus abonados.
Del agua del embalse atxabaltarra aseguraba Saizar que es «buena de origen, pero a lo largo de los últimos diez años estamos observando algunas afecciones sobre la calidad de la misma». Saizar atribuye su origen «a la actividad agropecuaria que se desarolla en la zona de Larrino».
Definía el saneamiento de Larrino como una «asignatura pendiente», porque en su opinión, aunque todos esos vertidos «se depuran completamente en la estación potabilizadora», el «problema habría que tratarlo en su origen».