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Un pelotón de sufridores cada vez más numeroso

CICLOTURISMO

Un pelotón de sufridores cada vez más numeroso

Gipuzkoa cuenta con 3.500 cicloturistas con licencia federativa. El número de inscritos en las marchas sigue creciendo y la oferta es cada vez más amplia

03.02.10 - 02:38 -
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«Ser ciclista tiene poco que ver con que hagas de ello tu profesión. Ser ciclista es encontrar la armonía entre tú, tu bicicleta y todo lo que rodea a ambos». La cita goza de la credibilidad de quien ostenta la doble condición de filósofo y ciclista. Pedro Horrillo apunta con su reflexión hacia la esencia del cicloturismo, la versión más popular y cosmopolita del mundo de la bici.
Se refería a esa cautivadora contradicción que conquista nuestras cunetas los domingos. Sufrimiento placentero. Enfermedad saludable. Hablamos de la modalidad que canaliza la afición multitudinaria a los pedales y las ruedas. Un campo, sin verjas de nivel ni edad, por el que corren aspiraciones y retos personales o pasean, sin prisas, anhelos de recreo y diversión.
Gipuzkoa se pinta de amarillo en el mapa del cicloturismo. Líder absoluto. La proporción entre licencias federativas y número de habitantes le sitúa al frente de la clasificación. En 2009 decidieron federarse 3.300 amantes de la bicicleta. Termómetro de la pasión por un deporte arraigado en la zona. Fiebre por la bici. Este año la federación espera recibir unas 3.500 solicitudes de inscripción, más que en Bizkaia y Araba juntos. El paro y los EREs están incrementando la lista, según los clubes cicloturistas.
Más marchas, menos temor
Alejandro Eguiluz, responsable del cicloturismo en la Federación Guipuzcoana de Ciclismo, ha visto crecer el fenómeno: «Recuerdo que hace veinte años andábamos sobre las mil licencias. Influyó el hecho de que hubiera una serie de muertos en la carretera y la gente tenía miedo. Ahora, además de que la práctica del cicloturismo está en auge, lo del temor al tráfico se ha disipado con la organización de tantas marchas».
El hobby ha encontrado en ellas un encaje bien estructurado y regulado. «Llamamos a los clubes que organizan salidas y establecemos un calendario de marchas, que son las que constituyen la Challenge. Una semana después de cada prueba obtenemos los datos de participación y al final de temporada hacemos una pequeña celebración. Hasta ahora organizábamos una comida, pero el pasado mes de noviembre montamos una entrega de premios, con trofeos y txapelas».
La próxima edición contará con diez pruebas, dos de ellas nuevas: «El año pasado se estrenó Urretxu con un gran nivel de organización y esta temporada incorporamos al calendario a Bergara e Irun. No es tan fácil mover tanta gente, con motos, coches, cruces cubiertos, avituallamiento, megafonía... y los precios más bajos en la inscripción, que oscila entre los 12 y los 16 euros», explica Eguiluz.
La 'Quebranta', un clásico
Sin embargo, el gusanillo que pedalea en el interior de tanto guipuzcoano se queda sin calendario y empuja a traspasar fronteras. Lo lleva haciendo durante los últimos años por toda la geografía del país y empieza a visitar monumentos internacionales con toques de mito.
La Miguel Indurain, con salida y llegada en Bera, ha supuesto para la mayoría el primer paso de la expansión. La Larra-Larrau o el Irati-Xtrem también se han popularizado en las grupetas domingueras. Pero ha sido la Quebrantahuesos la prueba que ha atraído mayor número de cicloturistas. En la pasada edición, ganada por el lazkaotarra Ángel Vázquez, se apuntaron a la epopeya 1.500 guipuzcoanos, el 20,21% de la participación global.
La cita aragonesa pertenece al 'ProTour cicloturista', el UCI Golden Bike. Una cordillera de siete cumbres que se elevan sobre el resto de pruebas internacionales por su nivel de organización y su atractivo turístico.
El Cape Argus Pick and Pay Cycle Tour surafricano abre el circuito el 14 de marzo. El Tour de Flandes en abril y el Gran Fondo Internazionale Felice Gimondi en mayo preceden al desafío de Sabiñánigo. El Cyclosportive l'Ariégeoise vestirá los encantos pirenaicos del Tour de Francia una semana antes del inicio de la ronda gala. El Gruyère Cycling Tourse convierte en un tren de vagones escalonados cruzando el verde bucólico de Suiza a finales de agosto. Y la última aventura del ambicioso programa, el Wattyl Lake Taupo Cylcle Challenge, bordea el lago más extenso de Nueva Zelanda, el Taupo.
Flandes, un mito
De entre todas las pruebas internacionales una empieza a conquistar al cicloturista vasco que quiere explorar nuevos horizontes: el Tour de Flandes. El mito cuenta con versión cicloturista, la víspera del gran día de guardar en el ciclismo flamenco. 19.000 participantes entre las siete marchas programadas: cuatro de BTT y tres cicloturistas. Una de ellas, de 250 kilómetros, idéntica a la carrera profesional. Entre ocho y diez horas de heroísmo y felicidad que incluye la convulsión física y emocional del muro de Kapelmuur. Este año toca el 3 de abril. Plena Semana Santa. De procesión.
El portavoz de cinco azkoitiarras que vivieron la experiencia en 2008, Jon Larrañaga, sentencia firmemente que «es la mejor prueba en la que hemos estado. Hay un mundo de gente y la organización lo borda. Los avituallamientos, por ejemplo, se ponen a cubierto y una red de motos guía a los distintos grupos de muro en muro».
Disfrutar o competir
La cita belga constituyó un ejemplo a seguir a la hora de organizar pruebas. Jon Larrañaga es uno de los responsables del Jokin Ormaetxea Zikloturista Taldea, que cada dos semanas tiene programada una salida. «De cicloturismo, sin alfombras ni chips», enfatiza Larrañaga. «Creo que se está perdiendo ese espíritu y las marchas se están convirtiendo en competiciones, sobre todo a raíz del fenómeno de la Quebrantahuesos. Nosotros comulgamos más con pruebas como la Irati Xtrem, donde se va en grupeta, disfrutando y sin prisas».
Desde la acepción más agresiva del fenómeno, Mikel Azparren, cicloturista militante y combativo, aboga por «normalizar la disciplina ciclodeportiva, como ocurre en Francia, para los que queremos dar rienda suelta a la vena competitiva que nos late por dentro». Explica que «desde el momento que hay un chip que te marca el tiempo y un trofeo que premia tu rendimiento, hay poco de cicloturismo» y no oculta que «sufro a muerte cuando ando en bici».
Considera que «se trata de llevar un hobby al extremo. Es una vía de escape y una manera de soltar adrenalina ante este ritmo de vida en el que la ansiedad nos lleva a veces a perder la perspectiva». Se marca un plan de trabajo con «volumen y gimnasio durante el invierno y entrenamientos de más calidad a partir de primavera». Todo, para «sacar lo mejor de mí en un día».
En lo que coincide con Jon Larrañaga es en la autoinculpación como consumidor de una 'droga'. No son los mismos sin ella. Sin el placer de pedalear al aire libre.
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Un pelotón de sufridores cada vez más numeroso

Alta participación. Las marchas cicloturistas forman verdaderas serpientes multicolor, como ésta de Donostia. :: MICHELENA

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