«Tolosa sufrió un terrible asedio durante la segunda guerra carlista, entre 1873 y 1874»

Imagen de a la segunda guerra carlista en relación a Tolosa que se recogen en la publicación que se presenta la próxima semana./DV
Imagen de a la segunda guerra carlista en relación a Tolosa que se recogen en la publicación que se presenta la próxima semana. / DV

José Antonio Recondo presenta el próximo jueves su libro sobre la guerra carlista en Tolosa y en Donostia

JUANMA GOÑITOLOSA.

José Antonio Recondo saca a la luz el resultado de su ardua y apasionante labor investigadora sobre la segunda guerra carlista en Tolosa y en Donostia. Este médico y escritor ya ha publicado varios libros históricos que hacen referencia a Tolosa -muy destacados los de la Guerra de la Indepencia, la historia de la medicina o el camino real de Tolosa a Pamplona-. Ahora, en su última publicación, Recondo aporta mucha información inédita y desgrana, de una manera pormenorizada y exhaustiva, cómo fue la segunda contienda carlista en Tolosa y en Donostia.

El libro es el resultado de años de trabajo, de recopilación de datos en archivos y bibliotecas locales, nacionales y extranjeras, así como una investigación de campo por los escenarios bélicos. El autor ha intentado reconstruir los acontecimientos cotejando fuentes de ambos bandos y actuando de forma desapasionada, dejando a un lado las posibles afinidades.

Título del libro
'La 2ª Guerra Carlista en Gipuzkoa (1872-1876) Tolosa y San Sebastián, modelos contrapuestos'.
Autor
José Antonio Recondo Bravo.
Presentación
Jueves 10 mayo, 19.30h, salón de Plenos.
Ponentes
José Antonio Recondo, Olatz Peón, Mikel Alberdi (Zumalakarregi museoa), Emilio Latorre (Andia Kultur Elkartea).
Lunch
En el Casino, una vez finalizado el acto. El precio del libro es de 30 euros, pero se podrá adquirir ese día por 25 euros.

Son varias las motivaciones que le han inducido a escribir este libro. Una de ellas es de índole personal y sentimental, ya que uno de sus bisabuelos jugó un papel relevante como cabecilla carlista en los acontecimientos que desembocaron en la guerra. También dice tener razones de carácter general, que se refieren a que las guerras carlistas «han contribuido de forma decisiva -dice-, al desarrollo de nuestra identidad vasca como pueblo». En este sentido, comenta que el concierto económico, pilar en que se basa el actual autogobierno vasco, «es en realidad el último resto que queda del antiguo sistema foral que estuvo vigente durante al menos medio milenio».

Tolosa sufrió un gran asedio entre 1873 y 1874. El libro lo repasa con profundidad. La villa, defendida por unos 400 voluntarios de la libertad y 300 militares, padeció mucho. Los carlistas llegaron a apoderarse de la estación del tren, el hospital misericordia de Arramele y los barrios de Monteskue e Izaskun. «Al no contar con la suficiente artillería y munición, idearon un plan de bloqueo total para rendir la villa por hambre», cuenta el escritor.

Una impenetrable red de trincheras y parapetos colocados a ambos lados de la carretera a la altura de Zizurkil y Amasa obstaculizaba el paso a los auxilios que llegaban desde San Sebastián. «La ocupación de Tolosa por los carlistas se prolongó durante dos años. Los ocupantes carlistas cometieron bastantes desaguisados. La guerra supuso un serio contratiempo para su actividad industrial y comercial de la villa», cuenta Recondo. Dice, además, que la mayoría de los industriales eran de ideas liberales y tuvieron que ausentarse del pueblo durante los dos años de ocupación carlista. Perseguidos con saña por las nuevas autoridades, muchos de sus bienes fueron embargados. «En algunos casos, las máquinas eran trituradas para ser vendidas como chatarra. Algunas fábricas desaparecieron y muchas quedaron descapitalizadas».

Cuenta el autor que ha tenido la fortuna de topar con las memorias inéditas de Juan José Recondo Mujica, que acompañó a su padre, el cabecilla José María Recondo Aguirre, en las dos sublevaciones fallidas que tuvieron lugar en Gipuzkoa con anterioridad al estallido de la guerra, y en las que su bisabuelo jugó un papel importante como cabecilla carlista en Tolosaldea y Goierri. En las dos intentonas, Recondo contó con la ayuda del cura Santa Cruz.

Además, un capítulo del libro está dedicado a Don Carlos y su corte en Tolosa. Recondo huye de la imagen edulcorada y mítica del pretendiente. «Fue un ser humano con sus virtudes y sus defectos», apunta el autor, que describe la figura de Don Carlos como «un mozo alto, guapo y de gran prestancia. Era valiente y le gustaba estar cerca de sus soldados en los combates. Pero también atesoraba defectos. Era impulsivo y un tanto superficial», cuenta Recondo, para quien el pretendiente «se dejaba influir demasiado por las opiniones de sus palaciegos, cuya único quehacer era adular y murmurar». Y relata, como anécdota, que sus profundas creencias religiosas y su apego a las ceremonias religiosas de gran tradición en Tolosa no fueron obstáculo para que tuviera algun lance amoroso extraconyugal durante su estancia en el pueblo.

Con la toma de los pueblos guipuzcoanos por los carlistas, Donostia fue el baluarte liberal de Gipuzkoa. Los voluntarios que habían emigrado de los pueblos ocupados se integraron en la milicia donostiarra. Se contó con un total de 2.000 voluntarios. El batallón de Tolosa lo componían 450 hombres bajo el mando de Leandro Lasquibar Arza. Los vecinos fueron obligados a alojar en sus casas a civiles y soldados. Los tolosarras emigrados -unos 2000- tuvieron su propio ayuntamiento. El ayuntamiento donostiarra se negó en redondo a hacerse cargo de la manutención y vestido de esta milicia.

En Tolosa, mientras que en el casco urbano predominaban los vecinos de ideología liberal, en los barrios periféricos y caseríos la inmensa mayoría de los habitantes abrazaron el carlismo. «La totalidad del clero, incluyendo a los seis presbíteros y el párroco, cuenta Recondo, tuvo un comportamiento rabiosamente carlista. La mayoría de los propietarios de casas y tierras se posicionaron en el bando carlista. Pero casi todos los industriales, y una gran parte de los profesionales libres, se alinearon en el bando liberal.

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