El monte Uzturre recupera sus baños

Imágenes del campo de trabajo para recuperar los baños de Uzturre, junto a una infografía instalada en la zona que recrea cómo pudieron ser en su día. / IÑIGO ROYO
Imágenes del campo de trabajo para recuperar los baños de Uzturre, junto a una infografía instalada en la zona que recrea cómo pudieron ser en su día. / IÑIGO ROYO

Catorce jóvenes de diferentes comunidades trabajan este verano para su recuperación

JUANMA GOÑI TOLOSA.

El monte Uzturre, tan emblemático para los tolosarras, atesora vestigios de una época pasada que se quiere ahora recuperar. En un solitario lugar situado a 500 metros del antiguo hospital sanatorio que se ubicaba a las faldas de la montaña -y cuyos restos son visitables-, los residentes en este hospital disponían de un espacio excepcional para el descanso. Un lugar en el que unas pozas naturales servían -a modo de jacuzzis-, para disfrutar de un baño solitario, silencioso, casi mágico.

El Ayuntamiento quiere volver a abrir a un uso público estas pozas de agua. A lo largo de todo este mes de julio, catorce jóvenes procedentes de diferentes comunidades autónomas del Estado participan en un campo de trabajo que está permitiendo recuperar la infraestructura que después se completará tras el verano. Acompañados de dos trabajadores y cuatro monitores, los jóvenes coinciden en estar participando de «una experiencia única».

Elena, de Murcia (20 años), no dudó en apuntarse a este campo de trabajo. «Me atraía venir al norte, ver este paisaje extraordinario tan diferente al de mi tierra y al mismo tiempo ayudar a reconstruir cosas que después pueden servir para el uso de la gente». A Raúl, de Toledo (23 años), le atrae el trabajo de voluntariado y la complicidad que se crea en los campos de trabajo. «Conoces gente, hacer algo útil, viajas de otra manera, conoces nuevos lugares», asegura.

Todos los jóvenes duermen en el colegio Samaniego. Trabajan en Uzturre durante las mañanas, y ya por la tardes llevan a cabo diferentes actividades dinamizadas por los monitores y también aprovechan para conocer Euskadi. Han visitado, por ahora, Tolosa, San Sebastián, Mundaka, Gernika, y San Juan de Gaztelugatxe, entre otros lugares.

El descubrimiento de las antiguas pozas ha sido algo casi casual. Hace aproximadamente dos años, el Ayuntamiento se encontraba trabajando con un plano del año 1966 del terreno de la zona, cuando de pronto, los técnicos vieron que el documento indicaba que en esta parcela existieron unos «baños» a 500 metros del edificio del antiguo hospital Misericordia. Este concepto, sin embargo, llamó la atención del equipo de trabajo, que comenzó a inspeccionar este camino que se encontraba oculto, una búsqueda que concluyó sin éxito, ya que la zona estaba cerrada y llena de maleza.

Posteriormente, el grupo de espeleología de Amarozko Mendi Elkartea -quienes anteriormente analizaron y cartografiaron las cuevas del parque Elósegui- encontraron los baños: las piedras donde se formaba el pozo y una cascada. Un lugar realmente curioso y bonito que el consistorio ha acondicionado, ha limpiado las especies invasoras de la zona, y abierto el camino, donde se han realizado por primera vez visitas guiadas.

El acceso fue acondicionado el año pasado, pero desde el consistorio indican que «todavía hay mucho trabajo por hacer». Por esta razón, esta vez, el campo de trabajo, que está liderado por la psicóloga Beatriz Urresti, está llevando a cabo labores de limpieza y acondicionamiento de la zona y de reparación de las pozas. Tras el verano, los técnicos realizarán los trabajo de canalización del agua y finalmente, se definirán los senderos.

Subir a Uzturre desde el barrio de Santa Lucía permite ascender a la montaña más emblemática de Tolosa haciendo además paradas que nos acercan a la geología y la historia del lugar. El Ayuntamiento lleva ya bastante tiempo recuperando la zona, desde la pasada legislatura, tanto en su aspecto forestal como en el relativo a sus elementos históricos.

Este recorrido encierra verdadero tesoros, como el viejo sanatorio o la torre de telégrafos, de 1846, cuyas características se explican de manera convincente en sendos paneles. La historia del primero es apasionante. En un documento del año 1868 en el que se recogen las funciones del edificio, se menciona la necesidad de hacer frente a las enfermedades de la época. Se atendía, sobre todo, a los pacientes con enfermedades pulmonares. Y muchos de ellos se bañaban en estas pozas que ahora se están recuperando.

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