Mónica Hernández: «Omán es un país lleno de contrastes, bello, ostentoso, moderno y atrasado»

Mónica Hernández contará hoy cómo fue su viaje a Omán./
Mónica Hernández contará hoy cómo fue su viaje a Omán.
Mónica Hernández, periodista y viajera

Contará esta tarde en las Jornadas Amalur (Topic, 19.30), como fue su experiencia de viajar sola por Omán, en pleno verano

JUANMA GOÑITOLOSA.

Periodista de 'Comando Actualidad' y viajera impenitente, dice que sin rumbos ni mapas, Mónica Hernández contará hoy en el Topic, dentro de las Jornadas Amalur del CIT, cómo fue su experiencia de recorrer Omán, uno de los sultanatos más enigmáticos de la tierra, bajo el calor sofocante del verano. Un país lleno de contrastes, donde no están realmente acostumbradas a ver mujeres blancas viajeras. «Fue una experiencia fascinante, cada día me pasaba algo», nos cuenta desde el otro lado del teléfono.

-¿Por qué eligió Omán como destino y por qué en verano?

-Yo normalmente viajo en octubre, pero en esa ocasión no tuve más remedio que adelantar el viaje por temas laborales. Omán siempre me había atraído, me parecía una especie de 'no lugar'. No sabes si existe o no, es como si estuviera emplazado entre la fantasía y la realidad, algo parecido a Troya. Así que me animé. Leí el libro 'Los árabes del mar', de Jordi Esteva, y me lancé.

-¿Cómo fue el viaje hasta llegar allí?

-Tomé un autobús desde Dubai, uno de los Emiratos Árabes, y atravesé el desierto para llegar a Mascate, la capital de Omán, que sigue siendo uno de los sultanatos más enigmáticos del planeta. El calor era sofocante, hasta 53 grados, imagínate. Pero estaba allí, en un lugar que no sabes si ni existe, como te decía antes. Al llegar piensas si realmente querías ir o no, porque en el fondo no quieres romper el mito.

-¿Y en este caso se rompió, o era tal y como lo había imaginado?

-Superó mis expectativas con creces. Era todo tan desconocido que resultaba fascinante. Yo era una extraña para la gente del país, porque no están acostumbrados a ver occidentales y mucho menos a una mujer viajando sola. Cada día me pasaba algo reseñable.

-¿Y no le condicionó el hecho demoverse en una zona donde no están acostumbrados a ver mujeres europeas viajando solas?

-No me condicionó para nada. Pero está claro que tienes que seguir unas normas de sentido común. Por ejemplo, ir vestida 'anti lujuria', nada de ropa apretada ni escotes, sino pantalones anchos, no ir maquillada y sí con el pelo recogido; no mirar a los hombres a los ojos... Cuando me montaba en un taxi y el conductor me preguntaba si viajaba sola, le decía que me estaba esperando mi marido, y a veces incluso finjía una llamada de mi 'supuesto' marido, porque nunca sabes quién te está escuchando.

-Leyendo su blog, se llega a la conclusión de que Omán es un país moderno pero atrasado a la vez...

-Sí, así es. Es un país que ha evolucionado en muchas cosas, pero en otras no. Te encuentras, por ejemplo, la mezquita más grande del mundo, modernas carreteras y coches espectaculares, pero no existe apenas transporte público. La comida deja mucho que desear. Las mujeres apenas se dejan ver en la vida pública. No existe mucha infraestructura turística porque nadie va allí, sobre todo el turismo independiente. Por eso, los hoteles son muy caros. Se ve mucho lujo de este aparente que trae la riqueza repentina: rotondas ostentosas, megalomanía, dorados por todos los lados... pero también te encuentras con muchos mendigos. La riqueza derivada del petróleo no llega a todos por igual.

«Viajando percibes que los seres humanos estamos unidos por cosas troncales»

«En los bares y restaurantes los hombres se me acercaban sin malicia»

-¿Vivió alguna situación de riesgo?

-No es un país peligroso para nada. Están tan poco acostumbrados a ver mujeres blancas solas, que en cuanto entraba en bares y restaurantes, todos se callaban y se me quedaban mirando. Y siempre se me acababa acercando un hombre interesándose por mi situación. En otros países saldría corriendo, pero aquí enseguida intuía que no había peligro, que no tenían malicia. Y todos se ofrecían a ayudarme, incluso a llevarme a los sitios en sus coches. Al final accedía siempre, porque al no existir un transporte público normalizado es muy difícil viajar. Y gracias a estos hombres conocí muchos lugares increíbles a los que de otra manera no habría podido llegar. Me llevaban a los oasis, a los zocos y esperaban a que terminara mi visita... Fue increíble

-¿El calor no le afectó a la hora de visitar los diferentes lugares?

-No es un país para visitar en verano, eso está claro. El calor condiciona mucho. La gente sale a la calle a las seis de la mañana y regresa para las doce. Y ya no vuelve a salir hasta las siete de la tarde. Existen muchos centros comerciales con aires acondicionados fortísimos, pero es un país estéticamente bello.

-¿Tiene muchas riquezas naturales?

-Es un país montañoso pero árido, y cuenta con muchas zonas con oasis. Hay unas playas increíbles, que ellos no usan como nosotros, no tienen esa 'cultura de playa'... Y yo no pude ir a las playas públicas a refrescarme, porque la gente se te queda mirando si estás en bikini o en traje de baño y es feo hacerlo cuando ellas van tapadas de arriba a abajo... Por eso a veces tenía que ir a playas privadas o a las playas que ellos llaman familiares.

-¿Su trabajo en 'Comando Actualidad' le sirve para desenvolverse mejor en sus viajes?

-Sí. Como periodistas, nuestro afán, lo que nos mueve, es vivir nuestra vida a través de las historias de los demás. Poder descubrir buenas historias para poder contarlas. Y poder hacerlo a nuestra manera. También por mi trabajo en 'Comando' estoy acostumbrada a desenvolverme rápidamente en circunstancias adversas, a resolver las situaciones rápidamente, a quitarte miedos y tonterías, a salir de los atolladeros como puedes...

-¿Qué es lo que más ha aprendido de su experiencia viajera?

-Sobre todo, comprobar que lo que nos une a todos los seres humanos es mucho más grande que lo que nos separa. Que aunque nosotros no lo sepamos ver, estamos unidos por cosas troncales: la supervivencia, la necesidad del cariño, el sufrimiento, la emoción , la necesidad de ser felices, el miedo a la inseguridad... Todo esto lo tenemos en común. Y lo que nos separan son cosas circunstanciales, que no van a ningún sitio, como pueden ser el color de la piel, el idioma, las creencias... Y yo, cuando he empezado a ver todo esto en mis viajes, me doy cuenta de que tengo mucho que ver con un señor de Mali, con una señora de Oman, con un niño de Indonesia... Y cuando te ves reflejada en los otros, te preguntas por qué tienen que existir realmente las naciones, las fronteras y las banderas.

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