'El frente del miedo' llega a Aranburu

Andoni Lubaki, en el palacio Aranburu. / IÑIGO ROYO
Andoni Lubaki, en el palacio Aranburu. / IÑIGO ROYO

Magnífica exposición de imágenes en blanco y negro del reportero gráfico Andoni Lubaki sobre la guerra en Aleppo

JUANMA GOÑI TOLOSA.

Andoni Lubaki (Urretxu, 1982), dice no sentir la adrenalina adictiva que se le presupone a todo reportero de guerra. «Cada vez me apetece menos ir al frente. Quizás porque me voy haciendo mayor, pero también detecto que se está convirtiendo en una profesión elitista; hay mucho hijo de papá con poca ética», comenta con descarnada sinceridad.

Andoni es noticia porque su magnífica exposición 'Aleppo al frente del miedo' puede verse en el palacio Aranburu hasta el 20 de octubre. La muestra incluye potentes imágenes en blanco y negro sobre la guerra en esa ciudad siria, que revelan no tanto la crudeza bélica -de hecho, apenas se ven cadáveres- como las escenas más cotidianas del conflicto, las consecuencias visibles de la contienda en la población de una ciudad destrozada. «Yo estuve en invierno de 2013 y ahora todo está mucho peor. Pero lo recuerdo con dureza. La gente lo pasaba muy mal. No había luz, no había comida y el frío era intenso. Los que tenían dinero pudieron escapar, los demás se quedaron».

En la muestra aparecen retratadas personas que lo perdieron todo momentos antes de que Andoni disparara su cámara. ¿Cómo logra abstrarse de esta situación? «Claro que me afecta el horror, pero yo siento que sólo soy un mensajero, un profesional, no soy el culpable de las guerras. Mi labor es importante para dejar un testimonio de lo que está sucediendo», enfatiza. Y continúa su relato: «Si yo puedo ayudar en una situación concreta, dejo la cámara, la fotografía es secundaria en estos casos. Pero si se ha consumado el horror, creo que es importante que quede constancia gráfica, y aquí la foto tiene valor». Y concluye: «si a mi me mataran, me gustaría que alguien pudiera constalarlo, retratarlo». Lubaki se siente un profesional, aunque lamenta que a veces no puede controlar lo que hacen con sus fotos: «un pie de foto te cambia todo, por ejemplo», dice.

El fotógrafo urretxuarra lleva sólo seis años en el periodismo de guerra, pero en este periodo de tiempo ha cubierto ya varios conflictos (Birmania, Irak, Libia, Mauritania, Argelia...). Sus fotos se pueden ver en las publicaciones de 'Newsweek', 'New York Times', 'Wall Street Journal', 'The Guardian' y 'Der Spiegel'. Colabora con varias agencias y ha ganado varios premios, entre ellos, uno por este trabajo realizado en Aleppo que puede verse estos días en Tolosa.

Andoni detecta que el facebook y las redes sociales han trivializado la profesión, la han convertido en un «escaparate de egos». Lamenta que algunos de sus colegas hayan obtenido reconocimientos internaciones por instantáneas «de hijos muertos que eran llevados en brazos por sus padres mientros estos rogaban que no retratáramos el momento». «Fue en Aleppo, yo estaba allí, lo vi, me indigné». Y recuerda cómo otros retrataban a soldados ucranianos humillados por sus captores. «Me negué a participar en ese circo», dice. Y concluye: «Esta profesión está mal pagada; por eso vienen a los conflictos muchas personas que tienen posibilidades económicas y a quienes el dinero no les importa demasiado. Los demás tenemos que vivir de muchos otros trabajos. En mi caso la fotografía bélica ocupa una parte muy reducida de toda mi labor profesional».

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