Continúa el proyecto Tolosa-Belgrado

Imagen del pórtico de la iglesia San Francisco repleto de sacos de ropa donada por la gente. /  IÑIGO ROYO
Imagen del pórtico de la iglesia San Francisco repleto de sacos de ropa donada por la gente. / IÑIGO ROYO

Los miembros del grupo promotor harán un diagnóstico de necesidades para buscar una solución a los 12.000 kilógramos de ropa recaudados

ELENE ARANDIA TOLOSA.

Imágenes como ésta pasarán a la historia. En el sentido literal de la palabra, la solidaridad desbordó el pórtico de la iglesia San Francisco en la iniciativa 'Tolosa-Belgrado' iniciada por varios tolosarras hace menos de un año.

El pasado mes de febrero, los miembros del proyecto realizaron una valoración de su experiencia mostrando sobre la mesa los datos y las fotografías que resumen la estancia de una semana y media en la capital serbia. Desde la última clasificación exhaustiva y el inventario de ropa que se realizó en un pabellón cuyo espacio donó un voluntario han pasado seis meses, y el martes se volvieron a reunir en Bidaiariaren Txokoa en torno a la charla 'Morir y vivir a las puertas de Europa: relato de un éxodo' que ofreció el periodista y experto en conflicto internacional Dani Burgui, con el objetivo de dar seguimiento al proyecto y decidir cómo distribuir la ayuda recibida por la ciudadanía.

Los voluntarios pusieron su foco de atención en Belgrado, y encaminaron el tráiler de ropa al país para ayudar a la asociación Refugee Aid Serbia con el reparto. Aunque no pudieron acceder a los campos oficiales del país, la situación finalmente les llevó por otro camino no menos dificultoso, asentamientos ilegales que se generaron y que ya han desaparecido -los refugiados se han dispersado a los países vecinos-. En estos espacios aseguraron la supervivencia de cientos de jóvenes refugiados, con la participación y financiación de la iniciativa 'No-Name Kitchen', una cocina itinerante donde sirvieron cenas a los refugiados.

De nuevo, en marcha

De los 25.000 euros recaudados y veinticuatro mil kilógramos de ropa recogidos en el pórtico de San Francisco, y que llegó desde distintos puntos del País Vasco, 10.000 se emplearon en el envío del tráile, gastos de viaje y otros que han surgido durante el seguimiento. Asimismo, han destinado 1.200 euros a un grupo de Salvamento Marítimo de Zarautz que centra su actividad a rescatar personas en el mar.

Sin embargo, aún quedan 12.000 kilógramos de ropa de abrigo y 8.000 euros, y a las puertas del invierno, el proyecto continuará su camino, hasta que, al menos, «se encamine la solidaridad obtenida».

Los miembros insisten en que por cada saco de cien kilógramos de ropa consiguieron recaudar cien euros, una buena noticia, ya que sin el dinero no hubiera sido posible materializarlo.

Tal y como publicamos en su día en el artículo posterior a la valoración realizada por Tolosa-Belgrado, el coste del envío de un tráiler hasta el país es de 4.500 euros. «Nos quedamos desbordados. Quedarse excasos no es bueno, pero desbordarnos tampoco es mejor. Contamos con la tranquilidad de que además de recoger muchísima ropa recogimos mucho dinero. No debemos olvidar que llevar un camión de estas características tiene un coste y puede llegar a ser un problema», cuenta Josu Iztueta.

La situación de los refugiados sigue siendo «crítica», dicen desde el grupo promotor, «pero es cambiante» y esperan dar una respuesta eficiente, repartiendo lo recaudado en lugares donde haya necesidad, esta vez no en formato de tráiler, quizás en una furgoneta. Para ello, durante las próximas dos semanas, los miembros han acordado analizar la situación y realizar un dignóstico o «mapa» de necesidades.

Tras ese primer paso, prevén realizar una segunda clasificación exhaustiva de tres días para el que volverán a pedir la ayuda de la ciudadanía para realizar turnos. «Esta clasificación tiene que ser más práctica para el reparto; habrá que clasificar la ropa de abrigo según los colores, etc. y guardarla en cajas, por ejemplo», explica Josu. En este proceso, existe la posibilidad de realizar también un acto cultural de recaudación de dinero en invierno, donde la gente pueda comprar «simbólicamente» una prenda de abrigo para hacerle frente al frío.

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