Calor navideño para los transeúntes

Imágenes captadas esta semana en el Hogar del Transeúnte Abegi, que también celebrará de una manera especial la Navidad. / IÑIGO ROYO
Imágenes captadas esta semana en el Hogar del Transeúnte Abegi, que también celebrará de una manera especial la Navidad. / IÑIGO ROYO

En Abegi también habrá cena especial de Nochebuena, una excepción en la dura vida de los 'sin techo'

JUANMA GOÑI TOLOSA.

En Abegi hoy domingo habrá langostinos y cordero. Una excepcionalidad en la dura vida de los transeúntes. Un pedazo de la opulenta Navidad, que llegará esta noche al Hogar de la calle Emperador que acoge a los 'sin techo'. Y todo, gracias a la impagable labor de los voluntarios tolosarras, que intentan ofrecer calor humano a ciudadanos con vidas gélidas y castigadas, vidas sin perspectivas en la mayoría de los casos.

«Ayudar aquí es gratificante, y más en esta época», comenta María Jesús, una veterana voluntaria, quien advierte que el Hogar «necesita más colaboradores». «Ahora estaremos unas once personas, nos vamos turnando en esta labor». María Jesús comenta que pasar unas horas con los transeúntes «te hace ver la realidad y te pone en tu sitio». También señala que el problema «no es tanto la falta de comida, porque de una otra manera esta gente acaba alimentándose, el problema es que no tienen futuro».

Patxi, otro de los 'indispensables' de Abegi, apunta el dato de que en los últimos años se ha reducido mucho la llegada de gente vasca o de otras comunidades autónomas, y «que la mayoría ya es de procedencia extranjera». «Nuestra economía está más saneada, hay más ayudas sociales y lógicamente por eso vienen más personas de otros países», comenta. Esta semana, por ejemplo, el día que visitamos el Hogar, había siete marroquíes, un saharaui y un checo. Personas emigrantes como Barhim, peluquero en su país, y que aspira a ejercer su profesión en España, o El Houssain, que huyó del Rif marroquí, y que ahora aguarda «la ayuda de Dios». Nou Edolino, natural de Casablanca, conoce muchos hogares y asegura que el de Tolosa «es uno de los mejores. En otros sitios de Gipuzkoa nos tratan muy mal. Aquí la gente es muy maja y la comida casera, excelente».

«Este trabajo de voluntariado es gratificante y también te pone en su sitio»

El 96% de las personas que acuden a Abegi son hombres. Tanto Patxi como María Jesús aseguran que las mujeres «tienen muchos más recursos para salir adelante por sí mismas, sin depender tanto de las ayudas externas».

El Hogar del Transeúnte Abegi lleva ya 31 años atendiendo a las personas sin techo que, por una razón u otra, pasan por Tolosa. Tiene su origen en los grupos de postconfirmación de la parroquia Santa María, y hoy en día el trabajo lo organiza una asociación independiente de voluntarios y es subvencionado por la Diputación y el Ayuntamiento de Tolosa. Como servicios, ofrece nueve camas y dos sofás; desayuno, bocadillo, cena y ducha; una estancia máxima de ocho días con intervalos de tres meses. «Les acogemos, les escuchamos, les damos la cena... hay historias que te marcan», apunta María Jesús. «Aunque con el tiempo vas aprendiendo a cómo controlar las situaciones, nunca olvidas casos como el de aquel matrimonio de ancianos que se quedó en la calle de un día para otro, y que dormía en el coche. ¡Qué dignidad tenían!».

En estas fechas navideñas, Abegi también ofrece servicios especiales de cena. Hoy domingo, por ejemplo, habrá entrantes, langostinos, cordero y champagne. El lunes, los 'sin techo' podrán comer en el restaurante Bide Goxo, gracias a la implicación de sus responsables, Iñaki y Silvia. El primero cuenta que la comida suele ser «sencilla», pero la gente que viene «valora mucho el hecho de estar juntos, el calor del restaurante, la conversación... todo eso». En Nochevieja también habrá cena 'diferente', ya en Abegi, y en Reyes no faltará algún regalito.

Los transeúntes con los que hablamos coinciden en su apreciación de que «dormir en un albergue ayuda, pero no es vida, lo que queremos es trabajar».

El cometido de los voluntarios no es otro que el de acudir un día a la semana al Hogar para ayudar a servir la cena y charlar con los transeúntes, jugar una partida de cartas con ellos o, simplemente, tranquilizarlos. «Buscamos gente sensible que quiera colaborar». Por lo demás, hacer seguir las normas es sencillo: «basta con controlar que no vengan bebidos y ver que se han duchado al menos el primer día».

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