Diario Vasco

Javier Colomo, de Uganda a Kenia

Javier Colomo, junto a dos niñas africanas; dice que desde que conoció Africa su vida cambió para siempre.
Javier Colomo, junto a dos niñas africanas; dice que desde que conoció Africa su vida cambió para siempre. / DV
  • Tras el nuevo colegio en una zona de Uganda, este tolosarra busca la construcción de una unidad pediátrica y un pozo de agua en Kenia

Javier Colomo vuelve a ser protagonista en estas páginas porque vuelve a la carga. Ojalá que no se canse nunca de hacerlo. Este ingeniero de profesión, que reside actualmente en Donostia, y que fue un consumado maratoniano, cambió su vida para siempre desde que conoció Africa. A lo largo de estos últimos años ha ayudado a convertir en realidad multitud de proyectos, siempre con la misma filosofía, canalizándolos a través de ayudas directas, sin que medien intermediarios, al margen de organismos oficiales, involucrando después a la gente de Africa a materializarlos.

Se trata de trazarse pequeños objetivos concretos, posibilitar que puedan convertirse en realidad, y que ayuden a mejorar la calidad de vida de las personas -sobre todo, niños-, que viven en las zonas donde se desarrollan. ¿Por qué elige unas actuaciones y no otras? «Para los grandes proyectos ya están las instituciones y las oenegés», nos contaba un día Colomo. «Creo que si todos focalizamos objetivos sencillos, concretos, podemos hacer mucho por el Tercer Mundo», asegura este ingeniero. Porque Colomo parte de la filosofía de que hay que adecuar la ayuda a las posibilidades de cada uno y sin que ésta suponga un esfuerzo continuado. «A quien hace lo que puede, nadie debe exigirle más, ni debe hacerlo. Nadie, al igual que el simil del deporte que tanto he practicado, puede estar en su 'límite' constantemente; es mejor poco y a menudo que un 'empacho' y andar fastidiado, por eso, tampoco vamos a arreglar el mundo», explica.

Colegio de primaria y oficios

Colomo está muy satisfecho porque -tras dos años de trabajo-, acaba de ver culminada la construcción de un colegio de primaria y oficios en una comarca de Uganda, del que se van a beneficiar unos 450 niños y jóvenes. «Sólo nos falta rematar caminos y área deportiva, pero necesitamos que llueva para compactar el terreno. Allí no tenemos apisonadoras y una vez se compacte, rematarlo», contaba ayer.

Y de Uganda a Kenia, porque Javier ya empieza a trabajar en otro proyecto, concretamente en la zona de Turkana Norte, que acaba de ser declarada zona crítica dentro de la hambruna reconocida por la ONU.

El proyecto prevé la creación de una 'Unidad pediátrica' en la localidad de Lokitaung, que ofrecerá una solución de atención médica para contribuir a paliar los numerosos casos de desnutrición infantil de la zona. Para ello se realizará la instalación de las infraestructuras necesarias de edificación para el tratamiento de estos niños con los medios, tanto de equipamiento como humanos necesarios para tal fin.

El proyecto trabajará con un equipo local seleccionado, compuesto de una enfermera y un nutricionista, que será completado con un médico (pediatra) voluntario desplazado a la zona en periodos de 3 meses. «De la misma forma se colaborará activamente con el personal especializado en nutrición del hospital local de Lokitaung», explica Javier.

Asimismo, se prevé la implantación de un sistema de asistencia ambulatoria de clínicas móviles a poblados situados dentro de la zona de acción delimitada, para asistir a la población infantil que no puede acceder por sus propios medios a la unidad pediátrica. Para materializar este proyecto, Colomo y su grupo trabajarán conjuntamente con 'Aztivate', que se encargará de los servicios médicos. El proyecto tiene un costo de 40.000 euros y ya se han reunido 25.000. Cada ayuda, por pequeña que sea, será bien recibida.

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