Diario Vasco
Peio Arruabarrena, con su inseparable Sirimiri y la bici con la que ha recorrido mundo.
Peio Arruabarrena, con su inseparable Sirimiri y la bici con la que ha recorrido mundo. / IÑIGO ROYO

Sirimiri ha vuelto a casa

  • Peio Arruabarrena y su robot regresan llenos de vivencias tras viajar por el mundo cinco años

Peio Arruabarrena siempre usa el plural cuando habla de sí mismo. Es lo que tiene viajar por el mundo con la única compañía de un pequeño robot creado con piezas de Lego. Se llama 'Sirimiri', nació en Tolosa, y es el primer robot reportero «que cuenta el mundo tal y como es», dice Peio, un testigo de las injusticias del planeta, y también un exponente de su riqueza y diversidad. En septiembre de 2011, hombre y robot partieron juntos de Donostia dispuestos a dar vueltas por el mundo a bordo de una bicicleta 'Orbea', bautizada como la nave Ajolá. Cinco años después, han regresado a casa con la mochila llena de viviencias, aunque el reportero cuenta que no tardarán mucho en volver a tomar nuevos rumbos para explorar otras realidades.

El porqué del viaje. El tolosarra Peio Arruabarrena ha sido reportero gráfico , creador multimedia, cámara, paparazzi... Desencantado con la realidad de la profesión, hace ya varios años decidió abandonar el periodismo tradicional, «aburrido de contar mentiras y con ganas de contar la verdad», para volcarse en el periodismo humano a través de su web, sirimiri.eu. Por eso se embarcó en este proyecto, con la intención de «vivir de otra manera, sin dinero ni teléfono, ser dueño de mi tiempo, y hacer reportajes sociales».

Quién es Sirimiri. Sirimiri es un pequeño muñeco-robot, 'testigo' de otras culturas y formas de entender la vida. Antes de este recorrido de cinco años (2011-2016), ya había visitado otros países de Asia. Lo que «Sirimiri» hace, en realidad, es retratarse con gente de todo el mundo para que después Peio cuelgue todas estas imágenes en la Red, de tal manera que sirvan de foco divulgador de otras culturas. Toda una amalgama de razas, personajes, niños, mayores, hombres y mujeres... retratadas junto al muñeco «made in Tolosa». Sirimiri, en fin, es un robot construido con Lego Mindstorm y configurado con la colaboración de Invenio. Nació, en realidad, como parte de un proyecto más global, -llamado RoboStudio al principio, Siristudio después-, en el que se intentaba crear un estudio televisivo donde personas con discapacidad pudieran controlar cámaras robots con la mirada. Peio quiere retomar ahora esta idea, que necesita una revisión y una recolecta vía crowdfunding (micromecenazgo).

Cómo ha sido el viaje. La idea no ha sido tanto dar una vuelta al mundo, sino dar vueltas por el mundo. Sin rumbo fijo. Peio ha pasado por Francia, Alemania, Bélgica, Alemania..., ha vivido dos años en México, un año en California, cinco meses en Lanzarote, tres meses en Cuba...

La filosofía del viaje. Básicamente ha sido la de vivir con poco. Ir buscando trabajos esporádicos para seguir rumbo y contar lo que ve, un «periodismo de la experiencia». Dice que se ha alojado en hoteles de «gran lujo cósmico», a la intemperie, con más estrellas que ninguno, e incluso a la luz de la luna. Y exclama que ha dormido en suites como «la del pajar, la del olivar y la del pescador», esta última situada sobre una caseta de pescadores.

Trabajos, ideas, talleres. Arruabarrena ha incentivado la imaginación con proyectos como la 'Siri Shake Bike', en el que a su bicicleta le implantaba un sistema generador que permitía hacer batidos de coco y frutas cuando los paseantes se animaban a pedalear en la playa de Tulum. También organizó una fiesta en México, con la que lograron una nueva silla de ruedas para una niña a la que se la habían robado. Ha impartido talleres en colegios de niños sobre robótica y multimedia. Ha desempeñado trabajos esporádicos ayudando en labores de jardinería, recolección de fruta... Incluso su bicicleta sirvió de venta de marketing de una cafetería en Ibiza. También en esta isla recaudó fondos para Cáritas repartiendo folletos informativos por los lujosos yates que amarran en los puertos, animando a sus dueños a colaborar con la entidad. También ha creado portavasos artísticos para decorar mesas de bares y restaurantes.

Miedo en California. Como es lógico vaticinar, Peio ha vivido experiencias y aventuras con las que podría escribir más de un libro. Ha pasado penurias pero también ha vivido momentos increíblemente gozosos. Nada comparable al miedo que pasó en California. Resulta que durante siete meses trabajó en una explotación agrícola del Triángulo Esmeralda, en California, una zona que vive del cultivo de la marihuana, una planta que es el sustento de la economía local. A Peio le prometieron 25.000 dólares al término de tantos meses de trabajo, pero el día que fue a cobrar, los dueños le recibieron con un rifle y la amenaza de un feroz perro dispuesto a lanzarse a su yugular si no se marchaba inmediatamente de allí.

Explotación en Andalucía. En Andalucía, Peio estuvo trabajando en la recogida de cebolla a cinco euros la hora y a 40 grados de temperatura, arengado por los gritos de un implacable capataz. «Decidí abandonarlo porque un poco más y me enfrento a él. Aquí viví momentos de penuria, me ayudó mucho Cáritas». Peio cuenta que lo ha pasado peor en España y Europa que en América. «Aquí puedes encontrar pequeños trabajos para subsitir, en Europa es imposible», relata.

Enfermo por un mosquito. En el último tramo de su trayecto, Peio llegó a Lanzarote desde México enfermo del chikungunlla, una variante del dengue que contrajo en Tulum, en la Ribera Maya. «Me encontraba extremadamente débil y tuve que guardar reposo en casa de unos amigos de la isla», relata. Ya recuperado, en Canarias intentó encontrar empleo como cámara, ya que hace muchos años trabajó para TVE. Se dio cuenta de que en estos cinco la situación era peor de cuando la dejó. «En general, he encontrado el país mucho peor, hay más pobreza, más diferencias entre ricos y pobres, más paro y más desesperación», dice.

Un proyecto para La Habana. Peio no sabe qué va a ser de su vida a partir de ahora. No tiene un calendario establecido. Le gustaría dar charlas sobre su viaje, retomar la idea de Siristudio o, tal vez, quedarse a vivir temporalmente en La Habana si fructifica un proyecto que le ronda por la cabeza. Se trataría de crear un ciclo Café Bar Gallery en pleno malecón: una tienda de venta y reparación de bicicletas, con alquiler para los turistas, una suite para Sirimiri y una terraza bar. Busca financiación, quiere hallar empresas patrocinadoras y piensa también en la vía del crowdfunding. Las recompensas para los colaboradores serían tours por la Habana, cenas con Sirimiri, noches en la suite, tours especiales, etc.

Cuba, el mejor país. Peio no duda cuando le preguntamos con qué país se queda de entre todos los que ha visitado: Cuba. ¿Por qué? «No hay violencia, no hay hambre, ni hay personas mayores o niños abandonados como ves en muchos otros país», asegura convencido. También opina que éste es un momento fantástico para estar en Cuba, porque el país se está abriendo, están pasando cosas. Añade también que «la revolución evidentemente se tiene que actualizar, ya viene la movida habanera, y no me la quiero perder... Cuba ahora es un país mucho más abierto, la gente está ilusionada, hay más libertad, y se necesita inversión porque hay necesidad y todo está obsoleto, pero sus habitantes no se van a vender al capitalismo, es algo que tienen muy claro», asegura.

Rutas de Don Quijote y Sin Techo. A su paso por Andalucia le ha llamado 'la ruta de los sin techo'. Ha viajado con los transeúntes, de pueblo en pueblo, viviendo como ellos, recogiendo sus experiencias. Se alimentaba de bocadillos de mortadela. Ha dormido mucho en el campo, en suites que llama las del ' pajar, olivar, o pantano'. En La Mancha siguió la ruta de Don Quijote por el Toboso, Alcázar de San Juan, Campo de Criptana con los molinos de viento. Volvió a leer la célebre novela de Cervantes en el camino. «Y a Sirimiri le concedieron el título de caballero andante», dice orgulloso.

Divulgador de Donostia 2016. En este periplo por el mundo, Sirimiri ha sido embajador de Donostia 2016. Con ese fin partió el 17 de septiembre de 2011 desde el Boulevard de San Sebastián y a este lugar regresó el 17 de setiembre de 2016, antes de hacer una parada en el pueblo que le vio nacer.