Reencuentro con Luis Lezama, 'El cura'

Juan Mari Agirre, presidente de Larrun Arri, le hace entrega a Luis Lezama de la placa conmemorativa.
Juan Mari Agirre, presidente de Larrun Arri, le hace entrega a Luis Lezama de la placa conmemorativa.

Dos décadas después el vitalista sacerdote alavés volvía a Ordizia en Fiestas Vascas

DV ORDIZIA.

Si la hemeroteca está bien repasada, la última vez que Luis Lezama, 'El cura' (Amurrio, 1936) estuvo en Ordizia como miembro del jurado, en Fiestas Vascas fue en 1999. Días en los que su empeño gastronómico cosechaba ya premios a nivel internacional.

Y es que la trayectoria del páter no sólo tiene miga, sino muchos ingredientes más, entre ellos una inquietud desaforada por bregar en favor, digamos, de manera genérica, por los demás.

A la vez que encauzaba y daba pasos en su vocación sacerdotal, en Madrid, estudió periodismo, ámbito en el que trabajó, en el que fue premiado, y que a día de hoy no ha abandonado.

En cualquier caso la faceta que, en este momento, más nos interesa nos remite a 1974. Desde su ordenación (1962) Luis Lezama mostró especial inclinación en favor de la juventud marginada, siendo conocido popularmente como el 'cura de los maletillas' por su protección a los jóvenes aspirantes a toreros, allí en su primera parroquia de Chinchón.

Un empeño que se diría no tuvo premio ya que de Chinchón fue trasladado al marginal barrio de Entrevías, donde lo primero que hizo fue abrir un albergue, para su gente, en Vallecas. En cualquier caso, el páter tenía claro que la clave para aquella juventud más desfavorecida era la formación como medio para poder desempeñar un trabajo. Y por fin, en ese 1974, abría en la capital castellana 'La Taberna del Alabardero' como escuela, oficio y empleo para sus pupilos.

A partir de ahí, la iniciativa tiene un desarrollo espectacular, y a la taberna de Madrid, le sigue la de Málaga, pasa a hacerse cargo del Café de Oriente, también en Madrid, desembarcar, en Washington, en 1989 con una nueva Taberna del Alabardero. Proyección y desarrollo gastronómico que además resultaba galardonada con notorios premios.

En 1992 el cura le da una ambiciosa vuelta de tuerca a su proyecto, al abrir la Escuela de Hostelería de Sevilla, considerado como la mejor escuela europea el año 2000. Hoy Escuela superior. En el 2007 crea los Estudios Superiores Abiertos de Hostelería (ESAH), en Zaragoza. Formación que actualmente imparte a su vez vía on line, opción que cuenta con 12.000 alumnos.

Cosas de la vida en el año 2006, vuelve a ser párroco y pasa hacerse cargo del proyecto de creación de la nueva parroquia Santa María la Blanca, en Montecarmelo, Madrid.

Días en los que su afán educativo le lleva a volver a liarse la manta a la cabeza y junto a la nueva parroquia, abrir un colegio, que vio la luz en el 2009, el colegio Santa María la Blanca, con un proyecto educativo innovador, el Proyecto EBI, actualmente considerado uno de los mejores centro educativos por su método, a nivel europeo en el informe PISA. Proyecto educativo que el próximo lunes, día 18, por invitación, expone en Boston (Massachusetts, EE UU).

Primera visita en 1996

La biografía del padre Lezama da para muchísimo más. Quizá no conste, pero valga reseñar que su prestigioso currículum en el mundo de la gastronomía le trajo por primera vez a Ordizia en las Fiestas Vascas de 1996, como miembro del jurado del concurso de queso. Al desplazarse de víspera, la sociedad Larrun Arri quiso que presidiera su certamen intersociedades, invitación que aceptó si bien las comunicaciones en aquel entonces se empeñaron en que no llegara a tiempo.

Al año siguiente el páter volvió y presidió el concurso de Larrun Arri y concurrió en el de queso.

Días en los que las circunstancias acompañaban y en los que la sociedad de la calle José Arana vivía con intensidad su apuesta gastronómica que le llevó a convocar, en 1997 el 'I Encuentro de Jóvenes Cocineros de Euskadi' en el que se impuso Igor Garikano (restaurante Martínez), dinámica y envite en el que al año siguientes Larrun Arri redoblaba la apuesta para dar el salto del concurso a nivel estatal. Reto de palabras mayores en el que resultó decisiva la colaboración de Luis Lezama.

Dos décadas después, concretamente el año pasado, el Ayuntamiento volvía a invitar 'al cura', guante que recogía si bien en el último instante le fue imposible acudir. A la vista del previsto reencuentro, Larrun Arri, que no olvidaba la ayuda recibida en su día, preparó un sencillo detalle, una pequeña placa con una reproducción de la plaza y una dedicatoria, placa dispuesta sobre un atril. Entrega que tuvo que posponer un año, concretamente hasta el pasado miércoles, cita a la que en viaje relámpago no faltó el páter. Obsequio del que le hizo entrega el presidente de la entidad ordiziarra, Juan Mari Agirre.

Y lo que son las cosas, las prisas de una agenda endiablada, con perdón, hicieron que la placa se quedara, eso sí a buen recaudo, en Ordizia, si bien está previsto que la reciba este mismo mes en Madrid. El páter adelantaba que el año que viene, ante una propuesta educativa como la que representa el concurso intergeneracional, hará lo imposible por venir de víspera.

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