La popular Reme se despide del Herri Antzokia

Reme Raya posando delante del Herri Antzokia.
/MARIN
Reme Raya posando delante del Herri Antzokia. / MARIN

Acaba de jubilarse tras haber trabajado 34 años cortando entradas y como acomodadora

DV ORDIZIA.

Sin duda, a nivel popular, hay diferentes maneras de medir el tiempo. No faltan, en este sentido quienes en la cuenta atrás del ciclo vital calculan lo que queda para el finiquito en número de telediarios. En el caso que nos ocupa, todavía hace muy pocas fechas, la popular Reme, acomodadora del Herri Antzokia, anunciaba con un sonoro, «me quedan cuatro sesiones», los escasos días que le restaban para su jubilación, a la que llegaba 34 años después de aquel 21 de enero de 1984, día que supuso su 'estreno' en el cine de la localidad.

Habían tenido familia y no dudaba que tocaba apoquinar en casa. El Ayuntamiento convocó una serie de plazas para el cine, se presentó y sacó la de acomodadora, cometido al que le correspondía el control de las entradas en la puerta y el acomodo de los usuarios en la sala de butacas. Prácticamente 10 años después, sin abandonar su puesto en el Herri Antzokia, abría en la adjunta plaza Domingo Unanue, la pizzería Populus. Y así las cosas, como tantas veces ocurre, más que su apellido (Rayas), una u otra actividad; Reme la del cine, o la de la pizzería, han servido de identificativo de referencia.

Toda una vida, cara al público, reconoce que abrir la pizzería (sumaba ya 39 primaveras) le reportó cierto miedo escénico. «Pensé que no iba a ser capaz. La separación que establecía la barra, me inquietaba. No sé, cosas de la cabeza», recuerda. Luego he estado muy a gusto. «Muy bien y muy bonito con los chavales», afirma. «Siempre me han gustado los niños y la chavalería, y nos hemos entendido. El ordeno y mando no acaba de funcionar. Tienes que ponerte a su nivel y decir las cosas».

«Toda la vida les he inculcado el saludo de bienvenida, y junto al 'atsaldeon', muy importante 'mesedez' y nada de palabrotas. Creo que me los he sabido conquistar. Con lo mayores siempre he procurado ser cordial».

Sonido y comodidad

De estas casi cuatro décadas de cambios en el cine Reme ha vivido el paso de las cintas de celuloide al mundo digital, la implantación de los nuevos sistemas de sonido, a las proyecciones en 3D, a la retransmisión en directo de ópera desde Londres, etc. «Personalmente de todos esos avances yo me quedo con la calidad del sonido, y con la comodidad de las butacas que aportó el último cambio. Las proyecciones en tres dimensiones no han acabado de cuajar. El año pasado creo que no hubo ninguna», dice. En cuanto a la asistencia de público, la cosa ha ido de días de auténticas avalanchas al abrir la puerta en aquellos días de la década de los 80 de la pasada centuria a un declinar y cierre de muchas salas.

«Nosotros pasamos una mala racha durante unos años, pero creo que actualmente no nos podemos quejar de la asistencia. La cartelera es la misma que la de San Sebastián, es decir está a la última y el precio de la entrada es más barato. En este sentido siempre he pensado que deberíamos alternar la opción a programar con Beasain para no hacernos la competencia», añade.

Del orden en la sala, Reme insiste en que los niños son niños. «Cuando va a empezar la película y se apaga la luz ya sabes que va haber silbidos durante unos segundos. Luego ya silencio. Si toca película aburrida hay más inquietud y movimiento en la sala. En cualquier caso, lo viven. A veces, a los mayores que acuden a la sesión infantil hay que recordarles que es la hora de los niños. Y a algún pequeño que acude a cualquiera de las otras sesiones, que aquella no es la infantil. Afortunadamente nunca he tenido problemas», apostilla.

«Me acuerdo de que en una de aquellas sesiones que se organizaban de manera específica para escolares, estando en el patio de butacas me pareció que de una fila de asientos salía humo. Me acerqué y me encontré con una joven fumando. Le dije que lo que estaba haciendo no solo estaba prohibido sino que estaba poniendo en riesgo a todos los que estábamos en la sala. Así que, a reflexionar a la calle», recuerda.

Lo del 'cris cras' del paquete de palomitas, patatas y demás, que acompañan al espectador en cualquier sesión, entiendo que haya gente a la que le puede molestar pero hoy por hoy en esas estamos. «No veas cómo queda el suelo».

Las retransmisiones en directo de la ópera desde Londres es una maravilla. Mayoritariamente se trata de gente mayor. Retransmisiones que duran como mínimo dos horas. «Desde mi punto de vista en uno de los entreactos, habría que tener un detallito; un café, un botellín de agua, etc. Al público, a la clientela hay que mimarle», explica.

Anécdotas y vivencias muchas. «Teniendo ocasión», dice, «he visto la sesión del viernes, eso sí, solo al que me ha preguntado le he dado mi opinión. Estar en la puerta para cortar las entradas ha tenido mucho de relaciones públicas. ¿Ha venido, sabes si está?».

«No me olvido de aquel que quiso entrar con el perro, insistiendo que era muy txintxo. Y en la época que me ha tocado, nada de la fila de los mancos, ni de los novios que iban a desentenderse de la película. Y en el capítulo de incidentes durante la proyección. Un poco de todo. La cinta que se cortaba y había que volver a empalmar. Aquel día en el que el orden de las bobinas o rollos de película no fue el correcto, etc, etc. Afortunadamente para solucionar todo ese tipo de incidencias está Sabino, que es un auténtico artista. He estado muy a gusto pero me voy muy feliz. Estuvimos el pasado viernes en Beasain para asistir a la primera obra del ciclo 'Tiempo de teatro'. No sabes qué ilusión me hizo que me cortaran la entrada. La he guardado», concluye.

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