Pedro García, de santaneros al Manaslu

Pedro García en la cumbre del Vicuña (6.067m) antes de ascender a Ojos del salado el pasado mes de enero.
Pedro García en la cumbre del Vicuña (6.067m) antes de ascender a Ojos del salado el pasado mes de enero.

El popular alpinista ordiziarra pretende coronar el que sería su séptimo ochomil

ORDIZIA.

Superada la dura prueba, a muchos les puede el miedo escénico, de participar en la Eskudantza de santaneros, Pedro García, que lo hizo como un campeón, se saca la espinita y tres años después, vuelve a su cita con las grandes cumbres del planeta, aquellas que superan los 8.000 metros.

Cota en la que estuvo, por última vez el año 2014 en el que coronó el Cho Oyu (8.201m), su sexto ochomil, logro que le volvía a pasar factura, esta vez, congelaciones graves en la primera falange de los dedos, corazón y anular, del pie izquierdo, que finalmente fueron amputadas.

Pero como el gusanillo siempre sigue ahí, al año siguiente ponía la vista en un reto 'menor', el Nun (7.135m), el 'sietemil olvidado' y techo del Tíbet indio, al que una neumonía le impidió pasara a su palmarés.

El año pasado, junto a su mujer Amalia Iglesias, volvía al Himalaya indio para ascender al Mentok Kangri (6.250m), empeño que lograron.

Ascensiones en las que, consciente o inconscientemente, la vista siempre se posa en los grandes retos. Y este año se daban las condiciones para afrontar, en este periodo estival, el más propicio, ese deseado regreso al club de las 14 cimas por encima de la línea de nivel de los 8.000 metros.

Curriculum de éxitos por encima de esa cota, que inauguró en el 2004 al hollar el Shisha Pangma (8.045m), al que le siguieron, en el 2005, a la segunda intentona, el Cho Oyu (8.201m) que como decimos conquistaba, por segunda vez, en el 2014, 2006, Gasherbrum II (8.035m), en el 2007, Broad Peak (8.040m), y en el 2010, el Everest (8.848m).

Tarjeta de presentación en la que anota tres intentonas fallidas a un pico por encima de la cota 8.000; Cho Oyu, en el 2.000, Makalu (8.463) en el 2008, y la trágica expedición al Gasherbrum I del 2013, en la que perdían la vida tres compañeros de cordada.

Palmarés al que suma una decena de sietemiles del Asia Central; Korzhenevskaya (7.105m), Kantengry (7.000m), Pobeda (7.439m), Pico Lenin (7.164m), Pico Komunismo (7.495m), Muztagh-Ata (7.546), las montañas más altas de los Andes: Cotopaxy (5.897), Chimborazo (6.310), y etc, etc, lo que le convierte en uno de los más acreditados alpinista, amater, del territorio histórico, curtido en mil batallas.

Para empezar bien este ejercicio del 2017 y a modo de viaje de recién casados, el matrimonio ponía rumbo a Chile para abordar el volcán, Ojos del Salado (6.893m), la montaña más alta del país andino, la segunda cumbre más elevada de América y también el volcán activo más cercano al cielo del planeta. Sin duda un destino muy especial.

Una cumbre, casi tan alta como el Aconcagua (6.960m) que le supera por poco más de 60 metros. Techo del Nuevo Continente que el alpinista ordiziarra afrontó en 1994 pero no coronó. Ojos del salado, que tras varios puntas a 4.000m, 5.000 y 6.000 metros, a modo de aclimatación, quedaba inscrita entre sus numerosos logros.

Intensa preparación

En esa línea de preparación con el Pirineo, como campo de regateo, el pasado mes de junio, el matrimonio afrontaba el ascenso al Toubkal (4.167m), techo de la cordillera del Atlas, que no se resistió.

Llega ahora la opción de peleárselo con el Manaslu, también conocido como Kutang, con sus 8.163m, la octava montaña más elevada del mundo, situada en la cordillera del Himalaya, en Nepal. El nombre Manaslu proviene de la palabra Manasa, que en sánscrito significa 'Montaña del espíritu'. La primera ascensión al Manaslu la culminaron, el 9 de mayo de 1956, Toshio Imanishi y Gyalzen Norbu formando parte de una expedición japonesa.

El Manaslu es una de las montañas de ocho mil metros del Himalaya de menor altitud, pero no por ello más fácil. Al ser una montaña glaciar, expuesta a las avalanchas y contar con una climatología poco benévola, hace que sea una montaña con pocas ascensiones.

Su marcha de aproximación es larga y parte de una altura baja ya que el campamento base se encuentra a tan sólo 4.000 metros, lo que hace que la ascensión sea dura.

Pues bien, formando expedición y cordada con viejos compañeros de faena; el riojano Alfredo García, con el que ascendió al Everest, Jonathan García (Castro Urdiales), David Orna (Jaca) y el catalán Sergi Rueda, el grupo de alpinistas parte de Madrid el 9 de septiembre dirección a Katmandú, vía Nueva Delhi, con un viaje de regreso cerrado, y 53 días de duración.

«Se diría, así contado -apunta Pedro-, que se trata de la expedición de los García. Me gusta el reto y la estructura de la montaña que se asemeja a un colmillo. Muy alpina, con paredes de hielo y nieve».

«Volvemos justo tras la pérdida de Alberto Zerain y Mariano Galván, a los que no sólo conocíamos sino con los que habíamos compartido mesa y mantel en Zumaia. Ya conoces las reglas del juego pero aún así es muy duro aceptarlo y por supuesto te afecta».

«Cuatro últimas semanas de preparación. Me encuentro fuerte; gimnasio, bici, Txindoki y el fin de semana Pirineros. Estoy subiendo entre 4 y 5 veces al día al Txindoki por el rayo. Ya es pereza mental. Entreno 5 días a la semana y descanso dos. Es muy importante llegar en el punto óptimo de forma física o un poquitín más bajo y alcanzar el 100% allí. Me ha apoyado mucho mi mujer y para mis superiores de CAF sólo tengo, una vez más, palabras de agradecimiento. Unicamente vamos a necesitar un poco de suerte y que las condiciones meteorológicas no sean adversas», concluye.

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