El Manaslu queda para otra ocasión

Pedro García en el campo base (4.800 m.) con el Manaslu al fondo.
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Pedro García en el campo base (4.800 m.) con el Manaslu al fondo.

Las imposibles condiciones del terreno obligan al alpinista a desistir de su empeño

ORDIZIA.

Sin duda alguna, concierta sensación de cabreo, por volver ante tanto esfuerzo previo, de vacío, pero a la vez consciente de que era la decisión acertada, el popular alpinista Pedro García afrontaba su regreso a casa tras haber abandonado el intento a cima en el Manaslu (8.163m).

Afrontar el ascenso a un ochomil requiere no sólo muchísima preparación física sino un entrenamiento que llega a rayar lo obsesivo, como por ejemplo, subir al Txindoki, ya en la tanda final, 4 ó 5 veces al día. Preparación a la que hay que unir un importante esfuerzo económico, que una vez más lo entiendan en la empresa en la que trabajas porque toca pedir días extra, etc.

Desde un punto de vista de fechas o calendario, «fuimos tarde», asevera categórico Pedro García. «Cuado llegamos, las expediciones ya estaban de vuelta. No sé por qué no nos advirtieron en la agencia».

Todo empezó bien, relata. Llegamos a Katmandú, trámites, compras y seis días de 'trekking' marcha en altura, a modo de aclimatación, hasta llegar al campo base situado a 4.800 metros.

«Había muchas expediciones, destaca Pedro García, ya de regreso, porque la autoridades chinas habían cerrado el paso al Cho Oyu y al Shisha Pangma. Un día de descanso, ordenar los trastos, etc, y al siguiente rumbo al campo 1 (5.800m). «Nos dimos cuenta enseguida de lo que había. El buen tiempo de los días previos había dado lugar a la apertura de muchas y amplias grietas y el camino se mostraba muy peligroso. Instalamos las tiendas y volvimos al campo base».

Los tres días siguientes hizo mal tiempo. Los compañeros de cordado se encontraban bien y aclimatados por lo que la idea no era otra que si se presentaban una etapa de buen tiempo no demorar el intento a cima. Tuvimos ocasión de poner el campo 2 a 6.800m pero al bajar constatamos que la montaña se estaba poniendo todavía peor; las escaleras, las cuerdas fijas, las estacas, apenas se sujetaban y el glaciar se mostraba superpeligroso.

Estaba claro que empeñarnos se convertía en algo más que una opción de alto riesgo. Optamos por la decisión correcta, vuelta a casa. Los propios sherpas, apunta Pedro, nos desaconsejaron afrontar el intento a cima. Recogimos los bártulos, trekking de vuelta, adelantamos el vuelo y a Ordizia.

«Me hacía mucha ilusión porque hubiera sido mi séptimo ochomil (Shisha Pangma 8.045m, Cho Oyu 8.201m en dos ocasiones, Gasherbrum II 8.035m, Broad Peak 8.040m y el Everest 8.848m), que en circunstancias, digamos que normales, hubiera caído, porque físicamente me encontraba sensacional pero no pudo ser. Se ha tratado de una buena experiencia. Me gustaría volver pero queda claro que, por fechas, tiene que ser septiembre».

Ahora, buzo de faena, regreso al gimnasio, fin de semana Pirineos y a empezar a pensar en nuevos retos.

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