Mañana, misa en la ermita por San Bartolomé

Conviene madrugar un poco porque mañana es seguro que la ermita volverá a quedarse pequeña./
Conviene madrugar un poco porque mañana es seguro que la ermita volverá a quedarse pequeña.

Es el único día del año en el que el recinto religioso abre sus puertas a la feligresía

DVORDIZIA.

Mañana, 24 de agosto, San Bartolomé, Ordizia, amante de sus cosas y cómo no de sus tradiciones, volverá a vivir un día especial, que en esta ocasión lo será un poco más, ya que a su histórica cita con la ermita (basílica), que abrirá a las 9 de la mañana sus puertas, el único día del año que lo hace, para acoger y oficiar la correspondiente eucaristía en honor al santo patrono.

Exclusivo uso o desuso que le ha llevado al deterioro, si bien en esta ocasión ofrecerá una imagen más cuidada ya que los componentes del grupo de amigos de la ermita, constituidos, recientemente, en asociación bajo el nombre de 'Ordiziako San Bartolome Ermitaren Lagunak Elkartea; OSBELE' se han puesto el buzo de faena y en apretada carrera para llegar a tiempo al 24 de agosto, han adecentado el inmueble, pintado el recinto por su parte interior y llevado a cabo diversos arreglos, primeros pasos en ese propósito de rehabilitar el edificio.

Reseñan en el capítulo dedicado a las fiestas de la villa, en la monografía histórica escrita por Serapio Mujika y Carmelo Etxegaray, que existe constancia documental de que en el municipio se celebraban fiestas por San Bartolomé en 1747. Fiestas, añaden que cayeron en desuso hasta que a comienzos de 1900, 'las resucitó, bajo nueva forma, una sociedad de recreo constituida en la misma, con el nombre de Ordizia'. Festejos que se dejaron de celebrar en la década de los años 60 de la pasada centuria y de los que queda como único testimonio, la misa que en el día del patrón tiene lugar cada 24 de agosto, a las 9 de la mañana en la ermita.

La referencia documental más antigua, se refiere a la constitución de la Cofradía de Santa Ana, entidad que el 26 de julio de 1509, reunida 'en la iglesia de San Bartolomé de herdizia, en la cámara de arriba' fecha en la que renueva sus ordenanzas.

En ese paso natural y eje europeo de comunicación que representa, históricamente, el valle del río Oria, como eslabón de engarce entre la meseta y la Europa continental, relatan las crónicas que en esos días del verano de 1813, en su retirada, en el final de la Guerra de la Independencia, el cuerpo de ejército de las tropas napoleónicas, al mando del general Foy, quien en una perfecta interpretación de la táctica de arrasar con todo lo que encontraban en su camino; tierra quemada, a su paso por Ordizia, entre otras tropelías, tras haber salido zarandeando en Vitoria (21 de junio, otro tanto de lo mismo le ocurriría el 31 de agosto en San Marcial) tuvo tiempo de darle fuego a la ermita, cabe suponer que después de saquearla, como mínimo, que fue reconstruida en 1859, edificio que ha llegado hasta nuestros días.

El recordado Antxon Aguirre Sorondo, amigo de Ordizia, localidad de la que escribió en numerosas ocasiones, tiene publicado en la revista Santa Ana 2000, un amplio artículo al respecto, que titula 'San Bartolomé de Erdocia'.

El estudioso echa la vista atrás, en concreto para indagar cómo fue la reconstrucción del sagrado recito. Aguirre Sorondo recurre al expediente 3208/15 del Archivo del Obispado de Pamplona, y en concreto al documento del 13 de agosto de 1856 por el cual Benito de Barinaga, en nombre de la Parroquia de Villafranca afirma textualmente: «Con motivo de la orden dada por el señor Gobernador de la Provincia para el ensanche del cementerio de dicha villa, el Ayuntamiento y vecindario han concebido el proyecto de erigir en aquel lugar una hermita o basílica con el doble objeto de restaurar la memoria de la antiquísima Parroquia y población que existió en dicho sitio con el nombre de Erdocia y de tener un Santuario donde se celebran los actos del culto divino alternando o correspondiendo con la Parroquia en varios casos como los de rogaciones ordinarias y extraordinarias y que puedan sustituir a la misma en caso de inhabitación».

El perito Manuel de Egozcozabal realiza el 24 de febrero de 1856 un informe en el que reseña las condiciones que deberá cumplir el contratista a la hora de la realización de la nueva ermita que se construirá en el sitio de San Bartolomé.

Estimado el costo y propuesto el plan de financiación, el gobernador da su consentimiento y el Obispado de Pamplona su autorización.

La ermita actual data de 1857

El 19 de junio de 1857, exactamente 16 meses después del informe inicial la obra está terminada, y se valora, (el acuerdo inicial establecía que el precio definitivo de lo realizado «se tasará al final de la obra»)., 10.741 reales y 17 maravedíes.

Posteriormente se colocaron las campanas (campanas de vuelta) que incrementaron el coste en 853 reales.

Y lo que son las cosas, Francisco Ignacio de Elicegui, maestro carpintero al ver que no cobraba lo que le correspondía reclamaba su parte al Obispado de Pamplona, reclamación que suscitó el correspondiente contencioso entre la parroquia y el Ayuntamiento.

Antxon Aguirre Sorondo recoge que por fin, año y medio después de la finalización de las obras; el 20 de enero de 1859 hay acuerdo entre las partes, que el Obispo bendice y autoriza el 26 de ese mes. Cuestión zanjada.

Su artículo, que en ningún momento pierde interés, realiza un rápido apunte sobre ese proceso, de alguna manera generalizado por el que, aquellas primitivas parroquias pasan a ser ermitas, la nueva parroquia deja de estar dedicada al santo inicial para pasar a quedar bajo la advocación de Santa María, en nuestro caso de la Asunción.

Pues bien, mañana a las 9 misa, muy especial en la ermita (basílica) de San Bartolomé, a la que no faltarán el maestro Bernardo Alberro ni el bertsolari Zeberio. Y a la salida reconstituyente, a cargo de los amigos de la ermita, momento que aprovecharán para exponer sus planes.

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