Las fiestas de la Eskarabilla podrían faltar este año a su cita

Tamborrada del año pasado en las fiestas de Eskarabilla./MARÍN
Tamborrada del año pasado en las fiestas de Eskarabilla. / MARÍN

Tradicionalmente puntuales, la comisión de fiestas empieza a reunirse varios meses antes y en esta ocasión, todavía no lo ha hecho

DVORDIZIA.

Último día de agosto, mes vacacional por excelencia, lo que conlleva que la actividad cotidiana quede reducida al mínimo. Sin embargo, y dado que no ha habido prolegómeno alguno, el rún rún adelanta que, este año, las fiestas de la Eskarabilla puede que se queden en el tintero.

Tradicionalmente puntuales al segundo fin de semana de septiembre, la Comisión de fiestas empieza a reunirse varios meses antes y en esta ocasión, todavía no lo ha hecho. Las rifas que estos últimos años ya estaban en la calle para el mes de junio, no se encuentran a la venta, y entre los más veteranos de la barriada cunde el pesimismo.

La Eskarabilla, uno de los barrios castizos de la localidad, nombre que acuñó por estar pendiente, en aquellos años de necesidad que siguieron a la postguerra, a que el vagón de CAF que traía la escoria sacada del horno vaciara su carga en el río Oria a la altura del barrio junto al puente de hierro para revisar el vertido del que el vecindario recogía carbón para consumo propio y chatarra para vender en las chatarrerías, obtuvo de esta manera ingresos y abastecimiento extra, episodio cotidiano que pervivió durante años. Todo un fenómeno social que el inolvidable Kifi, describió como «las minas del rey Salomón».

Y en ese contexto, en los primeros días de la década de los 40 de la pasada centuria, de la mano de la sociedad Esperanza, luego Itxaropena, surgían las fiestas de la Escarabilla. Días de efervescencia en el barrio y calles adyacentes que reunían media docena de bares y al mejor de cada portal. Fiestas muy bien organizadas con un programa amplio y variado para todo un fin de semana con juegos para los más pequeños, carrera de burros, por supuesto tamborrada con carrozas incluidas, sin duda el plato fuerte, más música, etc. Fiestas ante todo, muy participativas y evidentemente populares.

Festejos que llegaron puntuales durante cuatro décadas para acabar decayendo y desaparecer a comienzos de la década de los años 80.

Veinte años más tarde, quizá la añoranza o la nostalgia, dejaban caer una vez más, aquello de a que sí a que no, y manos a la obra. El 18 de septiembre del 2004, a las 10.30 de la mañana con una agenda que echaba a andar con juegos para los más pequeños, la Eskarabilla recuperaba sus fiestas que tras el chupinazo de las 12 del mediodía de ese mismo sábado, daban continuidad un denso programa.

Tras el intenso fin de semana la valoración no pudo ser más positiva. Además para los más veteranos fue como revivir aquellos días. Sin duda algo muy especial. Apartado en el que contribuyó la exposición de fotos que reunía cerca de 300 imágenes retrospectivas. La vida de la barriada en fotografías, por supuesto en blanco y negro, pero eso sí, recuerdos de gran valor sentimental. Fotos que muchos vecinos no tenían pero dadas las facilidades que la tecnología brindaba a la hora de reproducirlas, facilitó que todo el que quiso pudiese incorporarlas al álbum familiar.

A reseñar a su vez que el aforo previsto para la comida popular, 250 comensales, quedó reservado días antes del encuentro a la mesa.

Y desde entonces la Eskarabilla no ha faltado a su cita con el fin de semana siguiente al de Fiestas Vascas. Lo que ocurre es que este año, si nadie lo remedia, puede que se quede en blanco. Se diría que en los albores del siglo XXI los ciclos, en este caso sociales, son más cortos.

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