La feria siempre vital, hasta en los momentos más difíciles

Vista de un día de feria en los primeros días del pasado siglo.
Vista de un día de feria en los primeros días del pasado siglo.

Iñaki Hidalgo habla de la feria semanal en la retrospectiva que lleva a cabo a la vida municipal de hace 100 años

DV ORDIZIA.

Hoy miércoles, el municipio celebra jornada ferial, que como ocurre tradicionalmente en agosto, si no se ve acompañada de un día de playa, resultará especialmente animada al representar en el territorio histórico guipuzcoano una indudable opción B.

Pero evidentemente no siempre fue así. En esa visión retrospectiva que ha llevado a cabo Iñaki Hidalgo a la vida del municipio de hace 100 años, dedica un apartado a la feria semanal.

En aquel 1917, apunta, los efectos de la I Guerra Mundial se hacían notar y en consecuencia, la pérdida de poder adquisitivo de la clase obrera por un lado y el aumento de los precios de los productos de consumo por otro, provocaron el estadillo de conflictos sociales a lo largo del país y los que no fue ajena la fábrica de vagones besaindarra. Episodio al que se refieren con detalle, Juanjo Olaizola y Martín Garcia, en su magnífico trabajo, recientemente editado por el Ayuntamiento de Ordizia 'La fábrica de vagones y su influencia en Beasain y Ordizia (1901/1925).

Rigores de la crisis económica y escasez palpable también en la feria. En su crónica del 5 de enero, el corresponsal de La Voz de Guipuzcoa se refiere a las triquiñuelas de las 'caseras' que «ante la prisa de los compradores de fuera y la escasez de huevos presentaron partidas pequeñas de producto, ocultando el resto y provocando su subida ante una escasez provocada ficticiamente». También se refiere a la presencia, los últimos días, de acaparadores de este producto de caserío en caserío, por lo que en el mercado se presentaron unas 1.500 docenas, cuando al parecer en esa época lo normal era presentar el doble. Estas cantidades de productos dan pie al cronista a señalar la importancia del mercado semanal, 'que no nos lo merecemos' dice, «pues poca diferencia habrá de la Plaza Mayor con esos tenderetes a la intemperie, con un zoco de Marruecos», apuntando ya con ello a la antigua reivindicación y necesidad de cubrir la Plaza.

En su siguiente crónica (12 enero) señala que el mercado tenía un aspecto completamente siberiano y las escasas vendedoras que acudieron al mismo señala que estuvieron subidas en los bancos para no ahogarse, consolándose al pensar que peor estarían las lavanderas en el lavadero público, no es de extrañar señala que las transacciones se hicieran 'fríamente'.

De la importancia económica del mercado y del volumen de las transacciones que se realizaban a pesar de la crisis y de la escasez dan cuenta las dos crónicas de La Voz de Guipúzcoa. Sin duda alguna los días de ferias son días de bullicio y las calles registran una algarabía propia de dichos días.

No sabemos el volumen sonoro de dichas voces, pero en la sesión del 28 de abril se registra una petición de Justo Iturrioz, vendedor de frutas en días de feria y festivos solicitando que por el bienestar del público se prohíba que en alta voz se anuncien las mercancías que se expenden, acordando el Ayuntamiento la prohibición de dar voces anunciando los productos.

Fotos

Vídeos