Enrique Ochotorena regresa a Barrena

Enrique Ochotorena ante el cuadro titulado 'Fuego', una de sus láminas preferidas. / MARÍN
Enrique Ochotorena ante el cuadro titulado 'Fuego', una de sus láminas preferidas. / MARÍN

Considerado uno de los mejores acuarelistas de España ofrece una magnífica muestra en la Casa de Cultura

ORDIZIA.

Considerado como uno de los mejores acuarelistas de España, sin duda alguna lo es, Enrique Ochotorena (Donostia, 1946) llegó por primera vez a Ordizia en 1997, concretamente en octubre, de esto hace ya algo más de 20 años. Dos décadas en las que ha mantenido una estrecha relación con Ordizia, donde ha expuesto, siempre aguadas, de manera individual o bien colectiva, y donde en principio, en una secuencia temporal, inicialmente prevista de dos años, plazo que siempre se le ha hecho largo, ha organizado una exposición de autores, amantes de la acuarela, de distintas procedencias geográficas, consciente de que también en el arte, y de manera especial en la acuarela, el principio filosófico 'yo soy yo y mis circunstancias', genera atmósfera particular y envolvente.

Autodidacta, Enrique Ochotorena canaliza, de salida, su natural habilidad en el desempeño del dibujo hacia la pintura con el irundarra Antonio Ferrán (pastel) y a continuación con Conchita Laca con la que descubre la acuarela, modalidad (técnica) que desde entonces ha sido su gran pasión.

Un proceder que con el paso de los días le permitía adquirir un estilo propio, figurativo a veces, cercano al hiperrealismo y en otras al impresionismo.

Desde aquella primera muestra de 1990 en Donostia, es autor de numerosas exposiciones tanto individuales como colectivas a lo largo y ancho del territorio nacional, así como en el extranjero; Colombia, Mexico, Francia, Suecia, etc. Su obra está catalogada y se encuentra en diversas instituciones y organismos oficiales. Cuenta con numerosos premios y menciones de honor.

Y por aquello de su visión amplia de las cosas, es miembro de la Agrupación de Acuarelistas Vascos, de la Agrupación Española de Acuarelistas y de las agrupaciones Andaluza y Valenciana.

Al palacio Barrena, del que prácticamente no se ha desvinculado en estas dos últimas décadas, vuelve con una colección personal, 35 cuadros, la práctica totalidad, obra reciente, salvo, y excepción hecha, de aquellas láminas que para él resultan emblemáticas en su trayectoria.

Aguadas cimentadas a pie de campo o en el estudio, preferiblemente en el exterior que brinda una composición más libre, más suelta, más húmeda, en contraposición a un resultado más fiel o quizá ortodoxo en el estudio. Disolución del pigmento en agua, con la que culmina láminas en las que el paisaje, con especial apego hacia las masas arbóreas, y en ocasiones el bodegón, ejercen de arranque o excusa. Siempre por presencia a ausencia, con la luz y contraluz, como obsesión y eje central en el que pivota toda su obra.

En el catálogo de la obra, Iñaki Ruiz de Eguino, artista, amigo, a su vez, de Ordizia, bajo el título 'Enrique Ochotorena, el dominio del agua' reseña «Para quienes desconocen la técnica de la aguada, un apunte. El fondo blanco del papel o cartulina, señala que sobre éste, deben ir superponiéndose varias capas de tintas líquidas acuarelables. El acuarelista no utiliza el blanco como color».

Para tras loar la trayectoria del donostiarra subrayar que «en esta última etapa, Ochotorena desarrolla una técnica de ejecución perfeccionada, de pinceladas vivaces, aéreas, permitiéndole captar, notablemente, el registro de fugaces y brillantes efectos de luz».

Satisfecho con la muestra con la que llega a Ordizia, Enrique Ochotorena pone la vista en nuevos retos; en el siguiente cuadro «porque siempre hay algo que te emociona. Tenía la posibilidad de haber participado en un encuentro de acuarelistas en Marruecos, que me encanta por su luminosidad, pero por circunstancias no va a poder ser», dice.

Romántico, y por supuesto humanista, como miembro de la Asociación andaluza de acuarelistas, tiene previsto acudir en febrero a una reunión de la asociación que va a tener lugar en Almeria. «Estar con los demás compañeros es muy importante. Siempre ves, compartes y además aprendes», afirma.

Un lujo, en Barrena, lamentablemente efímero, porque estará vigente hasta el próximo martes.

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