Hace casi cuatro décadas el Palacio Barrena pasó a ser de propiedad municipal

Fachada sur del palacio, con el sello más personal de Juan de Herrera. /
Fachada sur del palacio, con el sello más personal de Juan de Herrera.

Su construcción fue obra de Juan de Herrera, autor de El Escorial

ORDIZIA.

Se acaban de cumplir 37 años, de la adquisición, por parte del Ayuntamiento, del palacio Barrena (con la amplia arboleda y huerta agregada al mismo, convertida luego en parque, más su anteplaza; plaza Nicolás Lekuona) contrato de compraventa que el entonces alcalde de la localidad, José Ramón Gaztañaga firmó en Madrid, el 2 de julio de 1980, facultado para la ocasión por el acuerdo del pleno municipal adoptado la víspera. Del otro lado, su propietario, Luis Morenés y Arteaga, propiedad que heredó de su madre, Mercedes de Arteaga y Echagüe, Marquesa de Argüeso, partes, que de común acuerdo estipulaban cerrar la transacción en 25 millones de pesetas, a abonar; 5 millones en ese mismo momento de firma del compromiso o contrato, y los 20 millones restantes a la hora de formalizar la escritura pública.

Casi cuatro décadas después, podría pensarse que se trató de una operación de compra cotidiana o sin más. Muy al contrario, para aquel primer ayuntamiento, recién salido de las urnas, con todo por hacer y escasos recursos, fue un hecho histórico. «Siguiendo la trayectoria marcada por anteriores corporaciones, apuntaba el Consistorio, consideramos que uno de los quehaceres más importantes para un Ayuntamiento debe ser el aumentar el Patrimonio Municipal, para uso y disfrute de los ordizianos».

«Quizás para alguno -añadían los responsables municipales-, teniendo en cuenta la precaria situación económica que atraviesa nuestro Ayuntamiento, pueda parecerle un lujo, pero no obstante debemos considerar que bien merece un esfuerzo el que el pueblo de Ordizia cuente con un marco incomparable para el desarrollo de las actividades culturales, además de un parque inmejorable en situación y características, que sirva de expansión y desahogo a todos sus habitantes».

Justo dos años después, en la revista Santa Ana de 1982, el arquitecto donostiarra Fernando Arizmendi Unzueta, aportaba una colaboración sin mayor pretensión que aportar unas líneas de aproximación, desde esa disciplina, a la casa solariega, texto en el que, en cualquier caso ofrecía una referencia a la desafección sentimental entre el histórico edificio y arboleda murada, y la población, al indicar que uno de los propósitos de aquellas líneas no era otro que posibilitar «el acercamiento siquiera espiritual entre la sensibilidad ciudadana y ese Palacio tan tristemente desvinculado de la vida cotidiana del municipio».

Artículo en el que no olvidó una dedicatoria a Camilo Zubeldia, carpintero ordiziarra, vecino de la calle Santa María y cuidador y conservador, durante toda su vida, del palacio y añadidos.

El palacio Barrena, Barrenetxea o Barretxe, expone, «constituye un fiel exponente de la arquitectura palaciega vasca urbana del siglo XVII. Durante el siglo XVII se construyeron en Euskalerría muchos y buenos palacios, según Vargas Ponce, con dinero procedente de América. Fuera construido con dinero americano o no, uno de los mejores ejemplares es el Palacio Barrenetxea, cuyas obras fueron dirigidas por el famoso arquitecto Juan de Herrera (cuya edificio más representativa es el monasterio de El Escorial), que se mantuvo fiel a su estilo».

Tras reseñar que el inmueble responde a una superposición de actuaciones, describe que se trata de un edificio cúbico de principios del siglo XVI a lo sumo. En la fachada de la entrada principal destaca tres huecos ajimezados de silueta trilobulada, que constituyen reminiscencias góticas propias de su época.

De la fachada que da al parque, Arizmendi subraya el marcado carácter renacentista, «en la que Juan de Herrera plasma infaliblemente su estilo. Basándose en las ya tradicionales solanas, diseña una fachada simétrica utilizando como eje de la composición un arco central de espléndidas dimensiones, que justifica con la soberbia escalera de piedra sillería con la que se accede a la planta noble».

Además de su carácter de edificio catalogado como patrimonio arquitectónico, desde su paso a la titularidad pública el palacio Barrena, convertido en casa de cultura, atestigua una intensa actividad. Sin duda alguna, una de las mejores inversiones del municipio en rentabilidad social.

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