Arranca la celebración del 750 aniversario

La tesis doctoral de Garmendia versa sobre la historia médica de Segura./
La tesis doctoral de Garmendia versa sobre la historia médica de Segura.

El urólogo Juan Carlos Garmendia diserta mañana sobre la historia médica de Ordizia

DV ORDIZIA.

La charla que va a ofrecer mañana, a las 18.30 en Barrena, el ordiziarra, Juan Carlos Garmendia Larrea, de la saga de los 'Mendigar' bajo el título 'Historia médica de Ordizia', abre el amplísimo programa de actividades con el que la villa va a celebrar el 750 aniversario de su fundación. Se da la circunstancia de que Juan Carlos Garmendia eligió como tema de su tesis doctoral la 'Historia médica de la villa de Segura'.

Doctor en Medicina y Cirugía. Especialista en Urología desde el año 1990. Fue jefe de esta sección en el hospital comarcal del Bidasoa, de donde pasó al Hospital de Donostia, donde sigue ejerciendo su profesión. Especialidad sobre la que ha publicado buen número de artículos y trabajos en el ámbito nacional e internacional, así como colaboraciones, sobre diferentes aspectos de la historia de la medicina, en euskera, en la revista 'Osatuberri'.

Juan Carlos Garmendia apunta que va a centrar el 90% de su charla en la tesis doctoral 'Historia médica de Ordizia' que en 1986 realizó la también ordiziarra María José Crehuet. «En cualquier caso», indica el galeno, «aprovecharé para hacer una comparativa con la historia médica de Segura».

«Hay siete u ocho tesis doctorales en Gipuzkoa sobre la historia de la medicina en otras tantas localidades, Oiartzun, Hernani, Hondarribia, Irun, etc, llevadas a cabo con la misma metodología, lo que permite cotejar con las demás y establecer una comparativa», expone.

Segura, que comparte origen fundacional con Ordizia, «ha sido una localidad muy importante, sirva como ejemplo que para el año 1500 ya tenía boticario, que en Ordizia no hubo hasta 200 años después y otro tanto podemos decir de la figura del médico, o de la infraestructura médica. Segura tenía dos hospitales y Ordizia solo uno».

La Historia médica de Ordizia de María José Crehuet está dividida en cinco capítulos. En el primero, se centra en el periodo 1600-1982 y analiza qué enfermedades afectaron a la población. El segundo pasa revista a las medidas con las que el municipio hizo frente a las enfermedades; labores preventivas en el ámbito de la higiene, vigilancia sanitaria de establecimientos, abastecimiento de agua, recogida de basura, etc, a nivel general y a su vez, en situación de crisis cuando se daba una epidemia; creación de lazaretos o lugares en los que recoger a los enfermos, adopción de medidas de carácter religioso, etc.

El tercero se refiere a la relación de profesionales sanitarios que ejercieron en la villa.

El cuarto detalla la labor que llevó a cabo el hospital, origen, apoyo económico, labor que afrontó, etc.

Y el quinto está dedicado a la medicina popular y detalla los diversos procedimientos que empleaba en el mismo afán que la medicina tradicional en la lucha contra la enfermedad. Capítulo que diferencia y clasifica a sus protagonistas en función de la referencia o fuente en la que basaban su actuación; la experiencia, las supersticiones o las creencias.

Siglos testigos de una vida nada sencilla pero a su vez reflejo de una neta determinación de salir adelante. Enfermedades y epidemias de todo tipo, cuando no guerras, hambrunas, el paso, a la ida y a la vuelta, del correspondiente cuerpo de ejército, normalmente francés, etc.

Episodios, buena parte de ellos bien documentados, y entre los que tiene su miga, subraya Garmendia, aquella intoxicación por comer chocolate adulterado que tuvo lugar en 1876 en Ordizia, que causó numerosas muertes. A pesar de que el médico titular, Marcelino Aguirrezabala, sospechaba que la causa de aquellas muertes, diagnosticadas como cólico saturnino o de pintores era alimenticia, solo la casualidad aclaró la cuestión. Fermín Aramburu, que era el chocolatero más acreditado de Ordizia y alrededores le dio minio al chocolate para que tuviera mejor color. Un viajante le había ofrecido el género y desconocedor de sus propiedades tóxicas lo empleó de buena fe. Su familia no se libró de aquella dramática intoxicación ya que murieron dos hijos y una tía.

«Había a menudo una conciencia social. Documentado en Segura, concluye Juan Carlos Garmendia, el médico y el cirujano a los que contrataba el Ayuntamientos, asumían el compromiso de atender y tratar, obligatoriamente, con carácter gratuito, a los pobres de la localidad. Y de la misma manera dispensarles las correspondientes boticas».

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