El adiós de Mari Carmen Mendizabal

Mari Carmen Mendizabal, al frente, junto a sus compañeros del departamento de Tesorería. /
Mari Carmen Mendizabal, al frente, junto a sus compañeros del departamento de Tesorería.

Tras casi cinco décadas como empleada municipal pasa a disfrutar de su jubilación

DV ORDIZIA.

Con casi 50 años de servicio a lo largo de estas últimas cinco décadas, Mari Carmen Mendizabal representa la trabajadora municipal, en esta última etapa al menos, que más años de actividad profesional acredita en la casa.

En aquellos días, la vida era muy distinta. Realizados los estudios básicos hasta los 14 años, Mari Carmen Mendizabal, se preparó para la vida laboral realizando estudios de Secretariado y Contabilidad. En diciembre de 1970, el Ayuntamiento convocó seis plazas, por un periodo de 6 meses, para llevar a cabo la actualización del censo. «Como las oficinas eran lo que eran; muy pequeñas, estuvimos trabajando en el salón de plenos», reseña. Tras un paréntesis de unos meses volvía a la Casa Consistorial, esta vez a tramitar multas de tráfico, y ya fue todo seguido. En su día sacó la plaza por oposición y así hasta el pasado viernes, día 2, que tras sumar 46 años de servicio, se jubiló.

Al incorporarse, en las vetustas oficinas generales, Mari Carmen Mendizabal se encontró con dos instituciones en la localidad; Lucía Lasa y Trini Munduate, veteranas en el oficio y mucho mayores que ella. «La mayor parte de la labor administrativa se llevaba a mano», recuerda. El padrón incluía una ficha por vecino; azul, en el caso de los hombres y rosa en el de las mujeres. Las actas de los plenos y las de las comisiones de gobierno se levantaban a mano. Actas que luego se pasaban a máquina, en la única de escribir que había, y para sacar copias, allí estaba la afamada multicopista.

En aquellos primeros días, ejercía de alcalde Luis Antón Lazcano, y en la plantilla del Ayuntamiento había poco más de una decena de personas; José Luis Aramburu Irazu, depositario; Hilario Lozano, secretario, en la Policía Municipal, y como cabo, Alfonso Carlos; y como municipales, Honorio Galdeano, Evaristo Aierbe, Merino; al frente del servicio de limpieza, Pedro Pérez; como responsable de aguas, Manuel Reinaldo y pocos más.

«Me acuerdo cuando se puso en marcha el departamento de Bienestar Social, con una persona a media jornada». Nada que ver con la situación actual en la que por número de trabajadores, el Ayuntamiento representa una de las empresas o entidad, más importante del municipio.

Mari Carmen Mendizabal insiste en que en este último medio siglo todo ha cambiado muy rápido. «Antes era muy distinto, prácticamente éramos una familia. Ahora todo es más impersonal».

Representante de los días en los que la ventanilla era un muro que separaba al administrador del administrado, considera que sin perder de vista que puede haber opiniones para todos los gustos, en aquellos años, había una disposición de cercanía y ánimo a facilitar las cosas, que ahora que no hay ventanilla ha dado paso a un trato profesional, eso sí más frío en lo personal. Antes la ciudadanía iba al Ayuntamiento en ocasiones muy puntuales. Ahora acude más a menudo. «Como organización administrativa que es, no me cabe la menor duda de que la figura clave recae en la persona que ejerce de secretario».

Por lo que a las diferentes corporaciones respecta, «la relación a nivel personal ha discurrido de la misma manera. Antes todo era más cercano, y ahora digamos que es más distante».

Medio siglo testigo de aquellos ayuntamientos sin apenas capacidad económica para afrontar mayores retos, lo que obligaba a las corporaciones a hacer de la necesidad virtud, y de la imaginación y la brega los recursos personales con los que luchar a favor del municipio. Sin duda nada que ver con los consistorios actuales que, aunque afrontan muchísimas más responsabilidades, cuentan, de partida, con presupuestos mucho más generosos.

Cinco décadas en las que, en el ámbito político no han faltado broncas, ni situaciones convulsas. «Nosotros nos dedicábamos a nuestro trabajo». A modo de anécdota Mari Carmen no olvida que Luis Antón Lazcano solía insistir que la estrofa de cinco versos (Quintilla) de Gómez Manrique, «Nobles, discretos varones, que gobernáis este pueblo...» que en buena medida preside la entrada principal de este Ayuntamiento debería ser como un espejo para todos los que trabajamos en esta casa.

Y después de tantos años, Mari Carmen Mendizabal asumía sin vértigo la nueva etapa que le aguarda. «He ido a trabajar muy a gusto, pero ahora me hace ilusión quedarme en casa. Tengo cosas para hacer, canto en la coral Santa Ana, pertenezco al grupo de bailes de Jesús Mari Garate y a Amets Bide. No tengo miedo. Eso sí, echaré de menos el trato personal con mucha gente y en especial a mis compañeros» concluye.

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