Adanes y Evas de Pedro Gaztañaga

Pedro Gaztañaga posa en la sala Aroztegi, de Bergara.
Pedro Gaztañaga posa en la sala Aroztegi, de Bergara.

El artista ordiziarra presenta en Bergara los últimos retratos salidos de su estudio

DVORDIZIA.

Veterano del pincel y del lienzo, esa afición innata le llevaba a Pedro Gaztañaga (Ordizia 1967) a la facultad de Bellas Artes, materia (bachillerato artístico) de la que es profesor, actualmente, en el instituto Usandizaga de Donostia.

Desde hace muchos años, su casa, más concretamente las paredes del comedor del restaurante Zubibi, acogen la que a efectos prácticos supone una muestra permanente.

Especializado en la figura humana y el retrato, tras varias exposiciones colectivas realiza su primera exposición individual en 1997, 'Soinuetatik' dedicada a la ópera. Ahora, y hasta el domingo 3 de septiembre, bajo el título 'Senses. Adan&Eva' presenta lo último que ha salido de su estudio en la sala Aroztegi, de Bergara, trabajos que el pasado mes de marzo colgaron de la sala de exposiciones Ezkurdi, de Durango.

La colección está compuesta por 20 retratos, desnudos; 10 adanes y 10 evas. Son retratos realistas, realizados con modelos reales. Los cuadros reúnen una mezcla de realismo mágico, simbolismo y naturalidad. Misticismo y sensualidad.

Se trata de 20 obras de 104x75cm, agrupadas por parejas, ocho están dispuestas en posición vertical y dos en horizontal, realizadas con técnicas mixtas, trabajando sobre todo las pinturas al pastel, lápices acuarelables y acrílicos.

«Me gusta ser observador en la vida, y reparar en los pequeños detalles, y disfrutar de ellos. El arte es el reflejo de la vida y con la pintura sucede lo mismo. Me interesa esa mezcla, real e imposible; la figura humana en esos espacios dorados, irreales y mágicos. Me gusta la desinhibición que se ve en mis cuadros. La desnudez va ligada al hecho de sentirse solos, únicos pero observados al mismo tiempo. El primer hombre y la primera mujer en la tierra, descubriéndolo todo. Hablo del diálogo entre las personas y el ecosistema en el que se mueven, parece que el tiempo se ha detenido y que los engulle, por eso hay también una mezcla entre lo antiguo y lo contemporáneo», afirma.

«El arte debe tener una capacidad de seducción, por ello mis pinturas son muy sensuales, apelan al disfrute visual a través del cromatismo, la composición, y el ánimo narrativo. Quiero mantener el interés del espectador, ofreciéndole motivos para el goce visual y reivindicar una propiedad tan tradicional de la pintura como su capacidad de seducción».

«Hay dos razones importantes que me llevaron a pintar esta serie de cuadros: una, ser una persona que ama profundamente la belleza y la entiende como una de las vías de acceso más directas para poder entrar en contacto con ideas realmente elevadas. Y la otra un cierto desconcierto y pérdida de finalidad que se puede apreciar en el arte durante los últimos decenios».

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