Diario Vasco

'Balaka', tres décadas después

La mayor parte de los que acudieron el pasado sábado al reencuentro de los que fueron monitores de 'Balaka' posan en la Plaza.
La mayor parte de los que acudieron el pasado sábado al reencuentro de los que fueron monitores de 'Balaka' posan en la Plaza.
  • Más de 60 de los que fueron monitores se reunieron el sábado

Sin duda alguna, el club de tiempo libre Balakataklin supuso un auténtico fenómeno social en el municipio. Eran los primeros días de 1980, y entre los más jóvenes que participaban en las actividades de la parroquia surgió la necesidad de ofrecer una propuesta de gancho con la que los chicos y chicas de 13 a 16 años pudieran llenar su tiempo libre. Una franja de edad a la que el municipio no le ofrecía apenas opciones. Con el propósito de llenar ese vacío surgía el club de tiempo Balakataklin, que por aquello de acortar, popularmente quedó en 'Balaka'. Club que aunque quedaba adscrito a la parroquia, y dado que las demás instituciones no ofrecían nada en este apartado, estaba abierto a todo el que quisiera tomar parte en el mismo, siendo la única condición exigida pertenecer a esa franja de edad.

Los monitores se formaron en la escuela de tiempo libre de la Diócesis, Hezkide Eskola, curso que uno vez finalizado les llevaba a recibir la correspondiente titulación. Un ámbito de formación absolutamente novedoso en aquel tiempo.

Una formación centrada en un modelo educativo basado en valores y muy vivencial.

Balaka llegó a contar con un destacado número de monitores lo que le permitió ofrecer actividades de fin de semana, así como en las navidades de Navidad y verano, época estival en la que como culminación del curso organizaba tres campamentos en otros tantos lugares.

Excepción hecha de los gastos que generaba el campamento, el club era gratuito y los monitores no cobraban. La necesaria financiación llegaba a través de alguna subvención de la Diputación, ayudas municipales, y de trabajar el capítulo de ingresos. Algunos recuerdan que fueron los primeros 'chicos Lariz'. Y a partir de ahí, puesto de txistorra en Santo Tomás, villancicos y aguinaldo en Navidad, etc. Además cuando tocaba, los ordiziarras arrimaban el hombro.

Y el éxito fue total, y toda aquella amplia propuesta de actividades, salidas a Aralar a conocer su riqueza megalítica, a conocer el nacimiento del río Amundarain, a Mariarats, juegos, talleres. Un planteamiento, que en cualquier caso iba más allá, ya que el propósito central pretendía educar a los jóvenes en la cultura del ocio, es decir no sólo brindarles actividades sino que aprendiesen a organizar su tiempo libre, bien cuando estuviesen con los amigos o solos.

Quienes, por edad dejaban el club, tras un año sabático podían volver como premonitores y a partir de ahí realizar el curso que les reconocía como tal. Al final de los 90, digamos que, un cambio en el paradigma, dio lugar a que el club desapareciera. Este fin de semana, tres décadas después, una llamada a capítulo reunía a más de 60 de los que fueron monitores. Sin duda queda un buen recuerdo.

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