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Patxi Aierbe con los fósiles que encontró hace más de 30 años.
Patxi Aierbe con los fósiles que encontró hace más de 30 años. / MARIN

Fósiles en la cesta además de setas

  • El gran setalari Patxi Aierbe acredita a su vez una interesante colección de fósiles

Patxi Aierbe (Ataun, 1933), que se ha asomado a esta página en más de una ocasión y a la de la feria en infinidad de veces, es uno de esos contadísimos setalaris de Euskadi que siempre recoge los primeros brotes de las especies micológicas que aquí hay costumbre de llevar al plato; zizas de primavera, gibelurdiñes, hongos, etc. Y cada vez que va, llena la cesta. E incluso recolecta, sobre todo en el caso de la ziza, en esos días en los que el brote responde a un auténtico capricho de la naturaleza. Afición que, cuando la veda lo permite comparte con la caza y la pesca.

Afán e interés innato, desde bien niño, por la recolección que, en su caso, hace bueno el sucedido que se atribuye a aquellos dos bilbainos, que en la tesitura, se preguntaron lo de 'a qué hemos venido, a por setas o a por Rolex', ya que en su muñeca luce, si no un ejemplar de la marca asociada al lujo, un también suizo, Omega, encontrado en uno de sus paseos matinales por el monte, en concreto en un recorrido desde Etxegarate hacia Ataun (Aitxu).

Y en esto que el amigo Patxi había leído en prensa, fechas atrás, un artículo en el que el protagonista, otro aficionado a la naturaleza, relataba el hallazgo de unos fósiles en Aralar.

Menudo descubrimiento debió pensar el setalari porque él hacía muchos años atrás, a bote pronto, como mínimo tres décadas, que ya había vivido esta experiencia y así las cosas, el hombre quería contar su historia.

Exclusivamente en Urbasa

Reseña el ataundarra que en un mes de abril, de la década de los 80 de la pasada centuria, en busca de zizas de primavera, en la cuesta de Urbasa, la maleza no le dejaba ver donde intuía que su empeño podía tener éxito, y que al apartar las hojas con el palo que siempre lleva, le llamó la atención una piedra extraña, con forma de corazón, que le pareció tenía grabada una estrella. Muy cerca encontró dos más. Por supuesto las recogió.

De regreso a casa pensó en llevársela a otro Patxi; el siempre recordado Patxi Garmendia, en Ordizia Patxi el de Muebles Barandiaran, miembro de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, hombre preocupado por el saber y en especial por las setas, en este caso, del mundo, amplia colección bibliográfica al respecto que a su fallecimiento donó a la biblioteca municipal.

Patxi Garmendia no tuvo la menor duda de que se trataba de fósiles por lo que se llevó a Donostia los tres ejemplares del milenario vestigio para recabar la opinión de los compañeros de la sección de paleontología. El setalari todavía conserva el dictamen de los expertos, que su tocayo, el de la mueblería, le entregó, escrito de su puño y letra en el reverso de una tarjeta de presentación de la tienda. «Micraster. Epoca, Cretácico Superior. Edad de 80 a 90 millones de años. Zona baja de Urbasa. Cerca de Olazagutia». Es decir, una variedad de erizo de mar, petrificada de ese periodo geológico. El de Ataun no sólo no dudó en ningún momento en la explicación que le dio Patxi Garmendia, que le explicó que durante cientos de millones de años, el mar ocupó el actual territorio del País Vasco, sino que volvió en busca de más y recogió, recuerda que unos 40. Algunos regaló y la mayoría conserva.

«Hoy resultaría prácticamente imposible volver a rastrear esa zona porque la maleza la ha convertido en una zona inaccesible», apunta el setalari.

Desde entonces, concluye Patxi Aierbe, siempre he tenido en mente y mirado cada vez que aparecía una piedra, digamos, diferente, «pero fuera de aquel lugar nunca he vuelto a encontrar un fósil».

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