Diario Vasco
Pedro Velasco con 'Txiki', delante de la Chocolatería, el edificio más alto.
Pedro Velasco con 'Txiki', delante de la Chocolatería, el edificio más alto.

La increíble escapada de 'Txiki'

  • El joven yorkshire cae de una altura de 22 metros y resulta ileso

Aunque la sabiduría popular le atribuye, históricamente, al gato siete vidas, además, no por su habilidad de sortear hambrunas, que seguro que también, sino por su capacidad de salir airoso ante cualquier percance, fundamentalmente en el caso de caídas en las que otros animales próximos hubieran finiquitado con total seguridad su existencia, 'Txiki', un yorkshire de casi año y medio, viene a reclamar una revisión del postulado. Pequeño y joven can al que algunos vecinos de la calle Urdaneta se refieren ya como el 'perro volador'.

Capacidad de absorción del impacto, destreza para caer sobre las cuatro patas, habilidad felina, etc, alguna de esas cualidades o todas ellas debe reunir 'Txiki' para haber sobrevivido a una caída mortal de necesidad.

Cuenta Pedro Velasco, dueño de la mascota, que todo ocurrió el miércoles de la semana pasada sobre las 6 de la tarde. «Salí al balcón, el sexto y último piso del edificio que los más veteranos de Ordizia conocen como la Chocolatería; el número 50 de la calle Urdaneta, para ajustar la antena parabólica y detrás de mí, el perro, 'Txiki', que aprovechando el momento, y la oportunidad que le brindaba un hueco en la malla, instalada, precisamente como protección para evitarle cualquier riesgo, se pasaba a la terraza continua. Un espacio abierto y sin cerramiento alguno». Pedro añade que en cuanto le vio entró en la vivienda «en busca de una de las galletas que come 'Txiki'» para inmediatamente, 'pescarlo', pero al volver, en un plis plas, ya no estaba. «Miré abajo, a la calle, no le vi pero inmediatamente alguien gritó que se había caído el perro. Acto seguido bajamos mi cuñado y yo. Mi cuñado, dicho sea de paso, con una bolsa grande de plástico porque entendía que lo encontraríamos reventado. Nada, que salimos a la acera y el perro no estaba, miramos debajo de los coches y tampoco, uno para arriba otro calle abajo, hasta que unos metros más adelante, Gregorio Begué, una institución en el barrio, nos dice que le ha visto pasar, corriendo, calle arriba».

«Llamamos a la Policía Municipal para dar aviso y seguimos buscando pero 'Txiki' no aparecía hasta que al rato, calcula que habrían transcurrido unos 20 minutos, una chica nos dijo que le había visto entrar en el portal del número 38, situado, aproximadamente, a unos 100 metros del de casa. Fuimos, y allí estaba, acurrucado y asustado».

«Le toqué por si le apreciaba alguna rotura, pero no me llamó nada la atención, y de inmediato nos lo llevamos al veterinario. No se lo creía. Su propuesta fue dejarlo ingresado, en la propia clínica y así hicimos. Al día siguiente volvimos, nos explicó que únicamente le había detectado un pequeño derrame interno, sin mayores consecuencias pero a la vista de lo ocurrido nos propuso dejarlo un día más. A las dos horas nos llamó para que nos lo llevásemos porque 'Txiki' era un derroche de vitalidad y no hacía más que ladrar».

«Para mí -expone Pedro-, le llamó la atención la hojarasca que había en el canalón de la terraza, metió el hocico para ver qué era aquello, le venció el peso y cayó a plomo los cerca de 22 metros de altura que hay, sin que nada amortiguara el desplome porque la fachada está totalmente limpia, no hay toldos, ni tenderetes de ropa; nada. Suerte que no le pegó a nadie porque aunque se trata de un perro pequeño, pesa 5 kilos, pero eso sí, 5 kilos en caída libre».

De esa mala suerte se escapó, por los pelos, Magdalena García, que en eso momento se encontraba parada junto al portal de la Chocolatería. «Faltaron dos dedos para que me diera. Todo fue muy rápido. Vi caer algo delante de mí. Oí un golpe seco. Grité. Me temblaban las piernas. Me di cuenta de que se trataba de un perro. Fui a recogerlo pero se escabulló», relata. «Me han dicho que está vivo, es un milagro», insiste.

Mariló Mata, veterinaria, con más de tres décadas en el oficio al frente de su clínica beasaindarra, cercana al lugar de los hechos subraya que «nunca he visto nada parecido». No tenía huesos rotos pero le hice una ecografía para ver cómo estaban los órganos internos. Exploración que únicamente detectó una pequeña pérdida de sangre. Al día siguiente, segunda ecografía y todo limpio, como si no hubiera pasado nada. Alucinante. En cualquier caso vamos a seguirle la pista», afirma.

A los dos días, concluye Pedro Velasco volvimos a salir a la calle a dar el paseo habitual, aunque el trayecto fue más corto. Dos días previos, recluido en casa en los que no se arrimó al balcón. Al día de la fecha y sin habernos sacudido la incredulidad todo ha vuelto a la normalidad.

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