«El momento del despegue es placentero, pero junto al del aterrizaje es de los de mayor responsabilidad»

En la cabina. El beasaindarra, comandante Pablo Garrido Castilla, en la cabina de uno de los Airbus 320 que pilota. /
En la cabina. El beasaindarra, comandante Pablo Garrido Castilla, en la cabina de uno de los Airbus 320 que pilota.

Pablo Garrido Castilla Comandante-Piloto de Aviación Comercial de la compañía 'Evelop!'

JUANTXO UNANUABEASAIN.

Es el primer beasaindarra, en este caso del barrio Ezkiaga (Portería), que ostenta semejante responsabilidad en el mundo de la aviación, en este caso de la comercial. Desde hace un par de semanas ya es el ‘Comandante’ Pablo Garrido Castilla. A sus 34 años, acumula, desde 2002, miles de horas de vuelo. Una profesión con la que «soñaba desde muy pequeño». Trabaja para la compañía Evelop!, que forma parte de Ávoris, la división de viajes del Grupo Barceló, volando el Airbus A320 en vuelos nacionales o a nivel europeo la mayoría, destacando los vuelos a y desde las Islas Canarias en invierno y las Baleares en verano. Es el máximo responsable del vuelo que lleve a cabo, en su puesto en la cabina y en la zona de pasajeros. Remarca que el momento de elevar el vuelo «es placentero por estar volando, pero sobre todo de mucha responsabilidad. Es una de las fases críticas del vuelo junto al aterrizaje.

-¿Cuánto tiempo lleva volando?

-A volar comencé en el año 2002, cuando inicié mis estudios para PTLA (Piloto de Transporte de Línea Aérea). Volando para una compañía desde el año 2012. Antes de pasar a formar parte de la plantilla de pilotos, desarrollé labores en las oficinas de tierra de la compañía, concretamente en la oficina técnica.

«Tenemos mapas que detallan posibles zonas de turbulencias, para que se acuse menos reducimos la velocidad»

-¿Para usted ha sido una profesión de esas con las que se sueñan desde muy pequeño?

-Sí absolutamente. Nunca me he imaginado haciendo otra cosa. Tengo varios recuerdos de pequeño, como por ejemplo, una excursión con el colegio al aeropuerto de Hondarribia. En esos momentos ya sabía que mi objetivo era llegar a ser piloto. Soy un afortunado de poder disfrutar de mi trabajo... aparte de tener las mejores vistas de la ‘oficina’.

-¿Qué estudios ha requerido su profesión? ¿Y, para llegar a Comandante?.

-Inicié mis estudios en el colegio Murumendi y el bachillerato en el Instituto Txindoki para continuar mis estudios en la Escuela de Pilotos de Aeromadrid, en el aeropuerto de Cuatro Vientos (Madrid), donde durante aproximadamente dos años compaginábamos las clases teóricas con las prácticas en simulador y avioneta.

-¿Y, para llegar a ser comandante?

-Para llegar a ser comandante lo más importante es la experiencia en vuelo, esto es, las horas de vuelo acumuladas en los aviones volados. La normativa en nuestro caso exige unos mínimos de horas de vuelo que hay que cumplir para poder ser comandante y, aparte, cada compañía puede establecer unos mínimos superiores según sus criterios.

-¿Para qué compañía trabaja y qué vuelos lleva a cabo?

-En estos momentos trabajo para la compañía Evelop!, que forma parte de Ávoris, la división de viajes del Grupo Barceló volando el Airbus A320. Los vuelos que realizamos suelen ser nacionales o a nivel europeo la mayoría, destacando los vuelos a y desde las Islas Canarias en invierno y las Baleares en verano.

El equipo, muy importante

-Su cometido va mucho más allá de pilotar un avión. ¿En qué consiste su día a día?

-La función básica es esa, pilotar un avión de origen a destino, de una manera segura y eficiente. Pero lo importante es saber gestionar los recursos que tenemos e intentar sacar lo mejor tanto de la tripulación como de todas las personas involucradas en la operativa de un avión, para que el vuelo se realice sin incidencias. El comandante es la persona que tiene la autoridad para decidir, pero necesita un buen equipo detrás que le facilite la toma de decisiones.

-Está presente en la cabina de mandos. ¿Qué se siente a la hora de elevar el vuelo?

-Es algo difícil de explicar, pero te diría dos cosas. Placer por estar volando, pero sobre todo responsabilidad. Es una de las fases críticas del vuelo junto al aterrizaje y donde más concentrados tenemos que estar. Somos responsables de la vida de muchas personas y debemos estar preparados para cualquier tipo de emergencia que pueda producirse. A la velocidad que despegamos las cosas pasan muy deprisa.

«El Comandante tiene autoridad para decidir, pero necesita de un buen equipo que facilite la toma de decisiones»

-¿En más de una ocasión le habrá tocado vivir la experiencia de pilotar en medio de turbulencias?. ¿Cómo se enfrenta a ellas? ¿Cómo se dominan?

-La turbulencia es un fenómeno que se nos presenta muy a menudo, pudiendo ser ligera, moderada o severa dependiendo de su intensidad. Cuando recibimos el despacho del vuelo con toda la información, solemos tener unos mapas de meteorología significativa donde se nos detalla dónde puede haber pronosticada turbulencia, pero esto no es una ciencia exacta. Desde cabina lo que podemos hacer es reducir la velocidad para que se acuse menos, hablar con el control aéreo para recibir información de si hay turbulencia o no a otras altitudes... y por supuesto, encender la luz de los cinturones para que todos los pasajeros vuelvan a sus asientos.

-¿Y un aterrizaje más complicado, difícil, o forzoso ¿cómo se afronta?

-Se afronta con la convicción de que estás preparado para ello. Un aterrizaje se puede complicar de mil formas, y para eso están los simuladores, para prepararnos contra cualquier tipo de imprevisto.

-¿Qué afección tiene sobre el vuelo un móvil encendido?

-La normativa en cuanto al uso de los teléfonos móviles está evolucionando. Hasta hace poco no se podía hacer uso de ellos desde el cierre de las puertas del avión hasta la apertura... pero ya hay compañías que permiten su uso después del aterrizaje. La razón principal es la posible interferencia con los equipos del avión, distorsionado la señal que reciben éstos.

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