Bernedo, el trauma del verano de 1967

Bernedo. Vista de la empresa Bernedo hacia 1958, que ocupan el centro de salud y el aparcamiento, y Josetxo Zufiaurre, Rakel Ugalde y Javier Torres. / J. ZUFIAURRE Y J. UNANUA

El 20 de agosto serán 50 años del cierre de la fábrica de llaves inglesas, dejó en la calle a 200 operarios «La maquinaria había quedado obsoleta, no hubo renovación ni se adaptó a los nuevos tiempos», recuerdan tres beasaindarras que trabajaron allí

JUANTXO UNANUABEASAIN.

La mayoría de los beasaindarras somos conocedores de que el aparcamiento ubicado junto al centro de salud fue bautizado en su día como Bernedoenea. Pero serán más los que desconocen el origen de este nombre. El parking tomó el nombre de la empresa que estuvo ubicada durante casi medio siglo en ese solar. El próximo 20 de agosto de este año se cumplen 50 años del cierre de la misma. Bajada de persiana y cierre de puertas del edificio fabril que dejó en la calle a más de dos centenares de operarios de la misma, en aquel Beasain del año 1967, que tenía 9.180 habitantes. Aquellos empleados y trabajadores quedaron sin defensa alguna, el único sindicato que por entonces existía era el vertical.

Con motivo de ese triste aniversario, en cifra redonda, 50 años, con todo lo que ello supuso de gran trauma para esas familias y para el municipio, reunió a tres beasaindarras que trabajaron en aquella céntrica factoría y que de una manera u otra, vivieron aquel triste desenlace final de la misma.

Josetxo Zufiaurre trabajó en Bernedo desde el 15 de marzo de 1952 hasta el momento del cierre de la empresa, el 20 de agosto de 1967, durante muchos años en la oficina técnica y los dos últimos en el departamento de ventas.

Raquel Ugalde una de las entonces pocas mujeres empleada en la misma -eran una veintena- fue operaria de Bernedo, del taller de llaves inglesas, desde octubre de 1950 hasta agosto de 1966 «entonces me casé y había que dejar el trabajo».

Javier Torres trabajó de 1951 a 1965, en la machería de la fundición de Bernedo y además fue jurado de empresa, lo que trajo no pocos disgustos en aquellos años «castigado y multado por defender la causa obrera», recuerda. Javier, dos años antes del cierre, dejó la empresa para entrar e CAF, la culpa, en buena hora, y dichosa culpa, tuvieron unos cangrejos cogidos en el río de Ursuaran.

La creación de Bernedo hay que ubicarla en 1920, con la denominación de 'Bernedo, Echeverría y Elorza'. Sus propietarios eran Víctor Bernedo, Patricio Echeverría y Patricio Elorza, el primero de Elgoibar y los otros dos de Legazpi. Bernedo poseía un 51% y los otros dos el 49%. Fue el propio Víctor Bernedo quien logró de la empresa sueca inventora y fabricante de las llaves inglesas, la patente para poder fabricarlas en el Estado español, aquí en Beasain. «Bernedo tenía un taller mecánico en Francia, como no tenía tiempo de vender el pabellón industrial que tenía en Francia para instalarse en Beasain, lo donó al Gobierno francés para que con el producto de su venta ayudara a los huérfanos de la Primera Guerra Mundial. El Gobierno francés en reconocimiento le condecoró con una 'medalla honorífica'», remarca Josetxo Zufiaurre.

Con el paso de los años, Echeverría y Elorza crearon sus propias empresas en Legazpi, y Bernedo tuvo que buscar otro socio. Lo encontró en la familia Arana de Beasain, que estuvo dispuesta a entrar en el negocio aportando el capital que suponía el 49% de los socios salientes. «Pero pusieron como condición que les reconociera oficialmente la posesión del 51% », recuerda Zufiaurre. Se convertiría en Forjas y Fundiciones de Beasain, Sucesores de Bernedo y Compañía.

Bernedo fue creciendo. Si en 1920 arrancó con medio centenar de empleados, ya en los años cincuenta del siglo XX llegó a los tres centenares. Fue una época de gran expansión en aquel solar industrial que hoy día ocupan el centro de salud y el aparcamiento.

La fábrica siguió trabajando dirigida por ambas familias propietarias -Bernedo-Arana-, sin que se hubiera modernizado el sistema de trabajo y la maquinaria de acuerdo con los nuevos tiempos en el mundo de la industria para hacer frente a la competencia en los diferentes ámbitos de su producción.

Para su mantenimiento se echó mano de créditos bancarios, que llegaron a hipotecar la empresa y, sin poder hacer frente a estas obligaciones. «Se cerró el 20 de agosto de 1967, dejando en el paro a unos 200 trabajadores», recuerdan Josetxo, Javier y Rakel.

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