La bendición del fuego y agua nuevos será mañana en los pórticos de la Asunción y de San Martín

Las velas. El cirio Pasciual y las velas iluminan el templo. /  JUANTXO
Las velas. El cirio Pasciual y las velas iluminan el templo. / JUANTXO

Acoge el ritual que enciende el cirio pascual del que los feligreses prenden sus velas, la única luz con la que se accede a un templo que está a oscuras

J. U. BEASAIN.

Mañana, entre los actos del Sábado Santo, destaca lo que se conoce como 'Vigilia Pascual', con la bendición del fuego y agua nuevos que se materializará en una ceremonia a celebrar en los pórticos. Los allí presentes encienden sus velas desde el cirio Pascual y con ellas prendidas entrarán en el templo que se encuentra oscuras. Cantando la melodía 'Jesus munduko argia', señalaban desde la parroquia.

Con el agua el sacerdote hisopea el interior de la Iglesia, continúa la ceremonia y en la gloria se voltean las campanas. Este acto dará inicio en la Parroquia de la Asunción como en San Martín, a las 20.00 horas.

Al respecto de los actos que se celebraban hace décadas, hay quien recuerda como «antaño, desde el interior de la Parroquia, el sacerdote D. Pedro Garayalde entonaba la frase 'Lumen Christi' y respondíamos con un 'Deo Gratias', repitiendo la melodía en tres ocasiones y elevando el tono musical de la frase».

Yesca y pedernal

El beasaindarra Josetxo Zufiaurre, en sus apuntes de etnografía, recuerda la manera con la que se encerdía el fuego nuevo, añtaño por el decenio de 1940 Dice que «se prendía brasa en un trozo de yesca con el chisporroteo producido al golpear de refilón un pedernal con una púa de hierro, y soplándola el sacristán conseguía encender la vela a bendecir. Luego con ella se encendían otras velas y se expandía en la iglesia el fuego nuevo».

Quienes fuimos acólitos en nuestra niñez, todos los años por Semana Santa veíamos cómo conseguía el sacristán de la parroquia de Beasain el fuego nuevo con su piedra de sílex. Y en aquel tiempo muchas familias encendían los fuegos de su cocina con el fuego nuevo, y solían tener en casa agua bendita nueva para ahuyentar las tormentas asperjándola desde la ventana.

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