Diario Vasco

Cómo te espía tu tele y tu osito de peluche

Así te espían tu tele y tu osito de peluche
  • El internet de las cosas tendrá grandes implicaciones en nuestra sociedad en los próximos años, pero también grandes riesgos para la privacidad

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Dispositivos móviles, electrodomésticos, 'wearables' y aparatos de todo tipo conectados a la red de redes,.. una gigantesca autopista de datos que nos harán (potencialmente) la vida más fácil. Al menos en las zonas del mundo en las que estas infraestructuras sean posibles y para quienes puedan pagarlas. El internet de las cosas no solo promete revolucionar nuestros hábitos y costumbres, sino la economía mundial. Las grandes operadoras ya se están preparando para dar cobijo a tan ingente cantidad de datos y conexiones.

El camino hacia una (mayor) digitalización del mundo físico comenzó hace años y ya empieza a hacerse visible en nuestro día a día gracias, por ejemplo, a las pulseras de actividad que nos monitorizan el ejercicio que hacemos y de paso deja el rastro de por dónde hemos pasado para que nosotros mismos lo comprobemos... y cualquiera que tenga curiosidad si no tenemos cuidado.

Sin duda disponer de una nevera inteligente que aprende de nuestra lista de la compra, la optimiza, la abarata y siempre nos tiene surtidos es muy tentador e inocente. Sin embargo los datos que viajan desde el refrigerador a la tienda, pasan por nuestro móvil y se materializan en una persona que nos trae la compra a casa se pasean y albergan en puntos inesperados. Los datos van y vuelven pasando por la nube, billones de datos inútiles por separado pero muy útiles para quien sepa darles forma y hacer negocios con ellos. No en vano los expertos aseguran que el manejo del 'big data' creará millones de empleos en los próximos años.

No se quedará el internet de las cosas ni mucho menos en las neveras pues ya estamos a punto de ver cómo se popularizan por ejemplo maletas conectadas, aunque es en el ámbito sanitario donde se está sacando ya provecho. Así recientemente el Hospital Mount Sinai de Estados Unidos ha hecho público que está observando los datos de un grupo de voluntarios armados con pulseras para realizar un gran estudio sobre cómo influyen sus hábitos de vida en su salud cardiovascular y que verá la luz en 2019. Incluso se ensaya con estos aparatos y aplicaciones para ayudar en síndromes tan complejos como el Asperger.

El reto por mantener a salvo nuestra privacidad será mayúsculo cuando nuestra intimidad no esté ya solo entre los muros de nuestro hogar y de nuestro cerebro, sino en una nube alimentada con móviles, pulseras, maletas o neveras. el botín es muy jugoso y los ladrones de datos estarán al acecho desde la esquina más insospechada. Que se lo pregunten a quienes sucumbieron a los encantos del anuncio del peluche no tan inocente...

Este juguete vendió miles de unidades gracias a su gran ventaja: conexión a internet y comunicación a distancia entre padres e hijos. Estos últimos solo tenían que hablar con el osito para escuchar la voz de sus progenitores desde el trabajo o de viaje. Inocentes conversaciones, nada menos que dos millones, que han estado expuestas a los oídos de cualquiera por el escaso cuidado por la privacidad ajena de la compañía creadora del juguete. Datos que incluían contraseñas y correos electrónicos, casi nada. Ahora por unos cuántos dólares cualquiera puede comprar esa base de datos en la internet profunda. No es el primer juguete que destroza la intimidad de sus propietarios y sin duda, no será el último.

También se la han colado a muchos usuarios de televisores inteligentes, esta vez con toda la intención del mundo. Tanto que la Comisión Federal de Comercio ha multado hace unas semanas a la empresa Vizio, el mayor fabricante de televisores de Estados Unidos, por espiar en once millones de hogares de este país. La compañía pagará 2,2 millones de euros por recopilar datos sin informar a los clientes ni solicitar su consentimiento. No se conformaron con registrar qué veían en cada momento en su televisor (incluyendo programas de TV, visionados en 'streaming' y hasta reproducción de DVDs), sino que ya puestos lo completaron con otros igualmente fáciles de captar y jugosos de vender: la dirección IP de cada hogar, los puntos de acceso cercanos, el código postal. Un conjunto de información muy valiosa para saber los hábitos de consumo de los televidentes y que, por supuesto, vendieron a terceros.

Lo más llamativo es que la multa no fue por espiar, sino por no pedir permiso, ya que la gran mayoría de televisiones inteligentes hacen esto mismo una vez que el usuario acepta sus condiciones de uso. Un chollo. Los de Samsung ya alarmaron hace un par de años y la cosa no promete mejorar para los celosos de la intimidad. De momento solo hay una forma totalmente segura de evitar que nos espíe nuestra tele, desconectarla de internet.

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