Ha sido emoticono

Ojos estrellados Si la sorpresa es tal que las palabras se quedan cortas, este 'emoji' llega al rescate./
Ojos estrellados Si la sorpresa es tal que las palabras se quedan cortas, este 'emoji' llega al rescate.

La gestación de los símbolos que utiliza a diario el 90% de los internautas dura nueve meses. El próximo parto será en el último trimestre del año y alumbrará 56 nuevas criaturas

MIKEL FONSECA

Se han convertido en un vehículo de comunicación tan común como las palabras. El emoticono es ya parte del lenguaje humano y, como cualquier idioma, evoluciona. Cada cierto tiempo, la familia 'emoji' crece. La cara verde a punto de vomitar o la que se le saltan las lágrimas de la risa son dos habituales que, en realidad, llevan poco más de un año en el catálogo. La próxima remesa se alumbrará en el último trimestre y traerá consigo zombies, vampiros, magos y cabezas amarillas estallando. Pero, ¿cómo es su gestación?

Un emoticono no es más que una cadena de caracteres que la máquina interpreta y dibuja en pantalla. Así, al terminar un correo electrónico con 'carita sonriente', en sus tripas el ordenador escribe realmente 'U+1F600'; al otro lado, el teléfono del destinatario recibe ese código y alegra el mensaje con el risueño pictograma amarillo. Esto es posible porque los dispositivos electrónicos modernos respetan el estándar Unicode, la piedra de Rosetta digital, que recopila todas las formas de escritura humana. Incluida, claro está, el 'emoji'.

El Consorcio Unicode es el responsable de este estándar, y de que la letra 'a' se vea igual en un ordenador Windows iraní o un iPhone ruso. La idea de un código universal entre idiomas y dispositivos nació a finales de los 80, fruto de unas conversaciones informales entre ingenieros de Apple y Xerox. Para finales de 1991, y junto a Microsoft e IBM, Unicode publicó la versión 1.0 de su torre de Babel digital, que incorporaba 7.161 caracteres de 24 alfabetos distintos. En la actualidad, el equipo con derecho a voto -para obtenerlo es necesario contribuir con 18.000 dólares anuales- está compuesto por 17 miembros, entre los pesos pesados originales y los recién llegados: Facebook, Google, Netflix... La última versión del estándar (la 10.0) cuenta con 139 'sistemas gráficos' distintos -algunos extintos, como el egipcio jeroglífico-, que suman 136.755 signos. De ellos, 1.139 son emoticonos.

Los primeros 'emojis' (722) debutaron en la sexta versión de Unicode. Corría el año 2010, aunque ya llevaban casi una década infiltrándose en las frases de muchos internautas, especialmente en Japón, su país de origen. En España, el 'messenger' fue la herramienta que los introdujo entre los jóvenes, a mediados de 2000. Y, desde la llegada del iPhone, estos simpáticos iconos han convencido a más de un 90% de la población 'online', que los usa a diario, según un estudio de Google.

A lo largo de cuatro actualizaciones -la quinta llegará a finales de año-, la familia no ha parado de multiplicarse. Con la octava versión de Unicode, los iconos de humanos ganaban cinco tipos de color de piel, basados en la escala Fitzpatrick. La presente edición introdujo parejas homosexuales como variación del ideograma de familia, y añadió una versión femenina a las representaciones de oficios. Aunque esta diversificación de género fue promovida por Apple, abanderada del colectivo LGTBI en lo digital, gran parte de las aportaciones al diccionario de 'emojis' las han hecho los propios usuarios.

Cualquiera puede elevar a Unicode sus candidatos. Basta con redactar un correo electrónico. Pero, eso sí, no vale con enviar solo un boceto. Para empezar, no puede ser excesivamente similar a otro ya existente, y no se aceptan propuestas para 'emoticonizar' letras y símbolos que ya estén incluidos en Unicode, ni de marcas comerciales. Debe ir acompañado de un análisis detallado de la razones por las que debería incluirse en el listado, y en los ejemplos de la organización es necesario acompañarlo con estadísticas -como la cantidad de búsquedas en Google- que justifiquen su candidatura.

Normalmente, las propuestas suelen realizarlas entusiastas particulares. No obstante, el pasado mes de mayo, la ONG británica Plan Internacional llevó a cabo una campaña para promover la adopción de un emoticono que representase la menstruación. Presentaron seis modelos, de los cuales salió elegido el de unas braguitas con una gota de sangre. La ONG ya ha lanzado su propuesta para la próxima actualización, pero eso no garantiza que vaya a entrar directamente en la colección. Antes, el denominado Subcomité Emoji comprueba que cumple todos los requisitos. Con su visto bueno, los aspirantes pasan al siguiente jurado: el Consorcio Unicode.

Los delegados de cada una de las compañías con derecho a voto en Unicode se reúnen trimestralmente durante una semana, alternando el escenario de la cita entre sus respectiva sedes. Los emoticonos son solo parte de una agenda de trabajo que incluye homologar cientos de alfabetos para que se entiendan entre sí los nuevos dispositivos, y con sus antepasados.

Cuando no está digitalizando el alfabeto mongol antiguo, el consorcio analiza las propuestas que ya ha filtrado el Subcomité Emoji y decide por votación cuáles entrarán en la siguiente versión. Los rechazados pueden reformular su propuesta trabajando mano a mano con el subcomité para una segunda oportunidad.

Voto secreto

El plebiscito es secreto dentro del cónclave. Sin embargo, uno de sus integrantes con derecho a voto, la empresa EmojiXpress, que se dedica precisamente a crear y distribuir los iconos que aún no están incluidos en Unicode, ha desarrollado una 'app' que permite a los usuarios solicitar y votar propuestas de emoticonos con solo pulsar un botón.

Con la lista definitiva ratificada, el departamento técnico de Unicode se pone a gestar la nueva remesa. Al igual que un embarazo humano, el proceso suele durar unos nueve meses. En ese tiempo, deben asignarle un código, homogeneizarlo y comprobar que funciona correctamente en todos los sistemas operativos. Una vez se 'libera' la nueva versión, son los fabricantes quienes tiene la opción -y la mayoría la aprovecha- de dibujar su propia interpretación del gesto, idea u objeto. Por eso la 'carita amarilla' sonríe de forma ligeramente diferente si se trata de un terminal Apple, Samsung o Google. Son las distintas caligrafías del emoticono, pero no todas las compañías dan soporte a todos ellos. Como ocurre con las tildes, algunos 'emojis' son el resultado de una combinación. Así, Apple cuenta con un ideograma inspirado en David Bowie para representar 'estrella de rock'; en Facebook, ese icono se descompone en los de 'persona' y 'micrófono'.

Si los malentendidos entre hablantes de lenguas distintas dan para toda suerte de anécdotas, las variaciones de los emoticonos también tienen las suyas. La última, el pasado día 7, jornada mundial del Chocolate. Y su protagonista fue el Monstruo de las Galletas. El personaje de Barrio Sésamo quiso felicitar a todos los golosos de Twitter con un mensaje lleno de cookies, pero el dibujo de Samsung para este dulce viene sin pepitas de chocolate. Un 'Lost in Translation' de la era digital.

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