Diario Vasco

La vida de un cometa

Recreación del robot de la ESA en órbita del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko.
Recreación del robot de la ESA en órbita del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko. / ESA
  • Laurence O'Rourke es el nombre detrás del cual se esconden los secretos de 'Philae', el primer robot que estudió in situ uno de ellos, aportando valiosa información sobre su composición

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Probablemente, el domingo 2 de septiembre de 2016 sea una de las fechas que Laurence O'Rourke, ingeniero de la Agencia Espacial Europea (ESA), no olvide jamás. "No te puedes imaginar cuando vi esa imagen... Fue a las doce de la noche. No pude dormir", cuenta O'Rourke.

La última imagen de 'Philae' en el centro de control de la ESA databa de 2014, momento en el que el robot de la ESA de 100 kilos iniciaba su lento descenso para posarse en el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko, conocido popularmente como 'Chury'. Era el 12 de noviembre de 2014 y 'Philae' esperaba anclar con arpones sus tres grandes patas en una iluminada de la roca zona llamada Agilkia.

La misión de Rosetta se inició en 2004 tras más de una década de preparación, alcanzó su cima en 2014 cuando se acercó a Chury y soltó el módulo que descendió con precisión sobre la superficie de 67P, una primicia en la historia de la exploración espacial que aportó valiosa información sobre la composición, la actividad y la formación del cometa. Sin embargo, un pequeño error provocó que el dispositivo de la ESA rebotara sobre la superficie del 67P. Desde aquel momento, 'Philae' desapareció de los ojos de Laurence O'Rourke y de 'Rosetta', el satélite que servía de enlace entre el cometa y la Tierra.

"Buscaba por todos los lados. Teníamos fotos donde podría estar, pero era muy difícil porque la resolución de las imágenes era muy baja porque estábamos muy lejos de la superficie", explica el ingeniero de la ESA. Desde las instalaciones de Villanueva de la Cañada (Madrid), O'Rourke lideraba un equipo formado por expertos de toda Europa para intentar establecer contacto visual. "No podíamos acabar esta misión sin encontrar a 'Philae'".

Después de la última conexión en el verano de 2015, comenzó la búsqueda una vez más. En marzo de 2016, aprovechando el perihelio -punto de la órbita más cercano al Sol-, se retomó la búsqueda. "Hicimos cientos de imágenes de todos los sitios", comenta el científico. A 25 días de acabar la misión y cuando 'Rosetta' pasó a poco más de 2,5 kilómetros de altura, llegó la foto esperada. "Poca gente sabe que esa imagen que ha salido en la prensa es la última que hicimos de ese sitio. Estando muy cerca de la superficie, la gravedad afectó donde estaba apuntando 'Rosetta'. Fue la última imagen tomada con éxito del sitio; ya no había más", añade O'Rourke.

Cientos de millones de kilómetros separaban a ambos, doce años de misión y 786 días de relación con la "roca de hielo" 67P/Churyumov-Gerasimenko. Este irlandés ingeniero y científico, "pero ingeniero primero", forma parte de la ESA desde 1996.

Un golpe de suerte

En Rosetta, formó parte del equipo de control de vuelo en ESOC en el momento de su lanzamiento en 2004. En 2011 volvió a trabajar en la misión y es uno de los dos coordinadores de las operaciones científicas, junto con Michael Küppers, que también es ingeniero de sistemas de la ESA para la sonda 'Philae'.

O'Rourke lideraba con Michael el equipo que responsable de la planificación de sus operaciones científicas y de la comprobación del éxito de las pruebas realizadas, que "fueron todo un éxito, más de lo que esperábamos".

Aunque los contactos con 'Philae' fueron contados por la poca energía que llegaban a sus baterías, "los instrumentos del robot pudieron coger material, porque entró por los agujeros". Un golpe de suerte permitió recuperar información del 67P/Churyumov-Gerasimenko tras el aparatoso aterrizaje. "Lo que tenemos es ciencia sobre algunas partes del cometa no previstas", destaca O'Rourke.

Un robot de tres patas

La previsión de la ESA era posar y anclar el módulo robótico de Rosetta. Equipado con tres patas articuladas, 'Philae' estaba listo para agarrarsea 67P, pero las dos arpones fallaron y la sonda de 100 kilos rebotó cruzando más de un kilómetro y quedando encallada en una grieta del cometa.

"Philae no se podía mover. Es un robot autónomo pequeño hecho para estudiar en superficie un cometa", explica el ingeniero irlandés. En su interior, reforzado por una serie de placas solares para mantener con vida el dispositivo, "se encontraba un pequeño laboratorio móvil" equipado con diez instrumentos, entre los que se incluían un martillo percutor y una cámara de fotos. "Todas las actividades que hacía era autónomas, basadas en los comandos que mandamos desde la Tierra", añade el ingeniero.

A principios de siglo

A mitad de camino y "vigilando" la tarea de 'Philae', se encontraba 'Rosetta', el satélite que unía al equipo de O'Rourke con su pequeño en las grietas del 67P. El Gran Hermano de la misión que vigilaba con sus propios once instrumentos, incluyendo OSIRIS (así se llamaba su potente cámara), los movimientos del cometa. Un sistema de imágenes a distancia óptica compuesto de dos cámaras con resolución de hasta dos centímetros por pixel. Así se encontró a 'Philae', "con tecnología de principios del siglo XXI".

El proyecto de Rosetta nació en los años 80, aunque no fue hasta 2004 cuando comenzara su largo viaje que le llevó a perseguir y estudiar el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko. Se despidió en su cuenta de Twitter con un "hasta siempre" el 30 de septiembre de 2016. "Todo un éxito" para la primera misión europea que logró aterrizar en un cometa.

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