Los vigilantes del cantábrico

La patrullera 'Garbi' persigue furtivos y regula la comercialización del pescado «para que no se agote»

Iñigo, patrón de la 'Garbi', se enfrenta al oleaje del Cantábrico mientras un inspector busca pescadores al margen de la ley/Manu Ceciliio
Iñigo, patrón de la 'Garbi', se enfrenta al oleaje del Cantábrico mientras un inspector busca pescadores al margen de la ley / Manu Ceciliio
MARTÍN IBARROLA

Desde el Cabo de Matxitxako hasta el faro de Santa Catalina no se ve un solo bote entre las olas. La mar ha despertado enfurecida y las montañas bamboleantes de agua salada parecen haber ahuyentado a todos los pescadores. Aún así, poco después del alba, un mecánico, un marinero, un patrón y un inspector se embarcan en la 'Garbi'. Son Borja, Imanol, Iñigo y Mauri, y vigilan la costa de Bizkaia en busca de furtivos que faenan o marisquean al margen de la ley. Forman una de las dos patrulleras del Departamento de Agricultura, Ganadería y Pesca del Gobierno vasco que se encargan de vigilar las aguas de Euskadi. Navegan casi todos los días del año, sin importar si son las siete de la mañana o a las tres de la madrugada, ya sea fin de semana o festivo. «Es mejor ir de popa al infierno que de proa al cielo», exclaman en referencia al fuerte viento que empuja desde atrás su embarcación entre el fuerte oleaje. Todos ellos se han curtido en un mundo de salitre y maromas.

Los recovecos de los acantilados y grietas de las rocas son para Mauri González de Txabarri cicatrices de persecuciones pasadas. Alto y dicharachero, trabajó como pescador hasta que se incorporó a la Inspección Pesquera. Ahora dirige a un equipo de doce inspectores. Al pasar junto a las peñas que soportan la colosal pared de Ogoño recuerda una de sus incautaciones más sorprendentes. «Vimos cómo una lancha salía pitando cuando nos acercarnos nosotros. Investigamos la zona con la zodiac y descubrimos una caja gigantesca con más de 50 kilos de percebes. Una barbaridad». El máximo permitido para un pescador con licencia son 500 gramos. Mauri insiste en que las persecuciones a furtivos son solo la parte «espectacular» de su oficio. «En realidad trabajamos más en tierra que en la mar». Su labor principal consiste en controlar la comercialización del pescado, «que es donde se mueve el volumen más grande de producto». De hecho, los doce inspectores apenas pueden hacer frente al ingente volumen de pescado que todos los días se descarga en los puertos vascos. «Los barcos, las lonjas, los mayoristas, las pescaderías... incluso comprobamos que los restaurantes compran el productos dentro de la cadena de comercialización oficial». Se encargan de supervisar hasta el último de los pormenores del sector, como el peso correcto del pescado, las licencias de pesca y marisqueo, los controles de higiene de la flota o el transporte de mercancías.

El etiquetado debe indicar qué especie es y dónde y cómo se pescó.
El etiquetado debe indicar qué especie es y dónde y cómo se pescó.

Insisten en la obligación de etiquetar correctamente cada pieza. La ficha enganchada a la cola del pez debe indicar su nombre exacto (científico y común) y dónde y cómo se pescó. Si los puntos de ventas no muestran esa etiqueta incurrirán en una sanción grave, y en caso de haber reincidencia en una «muy grave» –de hasta 60.000 euros–. «La semana pasada inspeccionamos el Mercado de la Bretxa. Ahora toca el de La Ribera de Bilbao, y después las pescaderías de Bizkaia y Gipuzkoa», advierte Mauri. «A nadie le gusta poner multas, es desagradable; pero esto es también una labor de pedagogía. Toda la información que recabamos durante el proceso debe llegar al consumidor para garantizar transparencia», defiende. «No es que las pescaderías oculten información, si no que no están acostumbrados a estos protocolos».

La patrullera 'Garbi'

Equipo
Tres tripulantes (mecánico, marinero y patrón) y doce inspectores.
Recursos
La "Garbi" tiene 20 metros de eslora y cuenta con una zodiak. Es un poco más grande que "Ikuskari", la otra patrullera. También cuentan con seis coches, dos furgonetas y un todoterreno.
Sanciones
En lo que va de año han registrado 352 informes, de los que 48 eran sanciones.

Bruselas decide

Igual que su aita y su aitite, Sergio Ugalde ha surcado las aguas de medio mundo a bordo de los grandes atuneros que llegan hasta Senegal. Este robusto bermeano ha sido testigo de cómo se «cerraban los mares» del planeta y le preocupa que las cuotas que reparten la pesca de cada territorio no sean justas. «Las grandes embarcaciones que solo tienen un par de tripulantes y arrasan los océanos con redes gigantes no permiten un reparto de la riqueza».

Sergio está convencido de la importancia de la regulación del sector. «El mar ha sido desde siempre un lugar de saqueo. Cualquier medida de protección del pescado es necesaria y positiva». Después de dejarnos en Lekeitio, la 'Garbi' fondeará en Pasajes, uno de los puertos más importantes de Europa. «Allí se descarga el 13% de toda la merluza del norte que se pesca en el continente. Hay muchísima vidilla y aún más trabajo para nosotros», explica Mauri. «Un comité de Bruselas ha decidido hasta el último pez que se puede pescar en el Cantábrico. Esa es la única regulación que se acata en estos mares».

Mauri explica que cada otoño aparece en la costa un gran cardumen de sardinas. «Un marino de Hondarribi me dijo el otro día que si había poco pez, ¡a tomar por saco!, iba esperar a que se recuperase antes de salir otra vez a pescarlo. Hemos cambiado la mentalidad por fin. Hace falta regular la pesca para que el producto no se agote y el mercado no se abarate».

La última operación: 25.000 kilos de verdel de contrabando

El pasado marzo la Inspección Pesquera del Gobierno vasco culminó una de las operaciones más importantes en lo que va de año. Corrían rumores de que varios pesqueros gallegos estaban comerciando con mercancía fuera de la cadena legal de venta. Los inspectores esperaron con los prismáticos en las manos y a oscuras en un portal del puerto de Ondarroa, donde supuestamente descargaban el contrabando. En plena madrugada un barco llegó al puerto y, mientras abarloaba en el muelle, otro camión se acercó sin luces. Descargaron la mercancía rápidamente, en apenas cinco minutos, y el pesquero salió pitando otra vez mar adentro. Más tarde volvió a aparecer con una nueva carga. Esta última era la «oficial», que sí contabilizaron y pesaron según el protocolo habitual.

«El verdel es una especie que aparece cerca de la costa y en bancos muy grandes, pero la cuota para pescarlo es muy limitada», explica Mauri. Si un pesquero descarga más cantidad de la que debe durante un año, ese desfase se le descuenta al año siguiente. «Estos barcos no contaban con permisos para pescar todo lo que querían, por lo que solo registraban oficialmente una carga. La otra la comercializaban ilegalmente». Durante la operación incautaron dos camiones con 25.000 kilos de verdel de contrabando.

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