«Vienen a darte dinero para que te acuestes con ellos»

Cristina pide en el metro de Barcelona. / L. D.
Cristina pide en el metro de Barcelona. / L. D.

Su historia es la confirmación de que a cualquiera en un momento la vida se le da la vuelta. Cristina Sánchez, 39 años, regentaba la floristería familiar en Barcelona cuando, por la crisis y la 'desaparición' del padre de sus criaturas, acabó arruinada y desahuciada por el banco con dos hijos pequeños. «La primera visita a los servicios sociales me espantó, porque lo primero que hacen cuando te ven así es abrir un expediente de desamparo para quitarte a tus hijos si fuera necesario, con lo que somos muchas las que no recurrimos ya a ellos. Eso es aporofobia institucional. Todo esto les pasa a muchas madres, te sientes súper atacada por ser pobre, te pueden quitar la tutela de tus niños sin pasar por un juez».

Y mientras sus hijos están en la escuela, ella pide limosna por las calles y el metro de Barcelona. Evidentemente, con dos niños de 5 y 3 años, no duerme en la calle; un conocido la ayudó en octubre de 2016 a dar la «patada en la puerta» para poder vivir de okupa. «Mis propios educadores sociales me lo aconsejaron». Y así sigue hoy.

«Al hacerlo, arriesgué mi libertad y ahora vivo en la ilegalidad. De la noche a la mañana. Vas pidiendo a familia y amigos hasta que ya no puedes más y descubres que puedes mendigar para llenar la nevera. Me llaman sinvergüenza con cara de asco y me dicen que me ponga a trabajar, aunque al 95% le eres indiferente. Yo me indigno y les digo que eso no es tan fácil». Conoce a muchas madres que han tenido que recurrir a la prostitución porque «si sabes que te pueden quitar a tus hijos, haces lo que sea. Yo no lo permitiría, mis niños y yo somos inseparables».

Asegura que dormir en la calle «es lo último para una mujer, por las violaciones, agresiones, el miedo a que se metan contigo. A mí me han ofrecido dinero por acostarme, vienen hombres del barrio que conocen mi situación a proponérmelo... Un hombre de 70 años me ofreció trabajar de jardinera en su casa cuando lo que quería era otra cosa... En fin, yo espero que mi vida cambie, pero, de momento, hemos formado un grupo de mujeres, madres en la misma situación, para pelear por nuestros derechos. Porque, a pesar de todo, lo peor es la aporofobia institucional». Su historia está en YouTube: 'Madre de dos hijos pidiendo en el metro de Barcelona'.

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