«Para un trasplantado, cada paso por un badén es un suplicio»

Mateo Lafragua pasa por un resalto.
Mateo Lafragua pasa por un resalto. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ

Mateo Lafragua, con dos trasplantes renales y continuos traslados en ambulancia, emprende una campaña contra la proliferación de resaltos en la red viaria vasca

AINHOA DE LAS HERASARTZINIEGA.

«Me tenían que haber enterrado hace 35 años, estoy vivo gracias a que he nacido en este época y la diálisis ha avanzado mucho, pero sobre todo por la generosidad de dos familias que en un momento de dolor decidieron donar un órgano. Mientras la mía celebraba mi vuelta a la vida, otras lloraban por la pérdida de un ser querido. Ahora, me siento obligado a devolver lo que he recibido». Mateo Lafragua, doble trasplantado renal, encabeza una cruzada contra la generalización de los resaltos, más conocidos como badenes, desde hace unos quince años en la red viaria vasca.

«Para un trasplantado, alguien con una rotura de tibia, un politraumatizado... cada paso por un resalto es un suplicio y cada vez que iba al hospital de Cruces, en un tramo de siete kilómetros, en Gordexola nos encontrábamos con diecinueve», advierte. «No todo vale por la Seguridad Vial. Entonces, para frenar la velocidad de los vehículos tendrían que poner badenes de cuarenta centímetros, pero eso sería jugar con la salud de los trabajadores de emergencias y de los pacientes».

Lafragua ha elaborado un estudio que ya presentó en el Parlamento Vasco, en febrero de 2016, donde se aprobó por unanimidad de los grupos políticos y obtuvo el compromiso de realizar un análisis de todos los badenes existentes en el País Vasco. En las Juntas Generales de Álava decidieron no instalar nuevos resaltos hasta contar con una resolución clara y suspender las subvenciones para su colocación y por último, hace apenas dos meses, en las Juntas Generales de Bizkaia.

Mateo Lafragua, natural de Ar-tziniega (Álava) de 62 años, sufre problemas renales desde los 23 años y ha superado dos trasplantes, el último de ellos, de alto riesgo, hace once años. «El otro me duró ocho años gracias a la medicación porque lo rechacé desde el principio, me provocó una peritonitis y muchas otras secuelas», detalla. «En una ocasión, me desestabilicé al pasar por uno de estos elementos, la ambulancia tuvo que parar para recuperarme porque me iba», explica. Además, «he tenido que ir a diálisis durante años, tres días por semana. Te llevan en una ambulancia de transporte sanitario, no de emergencias. Sales fatal y hay riesgo de sangrado por la punción».

Después de muchas charlas con los profesionales de las emergencias, sobre todo conductores y enfermeros de ambulancias, llegó a la conclusión de que había «un problema grave escondido detrás de esta situación». «Al principio, crees que eres tú solo, pero me iban diciendo: 'Hoy hemos llevado al hospital a un paciente con la tibia rota y ha visto las estrellas'». Después de hablar con Osakidetza, Cruz Roja, DYA, sindicatos, Luis Murgia -asesor de Movilidad y Seguridad Vial del RAC vasconavarro-, le animó a realizar un estudio. «No había nada hecho en este campo» y se puso manos a la obra.

«En una ocasión, me desestabilicé y la ambulancia tuvo que parar porque me iba» RIESGOS

«En Francia optan por frenar el tráfico estrechando la calzada y colocando pivotes» ALTERNATIVAS

Recabó numerosos testimonios de distintos enfermos que llegaban «descolocados a Urgencias», de embarazadas que «pensaban que iban a tener al niño allí mismo», de personas con costillas rotas y riesgo de que les tocara el pulmón. Hasta ese momento había sido «un tema de café», pero se propuso «visibilizar que detrás de estos elementos hay problemas graves». «Los más agresivos son los que se instalan sobre pasos de cebra».

Otro vecino de Artziniega, Paco Gómez, que tiene dos hijos adolescentes en silla de ruedas, es otro de los afectados por los resaltos. «Repercuten negativamente en la salud de mis hijos», lamenta, ya que tiene que trasladarles casi a diario y en ocasiones ha de parar para recolocar las sillas.

No más de 10 centímetros

La normativa señala que no deben superar los 10 centímetros con un acceso de un metro en los tramos de 30 kilómetros por hora, y de metro y medio, en los de 50. Está comprobado que las ambulancias, que deben bajar la velocidad a entre 10 y 15 kilómetros por hora en estos puntos, pierden 10 segundos en cada resalto, que «en el caso de un infartado pueden ser vitales».

Mateo Lafragua ha planteado a varios alcaldes los motivos por lo que optan por instalar badenes y le han contestado que es «el más conocido y económicamente viable». Tampoco cree que sean los más seguros para los peatones, porque al final «el conductor que quiere saltarse las normas aprovecha que el de delante frena para adelantar en este punto», advierte. Su campaña no pretende eliminar los resaltos, sino que se estudien otras alternativas para frenar el tráfico como estrechar la calzada o colocar pivotes de plástico, una solución que están adoptando en Francia, por ejemplo. «Quitar los resaltos sin encontrar una solución alternativa, sería un error».

Otro de los inconvenientes pasa por las distintas administraciones implicadas. Las carreteras son forales, la seguridad vial depende del Departamento de Seguridad y las vías urbanas de los municipios, por lo que se ha dirigido también al Ararteko para que reclame una «normativa general para todos».

Emergencias de Osakidetza realizó un informe en el que se solicitaba que no se coloquen pasos elevados en las vías que llevan a los centros hospitalarios, «y en ninguno de los vascos s cumple».

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