Tradición a flor de piel en Leitza

Los ezpatadantzaris del club Aurrera durante la exhibición que realizaron ayer en la plaza de Leitza.
Los ezpatadantzaris del club Aurrera durante la exhibición que realizaron ayer en la plaza de Leitza. / GEREÑO

Los ezpatadantzaris locales volvieron a ofrecer un gran espectáculo

ELISA BELAUNTZARANLEITZA.

Nervios e ilusión hicieron que un año más los ezpatadantzaris de Leitza volvieran a triunfar ante su fiel público. Una mezcla que puede resultar explosiva, pero que los jóvenes dantzaris de Aurrera dan-tza taldea controlan y con la que logran encandilar a locales y visitantes. Este año volvieron a conseguirlo.

Minutos antes de salir a la plaza en el día grande de las fiestas de San Tiburcio, un continuo tintineo de las campanillas que cuelgan de las perneras de sus impolutos trajes blancos, inundaba el enorme consistorio. El nervioso kriskitin-kriskitin anunciaba el repaso de algunos de los ocho dantzaris que no querían olvidar ninguno de los pasos del popular baile leitzarra. No les hacía falta ya que desde pequeños, Miguel Olano, Izar Ugartemendia, Manex Moreno, Ane Zabaleta, Ander Alduntzin, Andrea Casares, Alaitz Oiartzun y Joseba Sagastilbeltza han visto bailar a los que les precedieron en tan destacado acto festivo. Para los dantzaris leitzarras, la ezpatadantza es uno de los bailes míticos, que repiten en los ensayos que realizan a lo largo del curso aunque, según destacaba Joseba Sagastibeltza, el veterano del grupo, «el último mes, nos hemos centrado en este baile y lo hemos preparado completo».

Todos repetían el día 11 de agosto en uno de los principales actos del programa festivo en honor a su patrón, San Tiburcio, pero su gesto era tenso cuando sonaron las primeras notas de mano de los txistularis municipales. Era la señal de que debían enseñar lo bien que saben bailar la versión leitzarra de la Ezpatadantza. Los músicos además se convierten en sus cómplices ya que conocen a la perfección la fórmula exacta que hace que esta antigua cita festiva resulte un éxito y la gran respuesta del público es la mejor muestra de ello.

La Ezpatadantza es uno de los bailes míticos para los leitzarras, que la preparan a lo largo de todo el curso

Orgullosos y contentos

Tras los primeros minutos en los que se podía sentir la emoción y tensión que reflejaban los rostros de los dan-tzaris, comenzaron a aparecer algunas leves sonrisas. Los amigos, familiares y vecinos de Leitza se encargaron de animar a cada uno de los dantzaris en el momento en el que en grupo o en solitario ocuparon los puestos principales. La complicidad de unos y otros extraña a los visitantes y es difícil de explicar, pero las caras de felicidad de los padres de los protagonistas y sobre todo de sus abuelos, lo dicen todo.

Tras unos treinta minutos del baile que siempre está ligado a la conmemoración o rendición de honores, el silencio roto por las melodías de los txistus y los vítores del público desaparece y los aplausos, que se alargan durante varios minutos, anuncian el final del acto.

Los rostros serios de los protagonistas al comienzo muestran ahora una gran sonrisa mientras sus más allegados les saludan y reciben los besos y los 'zorionak' de sus madres, sobre todo, que orgullosas no reprimen su alegría porque otro año más ha resultado un éxito.

El público se vuelca con los jóvenes dantzaris, que reciben sus ánimos y aplausos

Después, es el turno de las fotografías en grupo o de familia con sus sobrinos, hermanos, novias y novios... Muy cerca, les esperaba el merecido 'hamaiketako' que les preparan cada año en la sociedad Etxe Txuri, donde comentaron los detalles del baile, recordaron anécdotas de los anteriores y planearon la próxima cita del 11 de agosto de 2018.

Fotos

Vídeos