¿Por qué ellas no tienen trabajo?

Retos pendientes del 8M

¿Brecha salarial? Cuatro mujeres denuncian también la que se produce por género, edad o procedencia

¿Por qué ellas no tienen trabajo?
Ana Vozmediano
ANA VOZMEDIANO

En este reportaje podría hablar María José, una mujer de 55 años que después de 25 años trabajando como peluquera, diez en una tienda de confección a medida y uno más a media jornada en un establecimiento de ropa, salía la semana pasada de la sede de Lanbide en Gros con cara de desánimo. «A ver a dónde voy yo ahora, con mi edad. No quiero hablar, de verdad. En fin, en casa comeremos más patatas». O se podría hablar de cualquiera de las 72.000 mujeres que están en situación de desempleo en Euskadi según los últimos datos de Lanbide frente a los 54.700 parados varones. La brecha es de género, no solo salarial,y no había sido tan alta desde el año 2005. Los expertos apuntan como razones la incorporación masiva de mujeres al mercado laboral durante la crisis y a su escasa presencia en sectores como la industria.

Las caras que protagonizan esta información son Uxue, una chica con el título de Magisterio; Catia, una feminista brasileña experta en marketig y publicidad; Rosa, vendedora de ropa y aspirante ahora a ser agente de Movilidad en San Sebastián y María, una hondureña que estaba segura de que no le faltaría trabajo para cuidar ancianos. Ellas hablan también de otras brechas como la de raza y origen o la de la edad.

El pasado 8 de marzo, este periódico, además de cubrir una jornada histórica, decidió también reflejar la situación de las mujeres a lo largo de todo el año. El compromiso es visualizarla todos los días 8 de cada mes. En abril se organizó un debate entre contertulias muy diferentes y de ámbitos muy distintos

«Soy optimista y mesiento capaz» Rosa Sánchez

Es donostiarra, pero Rosa Sánchez ha vivido en Vitoria durante años. Incluso ha conducido sus autobuses y se encuentra aún en la bolsa de la compañía de transportes alavesa. Su trabajo de toda la vida ha sido la de vendedora de ropa, una tarea en la que empezó desde joven. En una conocida multinacional en la que la primera frase que se pronunciaba en el cursillo era la de «no vamos a negar que esta es una empresa machista». Y lo era, ella lo certifica.

«Las mujeres no podían llegar a ningún puesto de responsabilidad y en el mismo empleo ellas cobraban menos. Los insultos eran frecuentes, llegué a grabarlos, pero cuando los presenté no me hicieron ningún caso. Me fui». Rosa siguió como vendedora durante veinte años, pero quería regresar a San Sebastián, a su ciudad natal, porque pensó que iba a tener más oportunidades. «Es una ciudad más abierta, con más posibilidades... Lo de la bolsa de conductores lo tengo ahí, pero la verdad es que llamaban muy poco».

Esta mujer se encontró entonces con otro hándicap: la edad. «Llegas a los 40, 42 años, y te das cuenta de que algo ha pasado, que para muchas empresas no cuentas. En tiendas que venden ropa para chicas jóvenes ni siquiera te miran y la experiencia les da lo mismo».

Nunca pensó en quedarse en casa, «¿qué hubiera sido de mí si lo hiciera?» y se enteró de que habría oposiciones en Donostia para agente de Movilidad. ¿Lo mejor? «¡¡¡No ponían límite de edad!!!». Así que Rosa, que vive en pareja y no tiene hijos, se prepara tanto para los ejercicios físicos como los teóricos en el sindicato CCOO. Sabe que la mayoría son hombres, pero también que en las instituciones públicas hay cupos para las mujeres. «Soy optimista y decidida. Me siento capaz, como cuando me saqué el carnet de autobús».

«No puedo regresar ni tampoco tener papeles» María Oliva

María Oliva llegó desde Honduras hace dos años. No conocía a nadie en Gipuzkoa, pero sí había escuchado que no era difícil encontrar trabajo para cuidar a los ancianos en sus casas. María no aspira a más, pero hasta ahora solo ha podido encontrar algunas sustituciones porque a esas personas no se les puede dejar solas. María acude a Lanbide, sin encontrar demasiadas respuestas, y para comer acude a la iglesia, que le aporta alimentos. Dejó en su país a sus cuatro hijos, Dania, Gisela, Arjeri y Soaz, pero, además, una deuda económica que tuvo que contraer para llegar hasta el País Vasco.

«No he perdido la paciencia, consigo sobrevivir poco a poco y, desde luego, no puedo regresar hasta que no gane el dinero suficiente para pagar la cantidad que debo en Honduras. Sé que sirvo para cuidar ancianos, que puedo hacerlo bien, y lo que necesito es algo fijo que no sean sustituciones ocasionales».

Su situación es la de tantas migrantes: sin trabajo no hay papeles y si el empleo no llega, tampoco el dinero para enviar a su casa o para devolver la deuda. María tiene una ventaja... esa tranquilidad y paciencia con la que recorre las calles de Donostia y Errenteria esperando esa persona a la que cuidar.

«La brecha del origen es más profunda que la salarial» Catia Reinder

Catia Reinder es una joven asistente de marketing y publicidad de Brasil que llegó a San Sebastián por casualidad, cuando iba camino de Londres. La razón de por qué se quedó se la guarda para ella, pero esta mujer que puede jactarse de tener una buena formación, ayuda ahora a otros nuevos donostiarras a convalidar sus títulos, a que se homologuen las titulaciones. Participa activamente en la Casa de las Mujeres porque aunque el marketing era lo suyo, ahora quiere dedicarse a la integración social y la economía feminista.

Es consciente de que la sociedad piensa que aquellos que llegan desde otros continentes, sobre todo desde Sudamérica, van a dedicarse a cuidar ancianos. En muchos casos es cierto, como le ocurre a nuestra anterior cara de mujer desempleada. En otros, como el de Catia, no. Pero esta mujer sí trabajó como interna en un domicilio con señora mayor incluida. Cuatro años «haciendo lo que se espera de nosotras. Es curioso porque en países como el mío, como Brasil, la gente no llega a edades tan longevas y, en consecuencia, dolencias como el alzheimer no son tan frecuentes como lo son en Europa. Sin embargo, se nos considera las cuidadoras por excelencia».

De todo aquello sacó dinero para sobrevivir, pero también depresión, la sensación de una vida laboral truncada y la certeza de que donde vivía pensaba que ni tan siquiera sabía leer ni escribir «como nos sucede a todas nosotras». «He encontrado un hueco en la Casa de las Mujeres que me sirve de apoyo. No es un empleo, vivo de las traducciones o de cuidados por horas. Necesitamos los papeles porque son la clave. Aceptamos las condiciones que sean lo que aporta un poder inmenso a los empleadores»

Catia es de Sao Paulo. «Allí no se sabe muy bien donde está España o el País Vasco. Allí se conoce Ordizia por los trenes de la CAF. Cuando llegué lo primero que hice fue visitar la localidad¡. Es bonita».

«Mi sueño es la educación especial y voy a conseguirlo» Uxue Goldarazenea

Tiene 23 años y desde muy pequeña ha tenido claro que quería ayudar a los demás, sobre todo a los niños que tienen más dificultades de aprendizaje, que padecen síndromes que les impiden avanzar como los demás. Por eso, y aunque su nota de selectividad le permitía hacer otros grados universitarios con más prestigio social, Uxue Goldarazenea tiene el título de Magisterio de Primaria en Educación Especial. Además del EGA, «mi lengua materna es el euskera» y el Firts de inglés. Domina el lenguaje de signos , «me asombró que en la universidad ni lo nombraran» y lleva desde los 18 años como voluntaria de Aspace y Aspagi y todo tipo de organizaciones que se dedican a estos colectivos.

Su sueño es trabajar en un colegio, hasta ahora ha hecho tareas «pequeñitas», como tres horas de animadora infantil algún sábado, por ejemplo, pero no quiere renunciar a ayudar a la gente con problemas, a enseñar, a dedicarse a lo que es su vocación. No se plantea tener que renunciar a sus sueños. «¿De verdad te parezco entusiasta? ¿Te extraña con la edad que tengo? Es verdad que cuando terminé la carrera me quedé muy perdida. Somos una generación preparada, pero también peleona y revolucionaria y yo no paro quieta. Saber lo que quiero y levantarme contenta cuando me dedico a ello lo he vivido».

Recuerda la manifestación del último 8 de marzo como un momento especial en su vida. «Fue increíble, quedé con mi madre y creo que se demostró que se necesitan actos como ese. Las chicas valemos tanto como los chicos o más. Tenemos que avanzar, ya vale de tantas brechas de todo tipo».

La brecha de género en el paro vuelve a ampliarse

El paro femenino ha sido tradicionalmente muy superior al masculino. Y las cosas no han cambiado. Así era hasta que estalló la crisis. La masiva destrucción de puestos de trabajo que se produjo entonces afectó especialmente a sectores como la construcción y la industria, con mayor presencia de hombres. Eso hizo que la tasa de desempleo de las mujeres llegara a ponerse por debajo de la de los varones. Pero con la recuperación económica se está volviendo a la desigualdad del pasado. El paro femenino se situó en el primer trimestre del año en el 12,5% y el masculino en el 10,1%, según los datos elaborados por el Eustat. La diferencia es de 2,4 puntos, la mayor desde 2005.

A esta brecha en la cola de Lanbide se suman otras como, por ejemplo, que ellas están más afectadas por la temporalidad y el trabajo a tiempo parcial y que son mayoría en las ocupaciones peor remuneradas; en consecuencia, sus salarios son inferiores a los de los hombres en un 24%. La brecha de género tiene muchas causas y difícil solución. Antes de que golpeara la crisis, en 2008, el paro estaba en mínimos, aunque la tasa en el caso de las mujeres era algo superior a la de los hombres, un 4% frente al 2,9%. Conforme la recesión fue avanzando y los despidos multiplicándose, las colas ante Lanbide fueron creciendo. Los varones se llevaron la peor parte en la primera etapa hasta el punto de que, en 2013, la tasa de paro de ellos superaba a la de ellas en casi dos puntos. Tras llegar a un pico de desempleo de casi el 17%, el mercado laboral comenzó a recuperarse de forma clara a partir de 2015 y los hombres volvieron a tomar ventaja. El número de mujeres en paro creció de forma imparable desde las 17.600 hasta las 84.100 entre 2008 y 2015. Pero una vez se inició la recuperación, el desempleo bajó más entre los varones.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos