De Tolosa a Leitza, hasta la plaza de 'Ocho apellidos vascos'

Nuestra carretera corre paralela al rio Zelai desde el inicio de su recorrido.
Nuestra carretera corre paralela al rio Zelai desde el inicio de su recorrido. / L. A.

Entre bosques y valles siempre diferentes, serpentea una carretera jalonada de joyas culinarias que une Gipuzkoa y Navarra

JAVIER GUILLENEA

Son 19 los kilómetros que separan la guipuzcoana Tolosa de la navarra Leitza a través de la GI 2130, la NA 1320 y su hermana, la 170. No es mucha distancia pero sí son muchos mundos diferentes. La carretera cruza polígonos industriales, avanza por prados, se adentra por espesos robledales y hayedos, atraviesa valles y asciende entre curvas hacia alturas desde las que se vislumbran las cumbres de la sierra de Aralar.

Alforjas holgadas y estómagos vacíos

Para el viaje será mejor llevar alforjas holgadas y estómagos vacíos aunque, quizá, si se parte a primera hora del día, no estaría mal un desayuno en alguna de las dos pastelerías Eceiza, de Tolosa. Elegir entre toda la bollería es una tarea difícil, pero lo que no pueden faltar son las tejas y cigarrillos. A partir de ahí las bombas de crema o nata, los condes, jesuitas o suelas, por nombrar algunos manjares, son de opcional cumplimiento.

Desde Tolosa -mejor no olvidar comprar algunas alubias antes de partir-, la GI 2130 conduce directamente a Ibarra, pequeña localidad famosa por sus langostinos pese a no tener mar. Es el nombre que reciben sus guindillas de sabor suave y poco picantes, que son objeto de culto y la base de la madre de todos los pinchos: la gilda. Merece la pena un alto en el aún breve camino para comprar alguna de estas joyas culinarias.

Una vez cumplido el trámite, entre campos de guindillas, que comienzan estos días a recolectarse, la carretera avanza recién asfaltada junto al río Zelai hacia Berrobi. Este municipio de casi 600 habitantes atesora uno de los templos gastronómicos de la zona: el restaurante Iriarte, especializado en cerdo confitado.

La casa de Amaia, la plaza del pueblo y la herriko taberna son aún visitadas por turistas

A partir de Berrobi la ruta comienza a ascender lentamente hasta que una señal que anuncia un desnivel del 8% advierte al conductor de que el paisaje está a punto de cambiar. Y es justamente eso lo que ocurre. El verde se adueña de la vista entre colinas suaves cubiertas de árboles hasta que las primeras curvas anuncian un nuevo cambio. La carretera se estrecha y lo que antes era suave ahora se intuye agreste, pero no es más que una ilusión. Un corto y serpenteante tramo encajonado entre robles y hayas transporta al viajero hacia un nuevo mundo que se abre de improviso en forma de valle luminoso.

Vegetación exuberante

La carretera continúa su ascenso en medio de un horizonte que parece haberse ensanchado para acoger a las cuidadas casas de Elduain, la cuna del cura Santa Cruz. A partir de ese punto la calzada se estrecha y vuelve a verse abrazada por los árboles. En algunas zonas la vegetación se torna exuberante y amenaza con invadir el asfalto. Hace varios kilómetros que se ha perdido la luminosidad del valle anterior. Ahora el camino está dominado por las sombras hasta que de nuevo, una vez más, la luz aparece por sorpresa.

La plaza de Leitza donde se rodó la película. / EFE

Estamos en un valle de origen glaciar donde amplios prados forman la moqueta sobre la que se asienta Berastegi, localidad de mil habitantes de la que se dice que cuenta con dos ovejas por persona. Es un detalle que se nota en su producción de quesos, abundante y de calidad.

La subida no ha terminado, la carretera deja atrás el valle y enfila hacia Navarra. Pero antes nos deja una sorpresa llamada Lindozulo, un amplio prado en el que casi todo el año se pueden ver ovejas pastando pero que a veces, no siempre, se convierte en laguna en época de lluvias.

El camino es leve y ondulante, avanza entre árboles y campos que forman un rompecabezas de tantos tonos verdes como uno pueda nombrar. La GI 2130 cambia suavemente de identidad. Ahora es la NA 1320, que cruza sobre el río Leitzaran. Pronto será la 170, que desembocará en Leitza, escenario de 'Ocho apellidos vascos'. La casa de Amaia, la plaza del pueblo y la herriko taberna son aún visitados por turistas que quieren conocer los diferentes lugares donde se rodó la película. Es el fin del trayecto y el momento de almorzar. En esto del comer hay cosas que no cambian.

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