Y el Guggenheim estalló de luz

El espectáculo de luz y sonido para celebrar el XX Aniversario del Guggenheim sorprendió. / J. ALEMANY

El vigésimo aniversario del Guggenheim llenó de luz el museo con el espectáculo 'Reflections', que no defraudó a nadie

OSKAR BELATEGI BILBAO.

Anoche el Guggenheim ardió, volvió a construirse desde sus cimientos, se sembró de flores, se disolvió en agua y sopló sus veinte velas ante el asombro de sus vecinos. Y todo en apenas veinte minutos. 'Reflections', el espectáculo cumbre que pone fin a los fastos por su aniversario, no defraudó en su síntesis de tecnología y poesía. Hora y media antes del primer pase (habrá siete diarios hasta el sábado desde las ocho y media de la noche hasta las once), la acera de la Avenida de la Universidades ya estaba intransitable. Se respiraba un ambiente como el de los fuegos en la Aste Nagusia.

Nadie sabía muy bien qué iba a ver. Ni siquiera Leo Warner, el director de la empresa británica 59 Productions, creadora de este evento que cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Bilbao, la Diputación de Bizkaia e Iberdrola, parecía tenerlo claro. «El edificio es el que controla lo que va a pasar, no nosotros», decía misterioso desde los dos tráiler-caravana bajo el Puente de la Salve que sirven de centro de control. Cincuenta personas del mismo equipo responsable del vídeo inaugural de los Juegos Olímpicos de Londres han trabajado durante un año. Los últimos cinco días han rodeado el museo de luces, proyectores, altavoces y cinco kilómetros de fibra óptica.

A las ocho y media en punto se hizo la magia. Un millón de lúmenes, el equivalente a cincuenta proyectores de una sala de cine, convirtieron la fachada norte del Guggenheim en una pantalla para contar una historia: la del edificio que cambió una ciudad. Primero unos focos dignos de un estreno de Hollywood barrieron la Ría como si buscaran algo. Los ecos de la txalaparta alumbraron una forja primitiva. Las imágenes de fuego, cadenas, hierro fundido y altos hornos recordaron un pasado industrial. Y de pronto, el edificio de Gehry se convirtió en un barco varado.

La técnica del 'video mapping' aprovecha las formas para crear espectaculares efectos. Como el resquebrajamiento del museo, metáfora de la crisis y la reconversión industrial, que dio paso a las líneas en un plano de arquitecto. Conceptos como tiempo, progreso y trabajo encuentran acomodo en 'Reflections', que depara dos hermosísimos momentos saludados con «ohhhs» del respetable. En uno, los andamios y vigas se yerguen y dan paso a la colocación de las losetas de titanio. Una a una. En otro logradísimo trampantojo, la araña 'Mama' de Louise Bourgeois cobra vida. Su sombra camina e infesta todo de telarañas. Eclosionan los huevos y decenas de arañas corren a por su presa.

«Inusual y maravilloso»

Warner confesaba que el espectáculo más complejo de toda su carrera dependía de las formas caprichosas de Gehry. «Es un edifico inusual y maravilloso. Pero la manera en que se refleja la luz es impredecible». Los modelos en 3-D han permitido transiciones tan logradas como la tormenta que da paso a millones de gotas de agua. O los colores de las pinturas alojadas tras sus paredes, que mutan a polígonos cibernéticos, el 'Tetris' más grande del mundo.

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