Una tarea constante como impulsoras de los procesos de paz

El papel jugado por la mujer africana en numerosos procesos de pacificación es uno de los aspectos más reiterados por las voces especializadas en la realidad del extenso continente. El rol femenino no solo fue determinante en Ruanda tras el conflicto de 1994, sino en muchos otros países. Uno de ellos Liberia, donde la activista Leymah Roberta Gbowee lideró el movimiento que puso fin en 2003 a la segunda guerra civil. El proceso posterior propició la llegada al poder de Ellen Johnson-Sirleaf, otra luchadora que había pasado por la cárcel y el exilio y en enero de 2006 se convirtió en la primera presidenta electa en África. Las dos compatriotas recibieron en 2011 el Premio Nobel de la Paz, junto a la activista yemení Tawakul Karman. Antes que estas tres, en 2004, la keniana Wangari Maathai recibió el mismo galardón por «su contribución al desarrollo sostenible, la democracia y la paz».

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