La menor que se mató al caer de un piso 15 en Bilbao quería entrar en casa para estudiar

La autopsia confirma que la adolescente sufrió una muerte accidental al intentar pasar de la ventana de la escalera a la de la cocina de su casa

AINHOA DE LAS HERAS

Una decisión errónea adoptada por un impulso le costó la vida en cuestión de segundos. Murió en el acto a causa de un traumatismo craneal y múltiples contusiones al caer accidentalmente desde un piso 15 en una de las torres de La Casilla, en Bilbao, según confirmó ayer la autopsia practicada al cadáver en el Instituto Vasco de Medicina Legal.

Según fuentes cercanas a la familia, la chica, de 17 años y origen chino, tenía estos días exámenes. Quería entrar en su casa, ubicada en el número 1 de la calle Olite Erriberri, en las cercanías de la Avenida del Ferrocarril, para estudiar. Los jóvenes de su edad se enfrentan ahora a la Selectividad, que se celebrará la primera semana de junio. Si obtienen buena nota, pueden elegir la carrera que quieren cursar.

Eran aproximadamente las once menos cuarto de la noche y no tenía llaves, se las había olvidado en casa. Llamó a sus padres, que regentan una tienda de ultramarinos y chucherías en el Casco Viejo bilbaíno. Le respondieron que tardarían aproximadamente un cuarto de hora en llegar. La adolescente estuvo esperando en el descansillo entre los pisos 15 y 16, donde después de la tragedia aparecieron su chamarra y una riñonera que había abandonado allí para saltar. Como antes de salir de casa esa tarde había dejado la ventana de la cocina abierta, pensó que podría pasar desde el ventanal de la escalera descolgándose por una de las tuberías, pero falló.

Por alguna razón, la adolescente perdió el agarre y se precipitó a un patio interior. En la caída colisionó con alguna ventana, cuyo cristal se rompió en mil pedazos.

Una vecina de la planta número 11 que en ese momento se encontraba recogiendo la ropa colgada del tendedero, sintió cómo le caían encima una lluvia de cristales al tiempo que escuchaba un «gran estruendo». Toda la comunidad amaneció conmocionada por la noticia. Otra residente estaba cenando con su hijo cuando oyó «un ruido que no se me va a olvidar en la vida. Me asomé y vi el cadáver». «Somos muchos vecinos y les conocía de vista, de hola y adiós», reconocía la mujer. El bloque tiene 19 alturas y en los bajos acoge numerosos establecimientos comerciales y lonjas.

LAS CLAVES

Conmoción
«Eran muy alegres, la viva imagen de la felicidad», describe una vecina del rascacielos donde vivían
El adiós
La familia despedirá a la joven en un «acto sencilloe íntimo» y no contempla repatriar el cuerpo

Dejó la chamarra y la riñonera en el descansillo de la escalera antes de intentar entrar en casa por la ventana.
Dejó la chamarra y la riñonera en el descansillo de la escalera antes de intentar entrar en casa por la ventana. / LUIS CALABOR

«Buena chica»

«Impacta, claro que impacta», coincidía Roberto Larrinaga, que se enteró del suceso poco después, cuando se lo contó su mujer. Ambos conocían a la familia de la chica fallecida desde hacía «unos 15 años», el tiempo que llevaban viviendo en el rascacielos. Avisados por la Ertzaintza de la fatalidad, los padres y otros familiares llegaron corriendo al edificio pasadas las doce la noche. Originarios de una ciudad próxima a Shangai, el matrimonio tiene además otro hijo algo mayor, de unos 20 años, al que unos allegados trajeron desde China en 2001. «Eran muy alegres, yo diría que la viva imagen de la felicidad», describía otra vecina, muy apenada. Ella, «menudita», «siempre andaba con las llaves para atrás y para adelante, solía esperar en el descansillo», corroboraba una mujer que reside en el piso situado justo enfrente.

Pedro Lee, el que fuera presidente de la asociación de chinos de Euskadi, describía a la adolescente como una «buena chica» y lamentaba su mala suerte. «Pobrecita...». En nombre de la hermética comunidad china, mostró sus condolencias a la familia, que despedirá a la joven en un «acto sencillo e íntimo», lejos de la «compleja cultura funeraria» de sus ancestros, que prevé «49 días de luto». Lee descartaba que fueran a repatriar el cuerpo. «Los padres están aquí y la niña también tiene que quedarse aquí».

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