25 años del crimen de Alcàsser

JAVIER MARTÍNEZ y ARTURO CHECAValencia

La herida sigue abierta y no deja de sangrar. Un cuarto de siglo después de aquel aciago 13 de noviembre de 1992, los autores del triple crimen de Alcàsser se encuentran en paradero desconocido y las familias de las niñas continúan sin cerrar el luto. Miguel Ricart solo cumplió una octava parte de la condena de 170 de cárcel que le impuso la Audiencia Provincial de Valencia, y Antonio Anglés se convirtió en el enemigo público número uno tras su fuga en 1993 y su posterior situación procesal de rebeldía.

El caso Alcàsser se ha convertido con el paso del tiempo en uno de los asesinatos que más titulares ha ocupado en la crónica negra de España. La brutales agresiones sexuales, la huida de Anglés, la teoría de la conspiración y la puesta en libertad de Ricart avivaron la crueldad, el misterio y el sentimiento de impotencia que aún tienen los familiares de las víctimas.

Hoy lunes se cumplen 25 años del rapto, violación y asesinato de Míriam, Desirée y Toñi, las tres menores que se metieron en la boca del lobo cuando hicieron autoestop para ir a la discoteca Coolor de Picassent y subieron, sin saberlo en ese momento, a un coche ocupado por dos violentos delincuentes. Según la sentencia del caso Alcàsser, Anglés y Ricart llevaron a las niñas de 14 y 15 años a una casa en ruinas en el paraje de La Romana en Tous, donde las ataron, torturaron y agredieron sexualmente; y a la mañana siguiente, Anglés asesinó de un disparo en la cabeza a las menores y las enterró con la ayuda de Ricart en una fosa que habían cavado tiempo atrás para esconder una moto robada.

Mientras guardias civiles, policías locales y vecinos buscaban a las adolescentes en pozos, casas abandonadas y barrancos de la zona, sin encontrar ninguna pista, un accidente de tráfico se cobró la vida de Fernando Castilla, un voluntario de Protección Civil de Torrent. El joven de 26 años murió al ser arrollado por un Nissan Patrol en una carretera de Picassent. Las tres madres de las niñas de Alcàsser depositaron flores días después junto al nicho del difunto.

La búsqueda de las menores se extendió a toda España tras la petición de colaboración ciudadana de unos padres angustiados que ya sospechaban que sus hijas habían sido raptadas. El 27 de enero de 1993 se confirmaron los peores presagios. Dos apicultores hallaron de forma casual los cadáveres de Toñi, Míriam y Desirée en el paraje montañoso de Tous. Una mano descarnada salía de la tierra lavada por la lluvia con dos huesos salientes y un reloj blanco con su mecanismo parado que marcaba las 14.30 horas.

El macabro hallazgo convirtió a los municipios de Tous y Alcàsser en el centro de la actualidad de toda España. El corresponsal de Llombai Forés Lahoz y otros dos periodistas de LAS PROVINCIAS, el único medio de comunicación presente en el levantamiento de los cadáveres, fueron testigos de la minuciosa inspección que realizó la Guardia Civil en la escena del triple crimen. Además de los trozos del volante médico que permitieron identificar a los asesinos, los investigadores hallaron cerca de la fosa una cazadora, un guante, unos prismáticos de tamaño pequeño, tres cinturones, un bote de laca para el cabello, otro de espuma moldeadora, una cinta de casete de Antonio Machín, una caja del fármaco Zantac, dos calcetines de lana, una botella de repelente de mosquitos, un tubo de tinte para el pelo y un videojuego, entre otros objetos.

Las escenas de dolor en el entierro de las niñas fueron desgarradoras. Anglés llegó al pueblo conquense de Minglanilla tras esconderse en la parte trasera de la furgoneta que conducía un agricultor de Vilamarxant. Un gran número de patrullas de la Guardia Civil rastrearon los montes de Alborache y Vilamarxant en busca del fugitivo, pero Anglés logró escapar tras amenazar a un agricultor para que lo sacara del cerco policial. / Fotos de José Marín, José Peiró y Manuel Lloret.
Trozos de papel

La minuciosa inspección que realizó la Guardia Civil en la escena del crimen fue clave para identificar a los asesinos. Varios trozos de un volante médico con el nombre de Enrique Anglés hallados cerca de la fosa condujeron horas después a la Guardia Civil hasta el domicilio de los Anglés en Catarroja, pero el presunto autor material de los crímenes ya no estaba allí, según los investigadores. Miguel Ricart, que aún no sabía que unos apicultores habían encontrado los cadáveres, fue detenido cuando se acercó a la vivienda del Camí Real para preguntar el motivo de la presencia de varios guardias civiles en el edificio. ‘El Rubio’ llevaba una bolsa con mandarinas para dárselas a la madre de Anglés. Los agentes también arrestaron a Enrique Anglés y lo dejaron libre cuando comprobaron que no estaba implicado en los crímenes.

El fallo de la Audiencia Provincial de Valencia asevera que Anglés y Ricart pudieron actuar en compañía, «posiblemente de alguna otra persona más», cuando invitaron a las tres niñas a subir al Opel Corsa que conducía Ricart, pero nunca se pudo demostrar la implicación de un tercer individuo. Tras analizar el ADN de diversos pelos y vellos encontrados en los cadáveres, el informe de los peritos del Instituto de Medicina Legal de Santiago de Compostela estableció «una alta probabilidad de que otras personas pudiesen intervenir en los hechos enjuiciados», pero esta circunstancia se investigó sin obtener resultados positivos.

El informe de las autopsias con las lesiones que sufrieron las niñas es la prueba fehaciente de que el ser humano es capaz de bajar a los rincones más oscuros de la indignidad y crueldad, que al fin y al cabo es lo que sucedió hace 25 años en aquella casa de los horrores en Tous. Después de la detención de Ricart y la fuga de Anglés, los padres de las víctimas trataron de rehacer sus vidas marcadas para siempre por la terrible desgracia, pero la muerte volvió a golpear a Rosa Folch y Fernando Gómez cuando enviudaron en los años 90. Vicente Hernández, padre de Desirée, falleció en el verano de 1994 como consecuencia de una larga enfermedad, mientras que Matilde Iborra, madre de Míriam, murió el 6 de febrero de 1998 en el Hospital La Fe tras sufrir una derrame pulmonar.

Luisa Rodríguez, la madre de Toñi, ha tejido con el paso del tiempo un halo de protección para que los periodistas no invadamos su intimidad. Dos o tres veces por semana, la mujer de 72 años visita el nicho donde reposan los restos mortales de su hija, y todavía mantiene en lugar seguro algunos objetos personales de aquella estudiante de 15 años del colegio público 9 d’Octubre de Alcàsser. Rosa también acude con frecuencia al cementerio, tiene la casa llena de fotos de su hija y guarda como un tesoro el DNI de Desirée. Las dos madres decidieron curar su hondas heridas en la intimidad, todo lo contrario que Fernando García, padre de Míriam, y no olvidan el tratamiento televisivo con el sufrimiento de tres familias retransmitido en directo y los juicios paralelos. «Aquellos días fueron los más tristes de mi vida y los revivimos cada vez que recuerdan los crímenes en televisión», afirmó Luisa con resignación.

¿Qué pasó?

13-11-1992
- DESAPARICIÓN. Anglés y Ricart raptan a las niñas y las llevan a una casa abandonada.
14-11-1992
- ASESINADAS EN TOU. Los dos delincuentes asesinan a las niñas tras violarlas en La Romana.
15-11-1992
- ACCIDENTE MORTAL. Un joven muere al ser atropellado cuando buscaba a las menores.
5-12-1992
- BÚSQUEDA. Un centenar de vecinos viajan a Granada para buscar a la niñas.
27-01-1993
- MACABRO HALLAZGO. Dos apicultores hallan los cadáveres cerca de sus colmenas en Tous.
30-1-1993
- ENTIERRO. Unas 40.000 personas asisten al entierro de las menores en Alcàsser.
26-3-1993
- BÚSQUEDA EN DUBLÍN. La policía portuguesa admite que Anglés ha huido en barco a Dublín.
5-9-1997
- CONDENA. La Audiencia de Valencia condena a Miguel Ricart a 170 años de cárcel.
29.11.2013
- LIBERTAD DE RICART. Miguel Ricart sale de la cárcel tras la derogación de la doctrina Parot.
16-02-2017
- HALLAN UN DIENTE. El forense Etxeberria halla un diente humano junto a la fosa en Tous.
14-12-2029
- EXTINCIÓN PENAL. La prescripción de los crímenes se retrasa por las escuchas telefónicas.

Los familiares de Anglés también intentan borrar de sus vidas los trágicos recuerdos de los crímenes y de un asesino que podría haber muerto ahogado en la costa irlandesa, como cree la propia madre del fugitivo. En un testimonio esclarecedor que publicó LAS PROVINCIAS en 2012, Neusa Martins reconoce que no querría saber nada de su hijo si estuviera vivo, y varios hermanos del prófugo reniegan de su apellido manchado de sangre e incluso lo cambiaron en el Registro Civil. Neusa tiene ahora 77 años y mantiene que Anglés «está muerto», aunque duda sobre su culpabilidad. Esta misma semana ha vuelto a referirse a la crueldad de su hijo. «Era muy violento en casa pero no sé si mató a las niñas», aseguró la anciana tras fruncir el ceño.

Pese a este rechazo familiar, los guardias civiles que investigaban el caso en 1994 y los agentes que lo revisaron en 2009 pidieron al juez la intervención del teléfono y el correo electrónico de Kelly Faces –nombre artístico de la hermana del fugitivo–, unas pesquisas que se autorizaron con el fin de localizar al asesino declarado en rebeldía y en paradero desconocido desde 1993.

Esta última diligencia de investigación retrasó la prescripción de los crímenes, según un auto dictado por el Juzgado de Instrucción número 6 de Alzira, hasta el 14 de diciembre de 2029. Después de esta fecha, Anglés ya no podría ser detenido por los asesinatos en el supuesto caso de que estuviera vivo y no se realizaran más escuchas telefónicas o se abriera una nueva línea de investigación.

Anglés se fuga

Tras el hallazgo de los cadáveres y la detención de Miguel Ricart en Catarroja, Antonio Anglés inició una huida marcada por la suerte y el instinto de supervivencia. El fugitivo se escondió durante varios días en casas abandonadas y chalés. Después de ser cercado en los montes de Vilamarxant, Anglés secuestró al agricultor Vicente Golfe y le obligó a llevarle en su furgoneta Citroën a la población conquense de Minglanilla. Golfe se asustó mucho y tardó dos días en denunciar los hechos en el cuartel de la Guardia Civil. Las 48 horas de ventaja fueron decisivas en la fuga. Mientras la Guardia Civil buscaba al asesino en los montes valencianos, Anglés llegaba a Madrid y luego cruzaba la frontera de Portugal. Días después, embarcó como polizón en el ‘City of Plymouth’ con destino a Dublín, y tras ser descubierto, huyó en una pequeña embarcación neumática, pero un helicóptero detectó al fugitivo a 300 millas de Burdeos y lo devolvió al barco. Según las investigaciones, Anglés saltó al agua en la costa de Dublín y su rastro se perdió en el Atlántico. Desde entonces, su búsqueda ha continuado sin éxito por distintos países de Latinoamérica y Europa.

Sin rastro de Ricart Cuatro años después de salir de Herrera de la Mancha, la pista del asesino se pierde en Francia

Repudiado por el cura que dijo acogerlo en Córdoba y mendigando en Barcelona, por Alcàsser circula ahora la versión de que vive en un monasterio galo

Apenas un hora después de dejar las rejas de Herrera de la Mancha, Miguel Ricart corría como una sombra entre las vías de la estación de Manzanares, con media docena de periodistas pisándole los talones, en el comienzo de su viaje de huida a ninguna parte. El 29 de noviembre de 2013, tras cumplir 20 de los 140 años de prisión, la aplicación de la doctrina Parot le abría al asesino de las niñas las puertas de la prisión a la que absolutamente nadie fue a visitarle en dos décadas. Hoy, su paradero sigue siendo un rotundo misterio.

«No tengo adónde ir», fueron las primeras declaraciones públicas de Miguel Ricart a bordo del tren que le conducía a Linares, efectuadas al fotógrafo de LAS PROVINCIAS Jesús Signes. Su primer intento de destino fue Córdoba. El propio Gobierno confirmó que la intención de ‘El Rubio’ era establecer su domicilio en la localidad andaluza. Un sacerdote de los Trinitarios que conoció a Ricart en el presidio barajaba ofrecerle cobijo. Pero el superior lo desmintió en unas horas: «No vamos a acoger a Ricart ni hemos estado en contacto con él». Hoy, ni el religioso ni nadie de la orden quieren volver a hablar del tema. No devuelven las llamadas de LAS PROVINCIAS al respecto. Han repudiado por completo a Ricart.

Antes pasó un par de jornadas en una pensión de Madrid, con los gastos pagados por una productora que gestionaba una entrevista con Tele 5. La presión social por la intención del canal de dar voz a un triple asesino acabó tirando por tierra cualquier emisión.

Un autobús con destino a Barcelona fue la siguiente etapa de la huida del exconvicto. La ruta le llevo a estar menos de una hora en la estación de autobuses de Valencia. Ni bajó del autocar. Siguió viaje hasta Girona, donde hoy se sabe que visitó una comisaría para renovar su DNI, inhabil desde 1992. Allí se le vio vagar durante varios días por las inmediaciones de la estación y mendigó junto a una pensión, según refirieron testigos.

Tras 12 días dando tumbos por España, Ricart cruzó la frontera. Pese a ser alguien con la condena cumplida, un ciudadano completamente libre, todos sus movimientos fueron vigilados por policías españoles. Al pasar a Francia supuestamente informaron a la Gendarmería de quién llegaba a su país, pero un fallo de coordinación dejó al asesino en paradero desconocido.

Y ello dispara la rumorología. En Alcàsser circula la versión de que Ricart esta refugiado en un monasterio de Francia. Neusa Martins, la madre de Antonio Anglés, lleva las suposiciones incluso más lejos. «Hace un año me saludó aquí en Albal. Iba en moto, se quitó el casco y me dijo que era él. Está más gordo, pero sí que era, sí». Y la oscuridad en torno al caso no cesa...

La casa de los horrores

Ni las abejas zumban aquí. El silencio vive en el paraje muerto de La Romana, un sinuoso barranco de Tous a unos 12 kilómetros de Catadau. Entre árboles quemados, terrenos pedregosos y el cadáver de alguna musaraña se alza un humilde vallado circular, delimitado por una verja metálica y señalizado por una tablilla de coto de caza. Tres pequeñas sabinas se alzan orgullosas dentro. El incendio que azotó la zona en 2012 lamió el tronco de un acebuche situado al lado, un olivo silvestre que se mantiene en pie. El fuego respetó los tres arbustos. Hay 10 macetas con geranios marchitos. Una vela reducida casi a la nada por el fuego. Y una rosa blanca artificial. Allí, hace 25 años, Míriam, Toñi y Desiree recibían un tiro letal a manos de Anglés y Ricart antes de ser enterradas en la fosa sobre la que aún se yerguen las sabinas plantadas en su recuerdo. Hasta allí siguen subiendo familiares, amigos o simplemente conocedores del drama a honrar sus memorias, como lo atestiguan las flores junto al vallado. Más de una vez ha sido visto por excursionistas o cazadores Fernando García, el más famoso de los padres de la tragedia. Arrodillado al lado de la fosa, meditando, quizás rezando, mirando fijamente la hondonada cubierta de tierra y hojas secas. A 800 metros, los últimos que las tres niñas hicieron a pie en sus vidas, se levanta lo que queda de la caseta de los Tomases, antigua vivienda de los apicultores que residieron en la zona, guarida delictiva de Ricart y Anglés y el infierno entre cuyas cuatro paredes fueron vejadas las niñas en la noche más oscura.

El silencio de La Romana sobrecoge. Sobre todo al imaginar sus gritos pidiendo auxilio. Nadie podía oírlas. Nada hay en kilómetros a la redonda. En la pista forestal por la que los homicidas condujeron el Opel Corsa blanco de Ricart, con las tres niñas en el asiento trasero, quedan colmenas abandonadas, un corral en desuso, con alguna piel de oveja aún colgando, y esqueletos de antiguos invernaderos. Muerte y más muerte. Hoy un coche utilitario normal no puede llegar hasta las casetas. Dos kilómetros a pie por terreno montañoso permiten atisbar la fantasmal silueta de la casa de los Tomases, al fondo del barranco. La caseta de los horrores sigue en pie. Emana malas vibraciones. Incomoda estar en ella, como si los muros tuvieran malignidad. Sólo una pared se ha desplomado. La del piso superior, donde fueron agredidas las niñas. El derrumbe deja a la vista el pilar de madera de unos dos metros al que, según la sentencia, fueron atadas las menores. Los tabiques están pintarrajeados por visitantes que dejan su nombre y la fecha de su visita. Muchos han subido tras los fatídicos 14 y 14 de noviembre de 1992. ‘En memoria’, se lee en una dedicatoria.

RUINAS Y RECUERDO. La silueta de la caseta de La Romana, arriba, con un muro derumbado y el mensaje ‘En recuerdo’ en una pared. Sobre estas líneas, el pilar del madera al que fueron atadas. A la izquierda, la fosa en la que las enterraron, rodeada por una verja y con una rosa artificial. / Jesús Signes

En Catadau o Llombay pocos saben ubicar el paraje. Las preguntas a vecinos te dirigen hacia la colindante urbanización Lloma Molina, pero no al remoto barranco. El bar Parador, el local de Catadau al que los asesinos bajaron a por tres bocadillos y una ensalada mientras las niñas permanecían atadas en la caseta, y donde comieron al día siguiente, manchados de tierra, tras cavar la fosa, está hoy ‘en venta o alquiler’.

Anglés y Ricart no pudieron buscar mejor escondite de los cuerpos. Sólo la casualidad permitió que los apicultores de la zona vieran la mano de una de las niñas y un reloj asomando entre la tierra removida para descubrir, 75 días después del rapto, el horror vivido en La Romana.

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