Diario Vasco

Una víbora mata de una mordedura a un perro en Leioa

Una víbora mata de una mordedura a un perro en Leioa
  • Su dueño, que paseaba por la parte trasera de la facultad de Bellas Artes, en el barrio Santsoena, se pregunta "qué habría pasado si hubiera atacado a un niño"

El paseo matinal de Juan Antonio Estévez el pasado domingo tuvo un final de lo más desafortunado. Como todos los días, había acudido con su perro a Santsoena, el camino que une el barrio Mendibile de Leioa con el campus de la UPV. Pero la plácida rutina se truncó al llegar a las inmediaciones de la facultad de Bellas Artes, donde se ubica uno de los parkings de la Universidad. Mientras caminaba por la amplia y frecuentada acera escuchó de pronto el lamento de su mascota, 'Miche', de año y medio. Cuando se giró, vio al perro doliéndose a pocos metros y una víbora a su lado, que calcula que "tendría unos 50 centímetros de largo y un grosor importante".

El reptil desapareció con rapidez tras morder al perro, que era fruto de varias razas, cerca del ojo derecho. Y Estévez, todavía con el susto en el cuerpo, se dirigió a su casa para pedir ayuda. "Llamé a mi pareja para que buscara un veterinario de guardia y até al perro para volver más rápido, pero enseguida me di cuenta de que estaba mal", relata. El veneno comenzaba a hacer efecto en el cuerpo del animal y su peso, apenas 7,5 kilos, jugaba a en su contra. "Estábamos todavía en el camino de vuelta y empecé a ver que arrastraba las patas. Antes de llegar a casa lo tuve que coger en brazos". Al llegar al veterinario, las noticias no fueron muy halagüeñas. "Lo intubaron pero el veneno se había extendido y comenzaba a atacar los órganos del animal; los riñones en especial estaban ya muy afectados", señala. El pronóstico se complicaba por momentos y pronto le transmitieron que no había nada que hacer. "Cada vez que salía el veterinario la cosa estaba peor y murió en unas pocas horas", recuerda.

A la tristeza por la pérdida de su primera mascota, que además había llegado a la casa para impulsar el desarrollo de una persona con discapacidad intelectual, se suma el desasosiego que produce una muerte de forma repentina y de este modo. "La verdad es que da cierto miedo. Uno se pregunta qué habría pasado si esto le sucede a un niño o a alguien como un amigo mío, que por una enfermedad previa no puede tomar los medicamentos que hacen de antídoto".

La zona donde la víbora atacó al animal está entre una pequeña subestación eléctrica y los terrenos del campus de Leioa de la UPV. Queda a escasos metros de la facultad de Bellas Artes y es una de las campas donde muchos estudiantes apuran los ratos libres y se sientan a charlar en la hierba. También es habitual ver allí coches aparcados cuando el parking está completo.

Las picaduras de víboras "ocurren todos los veranos y no son un problema nuevo porque las ha habido siempre", explicaron ayer expertos veterinarios. Tras pedir "precaución y cautela", señalaron que su peligro radica en que "la gente no las diferencia de una picadura de culebra y cuando vienen a veces es tarde". Estos reptiles suelen atacar cuando se ven amenazados o cuando alguien invade los matorrales y zanjas que conforman su hábitat. "La dosis de veneno que inyectan varía y en la reacción influye el peso, las patologías previas y si llega al torrente sanguíneo o se queda en el músculo".

El tamaño y la subespecie a la que pertenezca el reptil -en estas latitudes predomina la víbora ‘seoane’ o cantábrica- también determinan la toxicidad. Para los seres humanos también representa un riesgo, y puede provocar fuertes molestias durante días, pero la dosis que resulta letal es mucho más alta y siempre proporcional al peso. De cualquier modo, ante cualquier picadura de víbora, lo fundamental es "mantener la calma y acudir cuanto antes a un especialista" para que valore la situación.