Los secretos de los trasmochos

Leitza acogió el segundo Simposium europeo sobre este tipo de especies con una amplia participación Científicos, técnicos y especialistas se acercaron a conocer los viejos árboles de Leitzalarrea

Los secretos de los trasmochos
ELISA BELAUNTZARAN

Cientos de años han sido necesarios para que los trasmochos de Leitzalarrea luzcan esas formas llamativas, extravagantes en algunos casos, y hermosas en la mayoría. La mano del hombre y el poder de la naturaleza han hecho el milagro de convertirles en árboles peculiares y dignos de estudio. Pero no solo su estética los convierte en los protagonistas del segundo simposium realizado en Leitza recientemente. Su desarrollo de crecimiento, evolución, calidad y cantidad de vida, así como otras muchas cuestiones fueron evaluadas y expuestas por los científicos, técnicos y especialistas que participaron en la cita organizada por las asociaciones Amigos de los Árboles Viejos y Trepalari, en colaboración con el Ayuntamiento de Leitza y el Gobierno de Navarra. En el mismo, expertos europeos transmitieron sus experiencias sobre sus trabajos llevados a cabo en árboles viejos de Suecia o Inglaterra, mientras que Gabriel Saralegi exponía su experiencia y conocimientos recibidos de los últimos carboneros y basolaris de Leitza.

Durante la segunda jornada del simposium se realizó una visita a los ejemplares más antiguos de Lei-tza y en ella participó como guía el biólogo Miguel Mari Elosegi. El leitzarra destacó que «el trasmocheo se trataba de un trabajo que generaba una gestión sostenible del bosque. Este manejo del árbol se aplica en numerosas especies de árboles en Europa, sobre todo en sauces, fresnos, robles, hayas, arces, abedules, tilos o chopos». Según explicó el biólogo, «los trasmochos son árboles en los que se ha realizado una poda regular de sus ramas que ha permitido que puedan vivir más de 400 años».

Los datos

200 trasmochos:
Miguel Mari Elosegi y Gabriel Elosegi junto a otros voluntarios de Leitza realizan un seguimiento de 200 ejemplares en Leitzalarrea.
2.000 ejemplares:
la localidad navarra cuenta con miles de ejemplares trasmochos de hayas, robles, fresnos, abedules
50 años:
hace más de cinco décadas que los basolaris dejaron de hacer carbón en los montes de Leitza.

Durante la segunda jornada del simposium en la que se realizó una visita a los ejemplares de Leitzalarrea Miguel Mari Elosegi recordaba «la importancia de estudiar y dar a conocer los secretos del trasmocheo para «rejuvenecer los viejos árboles siguiendo unas técnicas ancestrales, que dependiendo de la zona o el país se realizan de una u otra manera, pero cuyo objetivo es alargar la vida del árbol. Está constatado que estas técnicas se utilizaban hace 15.000 años en diferentes partes del mundo. El trasmocheo es específico en cada zona y varía según su uso: si es para hojas, para obtener más madera...».

Por su parte, Gabriel Saralegi desde su experiencia como leñador en Leitzalarrea relataba que «los árboles se trasmochaban las hayas cuando tenían unos 50 años. Se cortaba la guía principal, y junto a la zona del corte el árbol producía una serie de ramas que luego se cortaban cada quince o veinte años aproximadamente. Esa madera iba destinada, sobre todo, a las carboneras, que se encendían en el mismo bosque. Y ese carbón vegetal era luego empleado en la metalurgia. Otros troncos, de unas medidas y formas específicas, eran transportados para la carpintería naval a los astilleros. Pero todo eso se acabó. Primero se dejó de usar la madera para embarcaciones, luego llegó el declive del carbón vegetal».

Visita a los veteranos

Los setenta especialistas, técnicos, arboricultores y estudiosos de los trasmochos que participaron en el segundo simposium llevado a cabo en Leitza tuvieron la oportunidad de ver in situ espectaculares ejemplares centenarios de la mano de los anfitriones en esta ocasión, Miguel Mari Elosegi y Gabriel Saralegi. Para ellos se acercaron a la zona de Ixkibar en el vasto bosque de Leitzalarrea, donde Elosegi y Saralegi realizan «el seguimiento de unos 200 ejemplares de árboles trasmochos que cuentan con una ficha concreta con su ubicación, edad, la fecha en los que han sido cortados... así como otros muchos datos que les permiten estudiar su evolución, su calidad de vida o en algún caso la muerte después de haber sido trasmochados», comentaba Elosegi. «De los cien árboles que hemos trasmochado y estudiado los últimos años han muerto ciete hayas y un roble. La evolución del resto ha sido buena y gozan de buena salud. Los trabajos que hemos realizado nos permiten dar continuidad a las técnicas del trasmocheo que se ha hecho a estos árboles centenarios».

Elosegi no deja de repetir la importancia de factores «como la luz que recibe cada uno de los árboles trasmochos que parece afecta directamente al desarrollo en cuanto a envergadura se refiere del ejemplar así como su longevidad. La presencia del ganado en los bosques es clave, porque se encarga de mantener limpia de maleza y la tierra sobre la que se asientan estos árboles». Los visitantes escuchan atentos al leitzarra que conoce a la perfección cada uno de los ejemplares que se encuentran en los alrededores de Ixkibar así como la fecha en la que fueron trasmochados.

Después fue el turno de Gabriel Saralegi que además de haber trabajado en los bosques de Leitza como leñador conocía a la perfección el manejo y uso de otra de sus pasiones, las hachas. El leitzarra no escatimó en dar explicaciones sobre el tipo de hachas que utilizan, el material que se emplea para su fabricación, y la procedencia de las mismas, Urnieta en este caso donde se encuentra el último lugar en el que se fabrican de manera artesanal.

Saralegi compartió los detalles y conocimientos que a lo largo de su vida y muchas horas de trabajo en los bosques cercanos al caserío Arro donde nació, ha ido acumulando en torno a estas herramientas. Saralegi, como otros basolaris de Leitza, participó en aquellas jornadas de trasmocheo de hayas, fresnos, robles, que se realizaban en septiembre. «Entonces teníamos otra forma física, agilidad y fuerza que nos permitían subirnos a más de dos metros y cortar el tronco con el hacha. Hasta comienzos de primavera, en marzo se trasmochaba los árboles, antes de que se moviera la savia, teniendo en cuenta la posición de la luna, así como otros muchos factores que también se transmitían de generación en generación y respetábamos porque así nos lo habíamos enseñado».

Exhibición en hayas

Después de la exhaustiva explicación de las características de las hachas, las técnicas de manejo y todo tipo de detalles, los participantes en la visita a Leitzalarrea disfrutaron de una demostración de poda en una de las enormes hayas de Leitza. Samuel Alvarez, de la agrupación vasco navarra de arboricultura, Trepalari, no dudó en subir al enorme árbol. Junto a él el catalán Oriol Mola. Amarrados con unas largas cuerdas procedieron al corte de las ramas del haya.

Mientras, desde abajo Gabriel Saralegi no perdía detalle del trabajo que realizaban los dos especialistas en poda. «Nosotros no seguimos esa técnica» destacaba el leitzarra. «A nosotros nos enseñaron a cortar las ramas desde el punto en el que brotan». Al parecer es una técnica de corte más drástica pero según el leitzarra «para nosotros ha sido útil y creemos que es tan válida» como la que estaban mostrando en la demostración. Los leñadores realizaron cortes más livianos de las ramas.

Saralegi destacaba la importancia del corte. «Hay que procurar no perjudicar los 'ojos' de los árboles. A la hora de realizar el trasmocheo no se pueden perjudicar para que sigan nuevas ramas».

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