Elaborar 'kefir' de leche casero, la última tendencia alimentaria

Elaborar 'kefir' de leche casero, la última tendencia alimentaria

Es ideal para tratar problemas digestivos, mejorar la salud de los huesos y combatir infecciones bacterianas de forma natural

Estrella Vallejo
ESTRELLA VALLEJO

El kéfir es una bebida fermentada originaria del este de Europa y suroeste de Asia. Su aspecto es similar al yogur, y si por algo está irrumpiendo en las tiendas de alimentación es por sus propiedades para tratar problemas digestivos, mejorar la salud de los huesos y combatir infecciones bacterianas de forma natural, además de recomendable para las personas con intolerancia a la lactosa. Como su propio nombre indica, kéfir en turco significa 'sentirse bien' y eso es lo que buscan cada vez más amantes de la alimentación saludable.

La preparación puede encontrarse en los supermercados, pero la última tendencia es elaborarlo en casa, aunque la tarea sea más laboriosa ya que requiere de cierta previsión. Los granos de kéfir, formados por cultivos de levadura y bacterias lácticas, son unos granos de color blanco con aspecto similar al de la coliflor, aunque con una textura más gelatinosa. Su sabor, al igual que su aspecto, es muy similar al de un yogur aunque su apariencia sea más líquida.

Para iniciar su elaboración, el primer paso es lograr los granos de kéfir. La opción más 'habitual' (como sucede, por ejemplo, con la masa madre) es que algún conocido que también elabore en casa te los regale ya que si el proceso se hace de forma correcta, el kéfir está en constante crecimiento. En caso de no contar con ningún conocido, el plan B es recurrir a internet y buscar dónde conseguirlos en alguna de las redes de consumidores de kéfir.

Una vez que tengamos los granos, es necesario introducir en un recipiente de vidrio la leche (se recomienda que sea leche fresca entera y puede ser de vaca, cabra u oveja) y los nódulos de kéfir, manteniendo la proporción de tres cucharadas de kéfir por cada litro de leche.

Se puede preparar la cantidad de kéfir que se desee, siempre que un tercio del recipiente quede liberado. El motivo, según indican los expertos, es que durante la fermentación se da lugar a una presión de gas que aumenta a medida que sube la temperatura. Puede llenarse más el recipiente si no se cierra herméticamente, de forma que se permita la salida del gas.

A continuación, se cierra la tapa o se coloca un paño atado con una goma, y se deja a temperatura ambiente entre doce y treinta y seis horas, durante las cuales se podrá apreciar cómo los nódulos van creciendo. Todo dependerá de la consistencia que queramos que tenga el kéfir. Con doce horas obtendremos una leche kefirada; 24 horas tendrá la consistencia de un yogurt y en caso de dejarla reposar 36 horas quedará con una mayor cantidad de suero y su acidez será más notable.

Una vez transcurrido el tiempo deseado, se cuela el líquido resultante (es importante que el colador no sea metálico), se enjuaga el frasco en agua no clorada, y se vuelve a repetir el proceso con más leche fresca. Después de la fermentación, la leche kefirada se puede guardar en la nevera a 4ºC, manteniéndose con buena calidad hasta 14 días.

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