«La solidaridad entre seis desconocidos nos ha convertido en una familia privilegiada»

Mertxe Álvarez y Mikel Urzuriaga caminan de la mano por los jardines del Palacio Miramar. /Lobo Altuna
Mertxe Álvarez y Mikel Urzuriaga caminan de la mano por los jardines del Palacio Miramar. / Lobo Altuna

Una pareja de Eibar protagonizó el primer triple trasplante renal entre vivos de Euskadi hace 5 años

Iker Marín
IKER MARÍN

A las 7.30 horas del 21 de mayo de 2013 Mertxe Álvarez y Mikel Urzuriaga entraron por la puerta del Hospital Universitario de Cruces para hacer historia médica. «Eso lo sabemos ahora. Aquel día lo vivimos con muchos nervios, y obviamente no pensábamos en eso», dicen hoy entre risas. Este matrimonio de Eibar participó hace un lustro en el primer trasplante cruzado de riñón entre donantes vivos que se realizaba en la Comunidad Autónoma Vasca. La solidaridad y el buen hacer médico hizo que aquella operación permitiera a tres ciudadanos de Euskadi, Cataluña y Andalucía recuperar una buena calidad de vida. «Yo llegué fatal a Cruces, con muchos nervios y tensión. Por mí, y también por Mikel. Eso sí, estaba deseando que llegara el momento de la operación, tenía sensaciones encontradas».

Mertxe Álvarez comenzó a tener problemas renales en 1992, «con las primeras señales de glomerulonefritis, pero hacía una vida más o menos normal». En mayo de 2012 empezó a estar muy mal, «me dijeron que los riñones estaban dejando de funcionar». Del Hospital de Zumarraga trasladaron su caso al Hospital Universitario Donostia y le explicaron que sus opciones eran dos: «O hacer diálisis, para tener una vida más o menos normal, o el trasplante de cadáver, ya que una vez entras en diálisis te ponen en lista de espera», le dijeron los médicos. También le hablaron del programa de trasplante de donante vivo. Le dijeron que lo explicara en casa y «todos en mi familia dieron el paso adelante para saber si podían ser compatibles». Pero las pruebas dieron negativo entre sus hermanas y su marido Mikel. Garazi, hija de ambos, también se ofreció voluntaria, «pero los médicos nos dijeron que era muy joven y que no merecía la pena».

Fue a finales de 2012 cuando en Cruces les hablaron de otra posibilidad, la del trasplante cruzado entre vivos, «y la verdad es que nos sonó muy raro al principio, pero lo aceptamos al momento». Una vez más, la familia de este matrimonio eibartarra se movilizó y tras realizarse las pruebas pertinentes fue Mikel el elegido para donar su riñón a otro enfermo renal del Estado. Los datos de la pareja se introdujeron el 4 de marzo de 2013 en un registro nacional de trasplantes cruzados. A las pocas semanas llegó la coincidencia.

Aquel 21 de mayo de hace cinco años los tres enfermos renales que participaron en el trasplante cruzado de riñón recibieron ese órgano gracias a la solidaridad de un familiar de otro enfermo a quien obviamente no conocían. «La solidaridad entre seis desconocidos ha hecho que nuestra vida sea un privilegio», resume Mikel. Fue imposible, por incompatibilidad, que los familiares de los tres afectados pudieran ayudar directamente a sus allegados. Así que Euskadi, Cataluña y Andalucía se unieron aquella jornada gracias a una operación en cadena que resultó «exitosa», recuerdan los protagonistas guipuzcoanos.

Mikel donó su riñón izquierdo a un paciente catalán, cuya pareja donó el suyo a otro enfermo andaluz, cuya mujer finalmente donó su riñón a Mertxe, la pareja de Mikel. En total, tres trasplantes y tres donaciones en cadena. Supervisaron todo el proceso en el hospital vizcaíno, centro referente de trasplante renal en la CAV, profesionales de Coordinación de Trasplantes de Osakidetza y de la Organización Nacional del Trasplante.

«Orgullosa y agradecida»

Cinco años después de aquella operación histórica Mertxe tiene claro que el papel que jugó su marido en este proceso fue fundamental. Y por ello, -«y aunque no soy de recordárselo mucho»- dice estar muy «orgullosa» del paso que dio. «Si no es por su determinación no hubiéramos podido entrar en el trasplante cruzado. Estoy muy agradecida», señala. Le responde Mikel. «Obviamente yo quería verle curada. Y no dudé en ningún momento a la hora de presentarme».

Ambos eran conscientes de la complejidad de la intervención a la que se tenía que someter Mertxe pero lo que no se esperó Mikel fue lo dura que fue también la suya. «Yo llegué a Cruces pensando que mi intervención tenía su miga, pero que iba a ser un quita y pon y ya está. Pero no. El postoperatorio fue muy duro. Los días después de la operación parecíamos dos abuelitos, tuvimos un bajón físico muy importante. Yo tardé, aproximadamente, un mes en recuperarme del todo», rememora el eibarrés.

La recuperación para Mertxe fue un poco más compleja, tanto física como mentalmente. Volvió a casa 20 días después de la intervención, y «estaba muy débil, cansada, me costaba mucho hacer cualquier cosa. Fui poco a poco». Tampoco se olvida de los días que estuvo ingresada en Cruces. «A nivel mental se me hizo cuesta arriba». Sobre todo, porque una semana después de la operación «tuve algo de rechazo al nuevo riñón. Ver las caras de los médicos y oír sus comentarios me hacían pensar que algo iba mal. ¿Entro para que me arreglen y me voy a tener que ir a casa igual?», se preguntaba. No obstante, el tratamiento al que fue sometida tras esa contrariedad fue el acertado y pudieron controlar el rechazo.

Tras darle el alta, la receptora del riñón que llegó desde Andalucía ha vuelto a Cruces cada dos o tres meses desde aquel 2013 para pasar las pertinentes revisiones, «mañana tengo que volver». Es consciente de que «voy a estar medicada toda mi vida para evitar que haya rechazo» pero explica que se encuentra muy bien: «Hago vida normal. Cuido un poco la alimentación pero como puede hacerlo cualquiera, nada excepcional».

«Tengo una espinita clavada»

Una vez su vida ha vuelto de nuevo a la normalidad, -«recuperando a la Mertxe que era», dice la eibarresa-, Mikel sí reconoce que hay un aspecto que le sigue removiendo por dentro: «No saber quiénes fueron las personas a las que ayudamos y que nos ayudaron». Y explica con determinación que le encantaría saber quiénes eran. «Reconozco que tengo esa espinita clavada. Tenemos un vínculo muy fuerte entre los seis y sí que me gustaría saber si mi riñón sirvió para que el o la paciente esté bien, y tienen como nosotros una vida normalizada», añade.

Es tal su interés en saber de sus compañeros de trasplante que reconoce haber escrito su historia en internet para ver si en algún momento recibe respuesta. «Es como el que escribe una carta, la mete en una botella y la lanza al mar, pues igual pero en internet. Pero no hemos tenido respuesta por ahora», dice. Mertxe sí que reconoce que tras la operación vio en la televisión, en un reportaje, a la familia andaluza pero «no hemos vuelto a saber nada de ellos».

Lo que sí sabe este matrimonio de Eibar es que «somos unos privilegiados. Desde que Mertxe entró en diálisis en noviembre de 2012 hasta que nos operaron pasó muy poco tiempo». Su mujer reconoce que «nos ha cambiado mucho la vida. Yo no he sido una persona que haya estado mucho tiempo enferma, pero los seis meses que pasé en diálisis fueron horribles, fue un suplicio para mí. Gracias a la buena labor de los médicos de Osakidetza no he tenido ninguna recaída y estoy bien». El resumen de Mikel es claro: «Nuestro caso es un ejemplo de solidaridad terrible. Nosotros damos el paso de hacer público lo que nos ha pasado porque queremos hacer ver que no se acaba el mundo después de un trasplante. En mi caso, hago vida normal, trabajo y estoy fuerte. Estamos perfectos».

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