Consiguen que reaccione un hombre tras 15 años en estado vegetativo

Enfermera atiende a un paciente en estado de coma ingresado en un hospital del País Vasco. /Pedro Urresti
Enfermera atiende a un paciente en estado de coma ingresado en un hospital del País Vasco. / Pedro Urresti

Han utilizado técnicas de estimulación nerviosa

JAVIER GUILLENEA

Le podían haber dado otro nombre pero es el que tiene. Se llama nervio vago y, quizá para compensar la humillación, hay quien se refiere a él como ‘el nervio de la compasión’ que, sinceramente, queda mucho mejor. Pero no es el nombre lo que interesa sino su función, y el nervio, pese a ser vago, sirve para unas cuantas cosas. Entre ellas, es el que nos hace sentir una sensación de calor en el pecho cuando nos emocionamos al escuchar una canción, nos dan un abrazo o algo nos conmueve. Es el autor de ese instante fugaz que a veces se nos escapa antes de aprehenderlo y que a menudo asociamos con ráfagas de felicidad.

Y no solo eso. El nervio vago es un conjunto de nervios que nace en la parte superior de la médula espinal y conecta el cerebro con muchas otras partes del cuerpo, como el corazón, los pulmones, el hígado y los órganos digestivos. Se sabe que es importante en la vigilia, el estado de alerta y muchas otras funciones esenciales. Ahora también se cree que tiene algo que ver con la consciencia.

Un hombre de 35 años que ha permanecido en estado vegetativo durante 15 años después de un accidente de coche ha mostrado signos de consciencia después de que neurocirujanos le implantaran un estimulador de nervio vago en su pecho. Los resultados, publicados en la revista ‘Current Biology’, muestran que la estimulación del nervio vago –un tratamiento ya en uso para la epilepsia y la depresión– puede ayudar a restaurar la consciencia incluso después de muchos años en estado vegetativo.

El resultado desafía la creencia general de que los trastornos de la consciencia que persisten durante más de doce meses son irreversibles. Al aplicar técnicas de estimulación del nervio vago (VNS, por sus siglas en inglés), el equipo mostró que «es posible mejorar la presencia de un paciente en el mundo», según la investigadora Angela Sirigu, del Institut des Sciences Cognitives Marc Jeannerod, en Lyon, Francia.

Para probar la capacidad del nervio vago para restaurar la consciencia, científicos liderados por Sirigu y médicos liderados por el doctor Jacques Luauté, se plantearon seleccionar un caso difícil para asegurarse de que cualquier mejora no podía explicarse por casualidad. Se centraron en un paciente que había permanecido en estado vegetativo durante más de una década sin ningún signo de mejoría.

Después de un mes de estimulación del nervio vagal, la atención del paciente, los movimientos y la actividad cerebral mejoraron significativamente, informan los autores. El hombre comenzó a responder a órdenes simples que antes eran imposibles. Por ejemplo, podía seguir un objeto con los ojos y girar la cabeza cuando se le pedía. Su madre informó de una mejor capacidad para mantenerse despierto al escuchar a su terapeuta leer un libro. También mejoró su capacidad para responder ante ‘amenazas’: cuando la cabeza del examinador se acercó de repente al rostro del paciente, este reaccionó sorprendido abriendo los ojos. Después de muchos años en estado vegetativo, había entrado en un estado de consciencia mínima.

Grabaciones de la actividad cerebral también revelaron cambios relevantes. Una señal de electroencefalograma theta, importante para distinguir entre un estado vegetativo y un estado mínimamente consciente, aumentó significativamente en áreas del cerebro involucradas en el movimiento, las sensaciones y la consciencia.

Los investigadores están planeando llevar a cabo un estudio más grande para confirmar y ampliar el potencial terapéutico de VNS en los pacientes en estado vegetativo o mínimamente consciente. Este tratamiento puede ser muy valioso en el caso de los pacientes con ese mínimo grado de consciencia porque les ofrecería más posibilidades de comunicarse con el mundo exterior.

Según los autores del estudio, «los cambios pueden ocurrir con la intervención apropiada, incluso en pacientes clínicos graves. La reparación del cerebro todavía es posible incluso cuando la esperanza parece haber desaparecido, pero se necesitan más trabajos para acelerar este progreso».

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