Las personas sanas con riesgo de alzhéimer tienen el cerebro diferente

Los científicos Camí, Gispert y Molinuevo, con Font, director de investigación de la Fundación La Caixa (a la derecha)./FUNDACIÓN MARAGALL
Los científicos Camí, Gispert y Molinuevo, con Font, director de investigación de la Fundación La Caixa (a la derecha). / FUNDACIÓN MARAGALL

Un estudio clínico concluye que el volumen de materia gris en individuos con el gen ApoE-4, los más proclives a enfermar, es diferente al de la mayoría

MARÍA JOSÉ CARRERO

¿Es diferente el cerebro de personas sanas con riesgo de enfermar de alzhéimer? La respuesta es ‘sí’ según un estudio clínico llevado a cabo por la Fundación Pasqual Maragall, con el respaldo de La Caixa. Se trata de la mayor investigación mundial de neuroimagen en personas sanas portadoras del gen ApoE-4. Desde hace tiempo, varios estudios han demostrado que la presencia de esta variante de la proteína ApoE constituye el principal factor de riesgo para el alzhéimer de inicio tardío, es decir, a partir de los 65 años.

A partir de esta constatación, los científicos José Luis Molinuevo y Juan Domingo Gispert, del ‘BarcelonaBeta Brain Research Center’ (BBRC -el centro de investigación de la Fundación Pasqual Maragall-), han detectado alteraciones morfológicas cerebrales en personas cognitivamente sanas portadoras del citado gen. La investigación ha sido posible gracias a las pruebas de resonancia magnética realizadas a 533 personas de entre 45 y 76 años. De ellos, 261 no eran portadores del ApoE-4; 207 tenían una copia del gen y 65 eran portadores de las dos copias.

«Tras analizar las imágenes cerebrales de los participantes en el estudio, se ha detectado que el cerebro de quien tiene la versión 4 del gen cuenta con un menor volumen de materia gris en áreas cerebrales como el hipocampo, la zona donde se inicia la neurodegeneración en el alzhéimer. Por otro lado, se ha descubierto un aumento de esta sustancia en el tálamo, en el lóbulo occipital y en el córtex derecho frontal. Este aumento -añade el doctor Gispert- podría estar determinado por la acumulación de placas de una proteína que se produce en la fase preclínica de la enfermedad».

Conseguir mejores vacunas

Una vez que se sabe que el cerebro de un individuo sano con ApoE-4 puede desarrollar la demencia, el siguiente paso es «diseñar mejores ensayos clínicos de fármacos específicos para esas personas con riesgo más elevado», explica el científico. Ahora bien, Juan Domingo Gispert evita poner fechas. «¿Cuándo serán realidad esos tratamientos? Lo antes posible. No es serio decir que va a ser en tal fecha porque luego no es así y los afectados por la enfermedad sufren».

En busca de un marcador en la sangre

Como en cualquier enfermedad, disponer de un diagnóstico temprano del alzhéimer resulta vital para empezar a tratar la enfermedad «antes de que se produzca un deterioro importante del cerebro». Pero, a día de hoy, es solo un deseo. «Hay muchas investigaciones en desarrollo para conseguirlo», señala Alfredo Rodríguez Antigüedad, neurólogo del hospital de Cruces y del IMQ.

Sobre la investigación de la Fundación Pasqual Maragall, este especialista opina que relacionar la presencia del ApoE-4 con cambios en la estructura del cerebro de personas sanas es un paso importante que puede contribuir al objetivo. No obstante, explica que en estos momentos hay numerosas investigaciones en curso con el mismo fin: llegar a un diagnóstico precoz o determinar factores de riesgo. «Sabemos que el exceso de colesterol o la hipertensión favorecen los infartos... Saber qué predispone para el alzhéimer es fundamental para tratarlo a tiempo porque solo el factor hereditario solo se da en un porcentaje muy pequeño de casos».

Por ello, «conseguir marcadores en la sangre» que, a través de un análisis, permitan conocer de antemano la predisposición a sufrir esta demencia es el gran reto. Abriría las puertas a la consecución de fármacos para prevenirla.

El alzhéimer, que carece de cura, se caracteriza por una larga fase preclínica asintomática que empieza hasta veinte años antes de la manifestación de las primeras pérdidas de memoria. Por ello, promover tratamientos preventivos para grupos de riesgo, como pueden ser los poseedores del citado gen, es una línea de investigación muy importante.

Se calcula que esta enfermedad neurodegenerativa afecta en España a 800.000 personas, y que en todo el mundo más de 46 millones padecen demencia, en la mayor parte de los casos causada por esta patología. Con la esperanza de vida en aumento, la Organización Mundial de la Salud alerta que esta cifra podría llegar a triplicarse en 2050, alcanzando niveles de epidemia.

El centro de investigación de la Fundación Maragall puso en marcha en 2012 el reclutamiento de voluntarios para el ‘Estudio ALFA’ con el mayor número de participantes del mundo. Cuenta con una cohorte de 2.743 adultos sanos, la gran mayoría hijos de enfermos de alzhéimer. Estos voluntarios participan en distintas subinvestigaciones. Entre ellos están los 533 a los que se ha estudiado la morfología de sus cerebros. Otros 400 se someten a pruebas de medicina nuclear y a punciones lumbares cada tres años y durante décadas «para identificar factores biológicos que podrían incidir en el desarrollo de la enfermedad».

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