«El método preventivo fundamental sigue siendo el preservativo»

El doctor Iribarren advierte de la «banalización» del VIH y del repunte de otras enfermedades de transmisión sexual

A. A. SAN SEBASTIÁN.

«Tomarse la pastilla no es la panacea». El doctor José Antonio Iribarren conoce el efecto que suelen causar los anuncios de nuevos tratamientos del VIH. «Un avance es un paso atrás en prevención», suelen decir los expertos en la lucha contra el sida. La carrera científica emprendida desde que se manifestaron los primeros casos en los años ochenta del pasado siglo ha logrado cronificar una enfermedad que antes era sinónimo de muerte, pero el otro lado de la moneda ha sido perderle el miedo al contagio. «Se ha banalizado la infección. Antes se tomaba como una sentencia de muerte, y ahora hay quien casi la entiende como si fuera una gripe», advierte el responsable de la unidad de enfermedades infecciosas del Hospital Universitario Donostia. De ahí que todavía hoy, cuando se conocen perfectamente los mecanismos de transmisión y se tiene información sobre los métodos preventivos, siguen produciéndose 160 nuevos contagios al año en Euskadi. El sida sigue siendo un problema de salud pública.

Por eso, y aunque el estudio sobre la llamada pastilla 'antisida' genera elevadas expectativas de que pueda ponerse en práctica como tratamiento complementario de prevención, el especialista mide mucho sus palabras. «La profilaxis pre-exposición no sustituye al preservativo. Es un método complementario para un subgrupo de población muy concreto que mantiene relaciones sexuales de riesgo, y que por lo tanto tiene elevadas posibilidades de transmisión», a quienes va dirigido el nuevo tratamiento en prueba. «El mensaje en el que hay que insistir sin descanso es que el método preventivo fundamental para la población en general sigue siendo el preservativo», recalca. El primer motivo, y más evidente, es que no es un medicamento y que, por lo tanto, no tiene potenciales efectos secundarios ni una toxicidad a largo plazo, como se asocia a cualquier fármaco, por seguro que sea, explica. Y segundo, y no menos importante, que la pastilla preventiva puede evitar el contagio del VIH, pero no del resto de enfermedades de transmisión sexual, como son la sífilis o la gonorrea, cuya incidencia ha experimentado un repunte en los últimos años.

Beneficio conjunto

La administración de Truvada -el fármaco que combina dos principios activos- está indicada únicamente a un colectivo concreto, «para el que el mensaje del preservativo no funciona», pero el beneficio sería «para el conjunto de la población», porque si se reducen los contagios, como así se espera, se estaría plantando cara con eficacia a un problema de salud pública que, hoy en día, se transmite por vía sexual y ya no por vía parenteral, como ocurría en los inicios de la epidemia, cuando los afectados eran principalmente toxicómanos, que se infectaban por compartir jeringuillas.

El estudio que ahora se ha puesto en marcha en Gipuzkoa para probar el fármaco quiere ir más allá y servirá también para mantener un contacto personal con ese grupo de población que mantiene prácticas sexuales de riesgo, en quienes se incidirá en la importancia de la prevención. «No será solo dar la pastilla. Se ofrecerá una atención integral para diagnosticar y tratar otras enfermedades de transmisión sexual», concluye el doctor Iribarren.

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