La maternidad tardía y el envejecimiento disparan las necesidades de donación de óvulos

El ginecólogo Marcos Ferrando y la donante Desiré Ceballos hablan con una experta en los laboratorios de IVI Bilbao. /
El ginecólogo Marcos Ferrando y la donante Desiré Ceballos hablan con una experta en los laboratorios de IVI Bilbao. / / Fernando Gómez

Clínicas del País Vasco constatan una caída de voluntarias, lo que amenaza en un futuro el abastecimiento

FERMÍN APEZTEGUIA

«Donar no es algo tan complejo y a mí, que soy madre de tres hijos, me ha llenado de satisfacción», anima la joven bilbaína Desiré Ceballos, de 27 años, que ha donado sus células en diez ocasiones, el máximo que permite la actual legislación. «Me siento plena al pensar que otras mujeres han cumplido su deseo de ser madres gracias a mí», afirma esta bilbaína, colaboradora del grupo IVI. «Si me lo permitiera la ley, no lo dudaría. Donaría otras veinte veces más».

Quizás si la generosidad de Desiré fuera contagiosa, la Sociedad Española de Fertilidad no se hubiera visto obligada a tener que hacer el llamamiento que ha hecho a la población. «Hay más demanda de óvulos que donantes. Es un problema serio, que algunas clínicas de España ya han comenzado a notar». Lo asegura firme el presidente de la organización, el especialista Agustín Ballesteros, y lo corroboran los centros del País Vasco, que lo ven ya como una amenaza a pesar de que todavía no haya notado su impacto en las listas de espera. Tarde o temprano tenía que ocurrir, según reconocen especialistas de las clínicas IVI Bilbao y QuironSalud Bilbao consultados por EL CORREO. La actual falta de material genético no se debe sólo, sin embargo, a una mera cuestión de altruismo. La maternidad cada vez más tardía y el paulatino envejecimiento de la población, que ha reducido de manera notable el número de posibles donantes, están disparando las necesidades de ovocitos.

La realidad

La edad media de las mujeres que acuden a centros de reproducción asistida supera ya los 38 años. Se trata de un tiempo complicado. La fertilidad femenina comienza a tambalearse a partir de los 35 y a los 40 entra en una fase crítica. «En la actualidad» las mujeres tienen la posibilidad de vitrificar sus óvulos, congelarlos cuando son jóvenes para fecundarlos cuando deseen ser madres, pero hay una generación de pacientes, que es la que ronda la cuarentena, que no tuvo esa posibilidad y es a la que estamos atendiendo», explica la especialista de QuironSalud Bilbao Charo Jiménez.

El centro donde trabaja tiene, según detalla, una lista de espera media de tres meses, que es el tiempo que se dan para conseguir los óvulos idóneos, los compatibles con la mujer receptora. «Siempre ha habido que esperar para recibir ovocitos», reflexiona. «No es que ese tiempo haya crecido, pero tampoco estamos notando la afluencia de donantes de otros tiempos».

En contra de la tendencia generalizada, el centro IVI Bilbao afirma estar aumentando año a año el número de donaciones que recibe, en buena medida gracias a la organización de campañas de captación. El ejercicio pasado, sus quirófanos de Leioa asistieron a 475 extracciones de donante. En la primera mitad del año, han llegado a las 351, lo que les hace presagiar que cerrarán la Nochevieja con unas 700, según detalla su director médico, Marcos Ferrando. «La pirámide poblacional está claramente invertida», advierte. «Va a llegar un momento en que la población en edad fértil se reducirá a mínimos y tenemos que ir pensando ya en poder dar una solución a todas esas mujeres y parejas que querrán ser madres y padres».

«No había oído que hubiera falta de óvulos, pero tampoco es algo que me extrañe», explica Leire Gil, una portugaluja de 30 años que desde el pasado diciembre ha donado ya en tres ocasiones. «A mi hermana le estaba costando quedarse embarazada y un día, navegando por internet, me salió un pantallazo invitándome a donar. Y me dije ‘¿Por qué no?’», relata. «Fue algo tan fácil y de lo que me siento tan orgullosa que no descarto volver a hacerlo».

La esperanza

Posiblemente, se necesitan campañas de concienciación social. La entrega de células sexuales, tanto óvulos como espermatozoides, quizás no sea una necesidad sanitaria tan asumida e interiorizada por la población como la donación de órganos. Parece como si una cosa fuese un hígado o un riñón que salvan una vida y otra distinto el deseo de ser padres. En el fondo, sin embargo, es lo mismo: una cuestión de salud. «La gente hoy está muy concienciada», puntualiza la ginecóloga Charo Jiménez. «Antes, todo esto se llevaba en secreto, daba apuro hablar en público de las dificultades para tener familia. Ahora, no cuesta tanto pedir ayuda, ni comentarlo con familiares y amigos».

La ciencia, argumenta el ginecólogo Marcos Ferrando, avanza hacia nuevas formas de facilitar la reproducción humana, que quizás hagan a los centros menos dependientes de las donaciones. El IVI trabaja en el rejuvenecimiento ovárico, una técnica consistente en frenar el proceso de envejecimiento de la función ovárica mediante la infusión de células madre.

EE UU también ha probado con éxito lo que se ha bautizado como la ‘técnica de los tres padres’, consistente en sustituir una porción de ADN del óvulo de la madre -donde viajan los genes de una enfermedad- por otra de una donante sana y fecundarlo después con semen del padre. Hay motivos para la esperanza. Pero mientras ninguno de ellos se convierta en realidad, el último clavo al que muchos padres podrán seguir aferrándose será la donación de ovocitos.

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